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Mentores estratégicos: un antídoto para frenar los fracasos de los emprendedores

Mentores estratégicos: un antídoto para frenar los fracasos de los emprendedores
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Los mentores actúan como contrapeso para aterrizar proyectos y evitar errores financieros costosos. Esta figura evoluciona hacia un 'sparring' con experiencia directa que ofrece atajos operativos y asegura la supervivencia financiera. Leer
EmprendedoresMentores estratégicos: un antídoto para frenar los fracasos de los emprendedores 10 FEB. 2026 - 08:47

Los mentores actúan como contrapeso para aterrizar proyectos y evitar errores financieros costosos. Esta figura evoluciona hacia un 'sparring' con experiencia directa que ofrece atajos operativos y asegura la supervivencia financiera.

Emprender nunca ha sido un camino lineal, pero en los últimos años la sensación de incertidumbre se ha intensificado. Mercados volátiles, cambios regulatorios constantes, ciclos tecnológicos cada vez más cortos y una presión creciente por crecer rápido han convertido las primeras fases de una start up en un entorno especialmente hostil para los fundadores sin experiencia previa.

En ese contexto, la mentoría ha dejado de ser un complemento deseable y se ha convertido ya en una herramienta estratégica dentro del ecosistema emprendedor. Su función ya no se limita a compartir experiencia o a abrir alguna puerta. Actúa como un mecanismo para reducir riesgos, aportar criterio y acelerar aprendizajes que, de otro modo, sólo llegarían tras errores costosos en tiempo, dinero y desgaste personal.

La figura del mentor se consolida como un contrapeso frente a los sesgos habituales del emprendedor sin experiencia y como una referencia estable en un entorno marcado por las dudas.

Las decisiones críticas se toman casi siempre con información incompleta y bajo una presión constante por avanzar. En las primeras etapas no existen manuales claros ni certezas absolutas, y cada elección tiene consecuencias difíciles de revertir.

Frente a esa realidad, contar con una mirada externa y experimentada permite introducir racionalidad en procesos dominados por la urgencia.

Enrique Penichet, fundador de Draper B1, subraya que en las fases iniciales, cuando todo parece urgente y los recursos son limitados, "contar con alguien que ayude a priorizar y a distinguir lo esencial de lo accesorio resulta determinante". Esa claridad permite avanzar con foco y evitar la dispersión tan habitual en los comienzos. "Es necesario hacer muchas pruebas, pero hay que hacerlas con el menor impacto económico, ver que falla, y potenciar el foco en lo que funciona. Fail fast, fail cheap", explica.

Los inversores piden modelos de negocio más sólidos, tracción real y una hoja de ruta clara hacia la rentabilidad. En este nuevo contexto, los errores que antes podían compensarse con una nueva ronda de financiación hoy tienen un impacto mucho más inmediato. Como respuesta a estos factores, la mentoría adquiere un valor adicional y es más indispensable que nunca.

Carlos Blanco, fundador de Encomenda, apunta que este endurecimiento del entorno ha expuesto carencias estructurales: "Existe un nivel bajo en la parte de gestión financiera y los emprendedores cometen demasiados errores en la parte de selección de socios". Según su análisis, muchos fundadores llegan al mercado con expectativas desalineadas y sin una comprensión profunda de lo que implica sostener una empresa en el tiempo. "Muchas veces no son conscientes de que ser emprendedor no es para todo el mundo y no tienen el nivel de resiliencia que se requiere para alcanzar el éxito". En ese punto, el mentor actúa como una figura de aterrizaje que devuelve la conversación a la viabilidad real del proyecto.

Esa falta de foco se traduce también en una mala interpretación de las señales del mercado. En palabras de Penichet, existe una tendencia recurrente a confundir actividad con tracción: "Reuniones, pilotos o pruebas se interpretan como avances cuando todavía no hay señales claras de validación", explica. El resultado es una falsa sensación de progreso que consume recursos sin acercar al proyecto a un modelo de negocio viable. En ese punto, el mentor ayuda a poner métricas claras y a diferenciar entre movimiento y avance real.

Uno de los primeros valores que aporta la mentoría es contexto. Muchos fundadores llegan al emprendimiento con una fuerte orientación al producto o a la tecnología, pero sin una visión clara del funcionamiento real de una empresa. Patricia Cháfer, directora de proyectos y responsable de partners de Lanzadera, señala que "muchas veces los emprendedores no saben lo que no saben", una carencia que amplifica la sensación de incertidumbre y dificulta la toma de decisiones. Desde su experiencia, el acompañamiento comienza siempre con la escucha: "No decidimos por ellos, pero les orientamos a diseñar un plan de acción que puedan aplicar e integrar". En ese proceso, el mentor actúa como guía y ayuda a transformar intuiciones en decisiones estructuradas.

Realidad y contraste

Desde el punto de vista del inversor, uno de los papeles clave del mentor es forzar un contraste constante con la realidad del mercado. Iñaki Arrola, general partner de K Fund, sostiene que el fundador suele estar "enamorado de su solución y el mentor cumple la función de obligarle a enamorarse del problema. Le fuerza a validar si el encaje del producto que quiere desarrollar en el mercado es una hipótesis o una realidad". Ese contraste evita uno de los errores más habituales: intentar abarcar demasiados segmentos de clientes o desarrollar demasiadas funcionalidades a la vez, lo que impide dominar un nicho concreto y retrasa la validación.

La obsesión por el producto en los inicios del negocio aparece de forma recurrente en los diagnósticos del ecosistema. Patricia Cháfer lo resume al señalar que "enamorarse del producto y no del problema lleva a desarrollar soluciones sobredimensionadas sin validar la necesidad real del mercado". En la misma línea, Arrola alerta de que "muchos emprendedores se centran en métricas de vanidad y no se detienen a entender realmente la rentabilidad por cliente o el coste real de adquisición, fundamentales para la sostenibilidad del proyecto".

Esa confusión se extiende también al papel de la financiación. Miguel Planas, CEO de Iris Venture Builder, advierte de que levantar capital se ha convertido, erróneamente, en un indicador de éxito: "Levantar una ronda no es éxito, es deuda o dilución; el éxito real es facturar y tener ebitda positivo". Añade que el mentor debe ayudar a cambiar el foco desde el relato hacia los números y sostiene que "el emprendedor se obsesiona con el producto y el logo, y el mentor le obliga a obsesionarse con la facturación y el margen, lo baja todo a la hoja de Excel". Esa exigencia temprana evita que se construyan proyectos atractivos en apariencia, pero frágiles en su base económica.

Más allá de la estrategia y de la ejecución, la mentoría cumple una función clave en el plano emocional. Iñaki Berenguer, fundador de LifeX Ventures, sostiene que en muchas ocasiones el principal valor del mentor no es técnico, sino humano: "A los mentores se nos consulta mucho más por problemas entre equipos, socios o empleados que no están respondiendo a las expectativas, o por luchas internas de poder, que por la estrategia de la compañía. Las empresas funcionan como una olla a presión en la que la intensidad y la velocidad amplifican las emociones". Añade que en ese contexto "los fundadores necesitan a alguien con quien desahogarse y que les ayude a pensar cómo responder a lo que sienten o a aquello que no les deja dormir por las noches, que tiene que ver con personas".

Ese acompañamiento emocional permite relativizar problemas y entender que muchas de las situaciones que parecen excepcionales ya han sido vividas antes por otros. Berenguer subraya que el criterio del mentor ayuda a distinguir qué decisiones importan de verdad y cuáles no, esto aporta una perspectiva que solo da la experiencia acumulada: "Tener un mentor ayuda a poner los problemas en perspectiva y a entender que, en la mayoría de los casos, casi todo ya le ha pasado antes a alguien". Esa capacidad de relativizar reduce la ansiedad y mejora la calidad de las decisiones.

Las tensiones internas dentro de los equipos fundadores son otro foco habitual de la mentoría en las primeras etapas. Berenguer destaca que "la ilusión inicial suele impedir que se aborden cuestiones incómodas pero fundamentales, como el sueldo, el reparto de esfuerzos, las vacaciones o qué ocurrirá cuando falte dinero". Cuando hay más de dos fundadores, "lo normal es que estos sacrificios no se hayan puesto explícitamente sobre la mesa y eso suele acabar generando tensiones en la relación entre fundadores que, además, muchas veces eran amigos antes de empezar la empresa". Un mentor puede hacer de facilitador.

Desde una visión más exigente, Miguel Planas defiende un enfoque menos complaciente y claramente orientado a resultados. "El ecosistema está lleno de palmaditas en la espalda, pero un buen mentor es el primero que te dice que tu idea no vale antes de que te gastes 50.000 euros en averiguarlo. Te mata las ilusiones falsas rápido para que te centres en las rentables". Planas cree que la honestidad radical es una forma de protección del emprendedor. A esa franqueza se suma la velocidad: "Un mentor ofrece atajos, pone en contacto con el cliente exacto o con el abogado necesario y ahorra meses de puerta fría".

Gestión de equipos

La gestión del equipo es otro de los ámbitos en los que la mentoría puede marcar la diferencia. Planas alerta sobre el riesgo de contratar por afinidad en lugar de por necesidad. "Es un error fichar a amigos o gente maja en lugar de buscar a gente mejor que tú". Añade que "en una start up, si eres la persona más lista de la habitación, estás en la habitación equivocada".

En esa línea Iñaki Arrola advierte de que muchas veces los emprendedores cometen el error de contratar prematuramente o de manera deficiente: "Aumentar el equipo antes de tener un modelo de negocio validado o no saber delegar responsabilidades clave suele generar estructuras ineficientes y compromete de manera peligrosa la viabilidad futura del proyecto".

Agustín Moro, director de Innovation Services de Wayra, subraya que "el buen mentor ofrece acompañamiento continuado, ayuda a poner foco, a establecer objetivos y a medir avances, pero sin imponer su criterio". Esa implicación sostenida permite minimizar sesgos habituales del equipo fundador. Moro alerta sobre la resistencia al feedback por ego o inercia, y sobre la tendencia a ignorar datos incómodos que podrían guiar pivotes estratégicos necesarios. "Buscar financiación sin validación del mercado ni tracción suficiente es frecuente", señala, insistiendo en que la mentoría debe servir para confrontar esas decisiones antes de que se conviertan en problemas estructurales.

Moro explica que parte del rol del mentor es "hacer las preguntas adecuadas, aunque sean incómodas". Se diferencia de los que dan consejos puntuales en que sus opiniones no son genéricas, ni basadas únicamente en su propia experiencia, sino en un entendimiento profundo de la situación de la compañía a la que está mentorizando y en una afección por la compañía y por sus fundadores dando un seguimiento constante.

A medida que la start up evoluciona, también lo hace el rol del mentor. Enrique Linares, fundador de Plus Partners, sostiene que la mentoría es relevante en todas las fases, pero con perfiles distintos. "En cada fase surgen retos diferentes y es muy valioso rodearse de personas que ya hayan vivido situaciones similares y que además tengan redes de contactos complementarias". En los inicios, el foco está en evitar errores básicos y acelerar el aprendizaje; en etapas de crecimiento y escalado, la mentoría se orienta más a preparar rondas de financiación, profesionalizar procesos, internacionalizar el negocio o captar talento adecuado.

Jorge Dobón, fundador del fondo Mission (anteriormente Demium) coincide en que la experiencia previa como emprendedor es esencial para que el mentor resulte realmente eficaz. Según explica, esto cambia "la proactividad y la convicción en su apoyo y permite que el mentor se vuelva imprescindible desde el primer día". Dobón advierte de que "si el mentor no es fundador en activo, es posible que se dedique profesionalmente a aportar servicios de asesoramiento, y que eso le acabe generando dependencia al fundador, lo que es muy pernicioso".

La velocidad aparece como otro de los valores clave que aporta la mentoría en las primeras fases. Dobón habla de "velocidad de aprendizaje, velocidad en la toma de decisiones y velocidad en la ejecución. Un fundador debe lograr la máxima velocidad (con solvencia) y esto lo puede lograr con el mentor adecuado". Frente a la parálisis por análisis, uno de los errores más habituales entre emprendedores noveles, el mentor ayuda a priorizar y avanzar, evitando que el exceso de reflexión bloquee el progreso y retrase la validación del modelo.

Desde una perspectiva más personal, Marcos Alves, socio de LUDA Partners, subraya que un mentor aporta experiencia práctica, criterio y objetividad, además de una red de contactos capaz de acelerar el proyecto. "Tener a alguien que te conecte con las personas adecuadas puede ahorrarte muchos rodeos en los primeros meses". Alves advierte también sobre el riesgo de escalar demasiado pronto, lo que provoca que los costes crezcan antes que los ingresos y se pierda el foco en lo que realmente aporta valor al cliente. La experiencia de fracasar e intentarlo de nuevo implica una perspectiva realista que va más allá de los consejos teóricos: "Puedes tener un producto perfecto, pero si no eres capaz de generar clientes y tracción, no podrás sostenerlo ni escalarlo". Esa visión conecta con una crítica recurrente a la formación empresarial en España, donde varios expertos detectan carencias importantes en ventas, comercialización y gestión, áreas clave para la supervivencia de las startups.

Mirando al futuro, el consenso en el ecosistema apunta a una evolución del rol del mentor hacia modelos más especializados y exigentes.

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Fuente original: Leer en Expansión
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