Antes del fallo de la Corte Suprema, más de 1.500 empresas importadoras y minoristas ya habían presentado sus propias demandas ante las autoridades estadounidenses de comercio.
La sentencia de la Corte Suprema de EEUU tumbando los aranceles recíprocos de Trump ha abierto una caja de Pandora de potenciales reclamaciones en la que están en juego alrededor de 170.000 millones de dólares, que es lo que la Administración Trump habría recaudado hasta ahora al amparo de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia y que el Alto Tribunal ha declarado ilegal.
El Supremo estadounidense no se pronunció ayer sobre el derecho de los damnificados a posibles reembolsos, cuestión que dirimirá un tribunal inferior, pero es evidente que su sentencia ha dado el pistoletazo de salida a un duro, largo y difícil proceso de litigios. De hecho, a las miles de reclamaciones que previsiblemente llegarán en próximas fechas se suman las más de 1.500 empresas importadoras y minoristas que ya habían presentado sus propias demandas ante las autoridades estadounidenses de comercio. Lo hicieron en prevención del fallo que ahora se acaba de producir y que, según la Cámara de Comercio de EEUU, que lo aplaude, se traducirá en reembolsos "significativos" para los pequeños importadores estadounidenses, lo que contribuirá a un mayor impulso económico en 2026.
Textil, juguetes, alimentos...
Aunque los aranceles afectan a la mayoría de sectores, los analistas sitúan a las industrias textil, juguetera y alimentaria al frente de las más perjudicadas por ser sectores que importan bienes finales, en este caso incluyendo a mayoristas, minoristas y fabricantes con plantas fuera de EEUU. Los aranceles de Trump buscan castigar a aquellas empresas y países que, según el presidente, se "aprovechan" comercialmente de EEUU, pero lo cierto es que quienes pagan mayoritariamente los platos rotos de esta agresiva política son los propios importadores norteamericanos, que son a quienes la Oficina de Aduanas de EEUU les factura esas tarifas.
Y no todos pueden exigir precios más bajos a sus proveedores (exportadores extranjeros). A modo de ejemplo, según cálculos del think tank Council on Foreign Relations de EEUU, en junio del año pasado, tres meses después de la entrada en vigor de los aranceles recíprocos, el 64% del incremento del coste recaía en los importadores americanos, frente al 14% que representaban los exportadores foráneos. El 22% restante se repercutió en los precios al consumidor americano.
Ese potencial proceso de reembolsos se anticipa lleno de obstáculos tanto por las previsibles trabas burocráticas como por la declarada intención de Trump de mantener vivos los aranceles por otras vías, empezando por una tasa del 10% global.
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