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Nadie puede con Marine Le Pen: la líder de ultraderecha afianza su ventaja en la carrera al Elíseo a siete meses de las elecciones

Nadie puede con Marine Le Pen: la líder de ultraderecha afianza su ventaja en la carrera al Elíseo a siete meses de las elecciones
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Los sondeos para la segunda vuelta que tendrá lugar el 2 de mayo son inequívocos: Le Pen se impondría a cualquier otro aspirante hoy en liza. Más información: Marine Le Pen cierra la puerta a su delfín Jordan Bardella y se lanza a por el Elíseo pese a ser condenada por malversación

Marine Le Pen inaugura su campaña en la localidad norteña de Hénin-Beaumont. Sarah Meyssonnier Reuters

Europa Nadie puede con Marine Le Pen: la líder de ultraderecha afianza su ventaja en la carrera al Elíseo a siete meses de las elecciones

Los sondeos para la segunda vuelta que tendrá lugar el 2 de mayo son inequívocos: Le Pen se impondría a cualquier otro aspirante hoy en liza.

Más información:Marine Le Pen cierra la puerta a su delfín Jordan Bardella y se lanza a por el Elíseo pese a ser condenada por malversación

Publicada 21 septiembre 2026 06:00h Las claves Síguenos Las claves Generado con IA

Desde el 1 de septiembre se han publicado en Francia ocho sondeos electorales con 34 combinaciones de candidatos para la primera vuelta de las presidenciales francesas. Sólo en una de todas estas, Marine Le Pen se queda en un 29 %.

El promedio sitúa a la líder de Reagrupamiento Nacional (RN) en el 34 % de intención de voto. A siete meses de las urnas, es archifavorita.

Los sondeos para la segunda vuelta que tendrá lugar el 2 de mayo son inequívocos: Le Pen se impondría a cualquier otro aspirante hoy en liza.

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Por un margen abrumador en el caso de un cara a cara con el líder de La Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon (67 % a 33 %) y con claridad frente al socialista moderado Raphaël Glucksmann (57 % a 43 %) e incluso al ex presidente François Hollande (54 % a 46 %).

Si su rival fuera el ex primer ministro centrista Gabriel Attal, el margen sería parecido (56 % a 44 %).

Sólo otro ex primer ministro del presidente saliente Emmanuel Macron, Édouard Philippe tiene alguna posibilidad ya que sus números de perdedor están dentro del margen de error de las encuestas (52 % a 48 %). Y eso sólo en uno de los tres sondeos que proponen su nombre a los encuestados.

Para llegar a la final, Philippe tendría que lograr ser candidato único de los partidarios de Macron. Él contaba con que los otros candidatos centristas fueran renunciando gracias a su dominio demoscópico pero Attal se resiste, de momento.

El aspirante de Los Republicanos (partido homologado al PP europeo) no levanta el vuelo, desde septiembre ha caído del 12 % al 7 %.

Los socialistas han convocado unas primarias en las que el moderado Glucksmann es favorito, pero no parece superar el techo de voto del 12 %.

El líder de la extrema izquierda no ha dado opción: se lanzó a la carrera el primero sin someterse a ningún tipo de discusión partidaria. Y de momento, no le van las cosas: se clasifica para segunda vuelta en 18 de las 34 combinaciones; en otras 12, el segundo más votado es Philippe y en las dos restantes están empatados.

Raphaël Glucksmann, líder de Plaza Pública Europa Press

Así las cosas, Le Pen ha arrancado el curso poniendo el acento en el problema de la vivienda.

En su mitin de apertura de curso, el domingo pasado en su feudo norteño de Henin Beaumont, prometió que si llega al Elíseo en los cinco años de su mandato, Francia se convertirá en "una sociedad de propietarios" por oposición a la sociedad de arrendatarios que hereda de Macron, partidario de la movilidad neoliberal.

Su receta incluye una profunda desregulación para construir, eliminando las trabas medioambientales fruto de la "ecología insensata". Además auspiciaría la conversión de oficinas en viviendas y endurecerá rotundamente la legislación contra los okupas. Hasta aquí nada que no suscribiría cualquier candidato de derechas o incluso del centro liberal.

La diferencia está en "la prioridad nacional" que aplicaría a las viviendas sociales de alquiler popularmente conocidas como HLM. Según sus palabras, sólo el 11 % de los residentes son nacionales.

El público la ovacionó cuando prometió una ley para desahuciar a los familiares de quienes delincan y utilicen las casas y/o los sótanos para traficar con droga, plaga de las barriadas periféricas de las grandes conurbaciones como París o Marsella.

Esta es la cara moderada de Le Pen, la que busca no asustar al electorado. Y singularmente a los jubilados que, acongojados en 2017 por su amenaza contra el euro, votaron en masa por Macron.

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Hace cinco años logró el 24% de los votos de este sector. Ahora mismo, un 30 % de los jubilados se declaran dispuestos a votarle, un ligero retraso sobre el tercio de votos que le dan las encuestas sobre el conjunto de todo el electorado.

Contrasta esta moderación con el gran ruido que se montó el último fin de semana de agosto por la propuesta de multar a las mujeres que lleven en cualquier lugar público, es decir, en la calle, el "velo islamista".

Conviene saber que el velo integral está prohibido en los espacios públicos por una ley de 2010. Tras unos días de debate furioso sobre la constitucionalidad de un cambio legislativo de tal envergadura, que Le Pen trató de superar acudiendo a su promesa de promover un referéndum, el asunto dejó de ser de actualidad.

Le Pen en esta su cuarta campaña presidencial parece dispuesta a seguir la hoja de ruta que se marcó en 2011. La desdiabolización del entonces Frente Nacional ha sido un éxito. Ha logrado sacar de la marginalidad a la extrema derecha francesa.

Sacudiéndose el lastre de su padre, expulsado del partido que fundó por sus comentarios antisemitas, se ha reconciliado con el electorado judío y, al calor de la guerra de Gaza, ha logrado su normalización.

Marine Le Pen y su delfín Jordan Bardella en un mitin de campaña en Hénin-Beaumont. Sarah Meyssonnier Reuters

El estigma de radicalidad ha cambiado de bando: hoy la extrema izquierda de Mélenchon, se ha convertido en el partido musulmán, y, por lo tanto, estigmatizado como pro árabe, tanto en su declinación internacional (propalestina) como en el doméstico proinmigración.

A la hora de elegir los temas de su campaña, Le Pen parece seguir el interés del electorado.

Según un sondeo de Ipsos BVA para Le Monde, la fundación Jean Jaurès y el Instituto Montaigne, con una muestra de 13.060 personas, los franceses parecen centrarse en cuestiones económicas como el déficit y el crecimiento económico (30 %) tanto como en aspectos sociales, como el poder adquisitivo y la desigualdad (29 %).

Las cuestiones identitarias como la inmigración o la integración motivan el voto primordialmente a un 16 %, por encima de la preocupación medioambiental (13 %). Los temas puramente franceses como la representación o la toma decisiones políticas sólo motivan al 6% de la población y, en fin, la amenaza rusa, la guerra de Ucrania, etcétera, sólo son citados por un 5 %.

Además, parece que tras tres fracasos, Le Pen parece haber convencido a los franceses de que puede dar la talla como presidenta: el 41 % opina que tiene una visión clara del porvenir de Francia; el 40 % la cree capaz de tomar las decisiones que el país necesita; idéntico porcentaje piensa que tiene las competencias necesarias para ser un buen presidente y hasta un 42 % cree que representaría bien a Francia y a los franceses.

Estos datos provienen de la quinta ola, correspondiente a septiembre, del sondeo de Verian para Le Figaro Magazine. En todas las categorías, el segundo mejor candidato es Édouard Philippe, que obtiene entre el 29 % y el 34 % de opiniones favorables.

A favor de Le Pen está la fidelidad de sus antiguos votantes, el 90 % de quienes le votaran en 2022 volverán a hacerlo ahora. Y eso, pese a la condena por malversación que puede llevarle a concluir su campaña electoral con brazalete electrónico.

Marine Le Pen cierra la puerta a su delfín Jordan Bardella y se lanza a por el Elíseo pese a ser condenada por malversación

Todo lo cual requiere una salvedad importante. La fotografía de la opinión pública, por nítida que parezca, es sólo el reflejo de la actualidad. Nada está escrito en una elección tan personalizada como la del presidente de la República de Francia.

Hay precedentes de derrumbes sonoros por errores no forzados del candidato y no conviene nunca descartar la aparición de un outsider que dé un vuelco a la carrera.

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