En el verano aciago de los incendios, esta bióloga pionera en la investigación del dosel arbóreo –el gran escudo que forma la capa superior de bosques y selvas– nos invita a valorar la naturaleza desde su lugar más alto. A sus 72 años, sigue trepando a los árboles con una misión: que entendamos la dimensión del problema y pasemos a la acción.
(SERGIO RUIZ) Regala esta noticia Añádenos en Google 27/08/2026 a las 14:13h.Un momento iniciático define la personalidad intrépida y pragmática de Meg Lowman. Tenía 25 años. Había pedido prestadas unas cuerdas de espeleología para trepar hasta ... la copa de un árbol en un bosque pluvial de Queensland, en el noreste de Australia. Nadie le dijo cómo hacerlo, pero ella inventó su propio sistema para subir. En el bajo bosque se le llenaron las piernas de sanguijuelas, pero eso no la detuvo. Dos amigos la esperaban abajo temblando, pero ella aún temblaba más. A los 30 metros (cuando todavía faltaban 15 para llegar a la copa) se encontró con el milagro: «Todo tipo de criaturas volando, reptando, polinizando, eclosionando, hurgando, tomando el sol, cantando, apareándose, acechando... Un nuevo mundo prácticamente invisible desde el suelo forestal». Lo cuenta en su libro La arbonauta, unas emocionantes memorias sobre una vida dedicada a la investigación y divulgación científica acerca del dosel arbóreo (el techo de los bosques), publicadas por Galaxia Gutenberg, que resuenan como el aviso de Casandra en el aciago verano de los incendios, pero también como una carta de amor al corazón verde de nuestro planeta.
Para llegar al dosel arbóreo, el equipo científico utiliza un dirigible con una balsa hinchable de 18 metros.XL. ¿Qué nos dan los bosques?
M.L. La lista simplificada sería: agua dulce, equilibrio climático, medicinas, materiales de construcción, almacenamiento de carbono, producción de energía, el almacenaje genético de millones de especies, comida, conservación del suelo y refugio espiritual. ¡Nos lo dan todo! Las copas son como enormes esponjas. Piensa que hay más agua en el dosel del bosque amazónico que en el río Amazonas. Sin esas perfectas máquinas verdes, con sus millones de fábricas de energía eficiente, es decir, sus hojas, la vida en la Tierra sería imposible.
XL. ¿Por qué ahora hay más incendios que nunca?
M.L. Debido al cambio climático. A lo largo de mi vida se han perdido alrededor del 50 por ciento de los bosques. Y eso es algo muy serio. Los pequeños núcleos boscosos, fragmentados, se vuelven secos y son mucho más inflamables que un gran bosque húmedo. Además, se plantan las especies equivocadas. En Estados Unidos, nos ha dado por poner eucaliptos australianos porque crecen muy rápido. Pero ¡están llenos de aceite! Desde 2020 ha habido incendios devastadores en Los Ángeles, en Rusia, en China, en Canadá, en España… Es una catástrofe. En Australia se calcula que en los últimos incendios mil millones de animales fueron consumidos por las llamas. Porque no se trata solo de la superficie o de la cantidad de los árboles que se queman, sino de la biodiversidad que desaparece con ellos.
XL. ¿Y qué se puede hacer al respecto?
M.L. Antes que nada, preguntarnos: ¿queremos quemar el Louvre para construir una carretera o preferimos conservarlo y construir la carretera alrededor? La respuesta es evidente, pero lamentablemente a veces los niños lo entienden mejor que los adultos.
Lowman en la pasarela del Centro Amazónico de Estudios Tropicales, en Perú, en 1994.XL. ¿Y los gobiernos?
M.L. Deberían proteger los árboles más grandes y valorarlos al máximo. Necesitamos darle más valor a la naturaleza, también económico, e introducir las medicinas naturales y el agua en esa ecuación porque tal vez así empiecen a hacernos más caso. Por ejemplo, el Servicio Forestal de Estados Unidos ha calculado que el valor de la cubierta arbórea de Austin (Texas) asciende a 34 millones de euros al año por los servicios que presta al ecosistema.
XL. ¿Plantar más árboles podría ser una solución?
M.L. Siempre es preferible proteger los que ya hay. La esperanza de vida media de un árbol urbano es cada vez más corta: o se talan tras nueve años de vida o bien no logran sobrevivir. Los grandes árboles, con todos los seres vivos que habitan en él y las hojas que conforman su funcionamiento, son bibliotecas genéticas insustituibles.
«¿Queremos quemar el Louvre para construir una carretera o preferimos conservarlo y construirla alrededor? A veces los niños lo entienden mejor que los adultos»
XL. Y, además, tenemos a los negacionistas.
M.L. Sí, la ecología se ha politizado. Me da mucha pena. Pero no era así en los noventa. No era una cuestión de partidos políticos. Ahora, de repente, la naturaleza se ha convertido en una enemiga. Me avergüenza Donald Trump, que como quiere carbón está a favor de deforestar. Es aterrador.
Al rescate de los 'bosques iglesia' en Etiopía
En Etiopía, el 95 por ciento de los bosques primarios ha sido talado. Sin embargo, gracias a la colaboración de Meg Lowman con los religiosos coptos se están pudiendo salvar al menos las últimas masas forestales que están bajo la gestión de las iglesias ortodoxas. Lowman impartió un taller para más de 150 religiosos de distintas generaciones. «Mi trabajo allí me recordó lo que había aprendido en el remoto interior de Australia: que generar confianza es el recurso más valioso para la conservación». El mayor impacto para los religiosos, aislados y sin acceso a Internet, fue ver las imágenes aéreas de sus propios bosques con Google Earth. Las fotografías impulsaron a los líderes a pasar a la acción y poner en marcha su colaboración con Tree Foundation, creada por Lowman, quien considera que su trabajo en Etiopía demuestra que fe y ciencia pueden ser aliadas.
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