El Foco
Meta, ¿democratizador o monetizador?Hoy sabemos que la red de Mark Zuckerberg no es solo salseo, postureo; con los millones de datos acumulados se ha convertido en una poderosa arma de ingeniería social, en una infraestructura global de influencia política
Regala esta noticia Añádenos en Google Ilustración. (Adrià Voltá)Francisco Rodríguez Jiménez
Profesor de la Universidad de Extremadura. Investigador visitante en Harvard y Georgetown University
13/09/2026 a las 00:02h.Quién no ha cotilleado alguna vez? No seré yo quien tire la primera piedra… ¿Y usted? Paleoantropólogos y sociólogos lo tienen claro: si algo nos ... diferencia de otros homínidos es la tendencia al cotilleo. Charlando en torno al fuego prehistórico fue aumentando nuestra capacidad comunicativa y cognitiva. Con los compadres de la tribu, imaginábamos realidades que no se tocaban, pero se sentían… Miles de años después, las terrazas son más que oasis contra la sed; son asimismo aguardos para el curioseo: transeúntes, modas, la oreja en la conversación de la mesa de al lado. La delgada línea entre la verdad y lo imaginado.
En aquella fase primera, Zuckerberg se vanagloriaba de que su invento estaba «haciendo el mundo más abierto y conectado». Llevaba el pelo corto y vestía sin ostentación. Decía que su motivación principal era darle «voz a la gente». La tecnología resolvería los problemas creados por la política, las redes sustituirían a las jerarquías y la información libre produciría automáticamente sociedades más abiertas. Más democráticas...
Hoy sabemos que la red de Zuckerberg no es solo salseo, postureo; con los millones de datos acumulados se ha convertido en una poderosa arma de ingeniería social, en una infraestructura global de influencia política. Facebook no creció por un diseño deslumbrante, o una estrategia financiera de manual. Creció porque no hizo ascos a monetizar la tendencia humana al cotilleo. Cada fotografía subida, cada conversación eran paquetes con los que mercadear. Creíamos estar utilizando un servicio gratuito; cuando en realidad nos habíamos convertido en la materia prima del negocio. El punto de inflexión más nocivo fue la introducción del 'News feed', esa variación del algoritmo que segmentaba el contenido que nos aparece primero. Casi sin darnos cuenta, nos fueron categorizando en nuevas tribus, ordenadas sistemáticamente según likes y preferencias. Cámaras de eco que favorecen la llegada de mensajes afines, y nos aíslan, casi de manera profiláctica, de cuentas ajenas. La polarización actual hunde sus raíces más profundas en ese cambio del software.
El 'News feed' nos fue categorizando. La polarización actual hunde sus raíces en ese cambio de software
Los medios de comunicación de tradicionales se ahogan en la irrelevancia ante la ubicuidad cuasi todopoderosa del Facebook, convenientemente apuntalado con la adquisición primero de Instagram (2012), y más tarde de WhatsApp (2014).La compra de estas dos tecnológicas adicionales convirtió a Zuckerberg en el campeón monopolístico de la economía de la atención. La promesa inicial de Internet como ecosistema abierto y descentralizado acabó derivando en una estructura donde unas pocas plataformas privadas controlaban la atención de más de la mitad de la humanidad. Solo los productos de Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp y Messenger) llegan a cerca de 4.000 millones de personas del total de 8.300 millones que habitamos el planeta. Lo sorprendente es que durante años Facebook presentó esa acumulación de poder como si fuese un simple avance tecnológico y priorizó el crecimiento sobre cualquier consideración ética. Mientras los reguladores observaban fascinados el crecimiento de Silicon Valley, Facebook construía una posición monopolística, casi sin precedentes.
En abril de 2017 se publicó el libro de Jonathan Taplin: 'How Facebook, Google, and Amazon Cornered Culture and Undermined Democracy'. Su autor analiza cómo las grandes tecnológicas estaban monopolizando cualquier espacio de creación cultural, y a su vez socavando los pilares de la convivencia democrática. Las cámaras de eco mencionadas han seguido calentando el ambiente de la crispación, nutriendo un individualismo -hedonista- consumista, al tiempo que dan cancha a teorías conspiratorias diversas. Taplin se adelantó casi una década a la preocupación actual por la regulación de contenidos, sobre todo en lo relativo a pederastia infantil, terrorismo y desinformación. Al año siguiente, se produjo el escándalo de Cambridge Analytica. Zuckerberg tuvo que explicar por qué los sistemas diseñados para maximizar la interacción estaban amplificando contenidos falsos y campañas de manipulación política.
En enero de 2024, Zuckerberg era interrogado en el Capitolio, templo de la soberanía popular estadounidense. El senador conservador por Misuri, Joshua Hawley, dirigía la sesión. Con rostro enfadado, Hawley preguntó a Zuckerberg si tenía algo que decirles a las familias presentes en la sala, cuyos hijos habían sufrido daños psicológicos a causa de Facebook e Instagram. Fue probablemente uno de los peores días en la vida del magnate pelirrojo.
Comenzaba una llamativa metamorfosis ideológica. Zuckerberg intensificó su discurso a favor de la libertad de expresión, y anunció el fin de los verificadores externos en sus redes sociales. Presentó la medida como una estrategia defensiva frente al supuesto exceso de censura, y la intromisión de los gobiernos. El 10 de enero de 2025 se emitió un podcast de Joe Rogan, icono libertario, campeón de artes marciales, en conversación distendida con Zuckerberg. Conversaron de tecnología, redes sociales y libertad de expresión, pero también de la reciente obsesión deportiva del magnate: despuntar en el Jiu-Jitsu, un arte marcial para tonificar su masculinidad. Literal. Su look había mutado: pelo rebelde, reloj ostentoso de cerca de 900.000 euros. Apenas un año después de la dura sesión de control en el Senado frente a Hawley, Mark apareció en las cámaras mucho más risueño, como lo estaban los Elon Musk, John Bezos y demás magnates invitados a la toma de posesión de Trump. Menos de 365 días había durado el intento de Hawley (recordemos: republicano conservador de Misuri) de pedir cuentas a las grandes tecnológicas.
Recientemente se ha producido un terremoto judicial que puede amargarles el dulce. Decenas de Estados contra la empresa Meta. La multa impuesta a Zuckerberg es tan astronómica que es difícil de aterrizar en términos reales: 18.000 millones de dólares. Más allá de la cuantía económica, los jueces cuestionan la estrategia de Meta de maximizar el tiempo de permanencia de los usuarios mediante herramientas diseñadas para generar dependencia, especialmente entre los menores. Funciones como el desplazamiento infinito, las notificaciones constantes o la búsqueda de validación a través de los «me gusta» no fueron simples innovaciones tecnológicas, sino mecanismos orientados a aumentar la interacción y los beneficios publicitarios. Es la clave de la sentencia, pero no reconoce haber hecho nada mal. ¿Y usted cómo lo ve?
comentarios Reportar un error