El análisis neuronal reveló que, cuando el cerebro anticipa un evento desagradable o un posible castigo, el estriado ventral se activa y envía una señal inhibidora al pálido ventral, que normalmente se encarga de impulsar la intención de ejecutar una acción. En otras palabras, esta comunicación reduce el impulso de actuar cuando la tarea está asociada con una experiencia negativa.
La conexión del cerebro detrás de la procrastinación
Para comprobar el papel específico de esta conexión, según relata el trabajo publicado en en la revista Current Biology, los investigadores utilizaron una técnica de quimiogenética que, mediante la administración de un fármaco especializado, permitió interrumpir temporalmente la comunicación entre ambas regiones cerebrales. Al hacerlo, los monos recuperaron la motivación para iniciar las tareas, incluso en aquellas pruebas que incluían el soplo de aire.
Cabe destacar que la sustancia inhibidora no produjo cambios en los ensayos donde la recompensa no estaba acompañada de castigo. Este resultado sugiere que el circuito EV-PV no regula la motivación de manera general, sino que se activa específicamente para suprimirla cuando existe una expectativa de incomodidad. En ese sentido, la apatía frente a tareas desagradables parece desarrollarse de forma gradual conforme se intensifica la comunicación entre estas dos regiones.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowMás allá de explicar por qué las personas tienden a resistirse, de manera inconsciente, a comenzar labores domésticas u obligaciones incómodas, los hallazgos tienen implicaciones relevantes para comprender trastornos como la depresión o la esquizofrenia, en los que los pacientes suelen experimentar una pérdida significativa del impulso para actuar.
No obstante, Amemori subraya que este circuito cumple una función protectora esencial. “Trabajar en exceso es muy peligroso. Este circuito nos protege del agotamiento”, señala en declaraciones recogidas por Nature. Por ello, advierte que cualquier intento de modificar externamente este mecanismo neuronal debe ser abordado con cautela, ya que aún se requiere más investigación para evitar interferir con los procesos naturales de protección del cerebro.