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Muere Ángela Murillo, azote contra ETA en la Audiencia Nacional

Muere Ángela Murillo, azote contra ETA en la Audiencia Nacional
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La magistrada ya retirada, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal, protagonizó enfrentamientos con acusados de la banda y de la izquierda abertzale. Uno con Otegi derivó en la anulación del juicio por Bateragune

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EFE Muere Ángela Murillo, azote contra ETA en la Audiencia Nacional

La magistrada ya retirada, primera mujer en ingresar en la Sala Penal, protagonizó enfrentamientos con acusados de la banda y de la izquierda abertzale. Uno con Otegi derivó en la anulación del juicio por Bateragune

Mateo Balín

Viernes, 13 de febrero 2026, 21:32 | Actualizado 22:29h.

... La magistrada Ángela Murillo (Almendralejo, 1952) ha fallecido este viernes a los 74 años en su casa de Madrid por causas naturales, apenas dos años después de haberse retirado de su labor jurisdiccional en el tribunal central de la calle Génova, donde desarrolló buena parte de sus 44 años de carrera profesional.

Uno de ellos lo protagonizó con el hoy secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, y desembocó en la anulación del juicio por el 'caso Bateragune' -el intento atribuido de reconstruir la ilegalizada Batasuna bajo las directrices de una ETA aún activa- por parte de la justicia europea. La corte consideró que se habían vulnerado los derechos del político por la parcialidad mostrada por Murillo en la vista oral, cuando preguntó a Otegi si condenaba el terrorismo de ETA. Ante el silencio de éste, la magistrada musitó: «Ya sabía yo que no me iba a contestar».

Ese comentario aparentemente banal, y todo lo que conllevó después, le granjeó un protagonismo mediático del que siempre huía y hasta algún club de fans en la sombra. En ese juicio, precisamente, Otegi le regaló un libro dedicado, «El factor humano» de John Carlin, que conservó sobre la mesa de su despacho hasta su jubilación.

Extremeña de pro, fue una de las magistradas más queridas entre sus compañeros y también entre abogados que la conocieron de cerca por su sentido del humor y reconocida humanidad. Aún se recuerdan, entre café y café, cómo en el macrojuicio de Ekin (sumario 18/98, con más de 50 acusados contra el considerado corazón político de ETA), celebrado en las instalaciones del pabellón de la Casa de Campo de Madrid entre noviembre de 2005 y marzo de 2007, fue capaz de acercar refrescos a las prostitutas que trabajaban en la zona durante los recesos.

En esa misma vista vivió uno de los momentos más duros en lo personal por la grave enfermedad de su pareja, que terminó falleciendo, y a quien acompañaba cada noche en el hospital tras concluir las largas sesiones como presidenta del tribunal juzgador.

«Y encima se ríen estos cabrones»

Otro comentario suyo también traspasó los muros de la antigua Audiencia Nacional, esa en la que acusados, togados, acusados y periodistas compartían salas y hasta ascensores. Fue igualmente en un juicio por terrorismo, cuando al observar la reacción del etarra «Txapote» y otros tres acusados al escuchar el testimonio de la viuda de un concejal asesinado por la banda, apostilló: «Y encima se ríen estos cabrones».

A lo largo de más de cuatro décadas de intensa carrera, Murillo afrontó todo tipo de procedimientos, sobre todo en la que fue su casa: de los «Grupos Y» de ETA al juicio al «clan de los Charlines», de la «operación Temple» a innumerables juicios relacionados con la banda terrorista o a algunos de los principales procesos por delitos económicos y corrupción política de la época: Gescartera, Ausbank, Bankia, Villarejo o Gürtel. Su sección resolvió los recursos de apelación durante la fase de instrucción. Una lista interminable.

Lejos queda esa primera vista a Laureano Oubiña, a quien absolvió en su primer juicio por narcotráfico. «Doña Ángela, yo hachís sí, pero cocaína nunca», le dijo el contrabandista gallego, que pasado el tiempo volvió a sentarse en el banquillo, esta vez sí por tráfico de cocaína. Enfrente tenía, claro, a Ángela Murillo, que la esperaba sentada. «¿Ahora qué me dice usted, señor Oubiña?».

En el ámbito judicial, se fogueó en los órganos de instrucción de Lora del Río (Sevilla) con solo 25 años. Por aquel entonces, la confundían con la nieta del juez, recordaba en una de sus mil anécdotas. Después pasaría por los juzgados de Vélez Málaga y Onteniente y, también, por los de San Sebastián en los años difíciles del terrorismo. De allí, a Madrid, a la Audiencia Provincial, en 1986, y al Consejo General del Poder Judicial, donde fue inspectora delegada entre 1990 y 1993. Ese año cambió su vida con su llegada a la Audiencia Nacional, donde se jubilaría tres décadas después. Su fallecimiento deja una huella imborrable en el tribunal central.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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