La periodista, en un posado para Magas. Esteban Palazuelos
Protagonistas Nieves Herrero rescata la vida de Fabiola de Bélgica: "La historia es cruel con las reinas que no podían tener hijos"La escritora publica su nuevo libro, La prometida, donde narra la vida de la española y su relación con el rey Balduino.
Más información: Helena Resano: "A la mujer con ambición se le mira mal porque parece una trepa. Con los hombres eso es una virtud"
Rosa Sánchez de la Vega Publicada 16 abril 2026 06:40hNieves Herrero, periodista y escritora con una larga trayectoria en radio y televisión, ha consolidado una obra centrada en rescatar del olvido a mujeres clave de la historia reciente.
Autora de títulos como Lo que escondían sus ojos, El joyero de la reina o su libro sobre la baronesa Thyssen, fruto de años de cercanía, combina rigor periodístico y mirada emocional.
En La prometida, su último trabajo, revisita la figura de Fabiola de Mora y Aragón para desmontar su imagen más idealizada y mostrar a una mujer compleja, situada en el poder pero atravesada por dudas, renuncias y conflictos íntimos.
Ángela Banzas, finalista del Premio Planeta, en el Club de Lectura de Magas: "Lloro mucho mientras escribo"Nieves Herrero, con su nuevo libro, 'La prometida'. Esteban Palazuelos
Una novela que vuelve a poner el foco en lo que la historia no suele contar.
Siempre que publicas un libro generas, al menos en mí, muchísimo interés por saber qué mujer traes. Y creo que es una constante en tu obra: mujeres que viven en el centro del poder, pero sin control sobre su destino.
No lo puedes definir mejor. Me atraen mujeres que en su momento fueron el foco de atención y que, con los años, hemos olvidado o no hemos situado en la dimensión que tuvieron, incluso para un país.
Muchas estaban en el centro del poder —como cuando una aristócrata se casa con un rey y se convierte en reina—, pero las decisiones no dependían de ellas.
Quizá tenían más influencia de la que pensaban, pero el control estaba en otro lugar. Aun así, hicieron mucho. En su caso, además, contribuyó a cierta apertura de la España del franquismo hacia el exterior.
Y es verdad: no eran dueñas de su destino. La historia de Fabiola y Balduino es muy reveladora. La Iglesia Católica buscó entre españolas y acabó fijándose en ella por su perfil solidario y su labor benéfica. Pero cuando se lo plantean, su reacción es muy humana: “¿Cómo me voy a casar sin estar enamorada?”.
La decisión era, en cierto modo, hazlo. Pero ella puso freno y pidió conocerse primero. Cuando se encontraron, surgió algo, aunque todo le parecía impensable: era el rey de Bélgica.
Por eso hay una idea que me interesa especialmente: “Yo no me caso con el rey, me caso con el hombre, y necesito enamorarme”. Ese proceso es lo que hace su historia tan especial.
¿Crees que la historia la simplificó, reduciéndola a una imagen espiritual y borrando su complejidad?
Sí, tendemos a resumir demasiado las vidas. Y ella era compleja: muy espiritual, pero también con carácter. Supo enfrentarse incluso a la Iglesia cuando le plantean ese destino. Primero duda y llama al Nuncio para comprobar si lo que le están diciendo es real… No era una mujer pasiva.
Tenía tanto carácter que tomó decisiones muy duras. Cuando su hermano Jaime, el más díscolo, abrió las puertas a los periodistas y se publicó su diario, ella decidió no volver a hablarle ni invitarle a la boda. Fue un gesto muy fuerte, pero define bien quién era.
¿Las mujeres públicas han tenido menos derecho a la intimidad?
En su caso, desde luego. Aquel episodio fue muy grave. En un diario vuelcas lo más íntimo, dudas, pensamientos que no compartes con nadie. Y de repente, sin permiso, se abre ese espacio privado cuando toda la atención está puesta en ti.
Hoy sería impensable, porque hay más conciencia sobre la intimidad, pero entonces fue una auténtica sacudida. Aun así, ella supo marcar límites y reivindicar ese espacio.
La prensa, en cierto modo, lo respetó y quedó como una anécdota, pero pudo haber tenido consecuencias mucho más serias. Incluso poner en riesgo la boda. Porque, en ese contexto, que saliera a la luz todo aquello… podría haberlo cambiado todo.
Isabel Allende: "Es un honor que 'La casa de los espíritus' esté censurada en Estados Unidos"¿Hay historias que un periodista no debería contar?
Sí. He escuchado muchas que no he contado. Personas conocidas que, en un momento de confianza, cuando se apaga el micrófono, se abren de otra manera.
Creo que el secreto profesional debe cuidarse casi como el de una confesión. Lo entiendo así y lo defiendo. A veces, esas mismas personas, con el tiempo, deciden contarlo, y entonces uno se sorprende, porque en su momento no estaban preparadas para hacerlo.
Cuando alguien me cuenta algo en confianza, procuro olvidarlo. Es la mejor forma de protegerlo. Y creo que los periodistas tenemos también la responsabilidad de guardar muchos de esos silencios.
En el libro aparecen periodistas como Jesús Hermida o Jaime Peñafiel. ¿Qué papel juega el periodismo en esta historia: testigo, narrador o generador de poder?
Todos. En aquella época el scoop era fundamental. Estamos en los años 60, y que un medio tuviera algo sobre Fabiola era muy importante.
Ese episodio del diario lo supe por el propio Jesús Hermida, que lo recordaba casi con humor: eran jóvenes y querían destacar, también empujados por sus jefes. Jaime Peñafiel me confirmó que fue él quien lo cogió y se lo pasó para guardarlo. Lo leyeron, pero nunca publicaron su contenido. Y eso les honra.
Porque aquello pudo haber tenido consecuencias muy graves, incluso un conflicto diplomático entre Bélgica y España. Con el tiempo quedó como una anécdota —Peñafiel llegó a entrevistarla en Laeken—, pero para ella fue dolorosísimo. A su hermano no lo perdonó durante años.
De repente, Fabiola descubrió que todo lo que hacía o pensaba tenía relevancia pública. Vivió una presión enorme, salvando las distancias, comparable a la de Diana de Gales. No entendía por qué su vida interesaba tanto.
España, sin embargo, la despidió como a una reina: Madrid se echó a la calle.
Siempre me interesó su figura, incluso a través de personas cercanas a su entorno, como el mayordomo que también lo fue de Pitita Ridruejo. Me atraen las reinas porque son de las más expuestas y, al mismo tiempo, de las que menos conocemos sus sentimientos.
La escritora quiere rescatar la historia de mujeres olvidadas en sus novelas. Esteban Palazuelos
Abordas también la infertilidad de Fabiola.
Sí, es un tema muy delicado. Ella soñaba con darle un heredero y eso, en una consorte, pesa como una obligación. Lo intentó muchas veces, hasta que le dijeron que su cuerpo no podía más, que ponía en riesgo su salud. Fue una gran frustración.
Pero, al mismo tiempo, hay una historia de amor muy profunda —lo cuentan sus sobrinas—. Cuando muere Balduino, ella sigue enamorada de él. Es una relación que nace de una imposición y acaba siendo real. Ella da el paso cuando siente que no se casa con un rey, sino con el hombre que esperaba.
¿A las mujeres de poder se les ha exigido cumplir también con ese mandato biológico?
Muchísimo. La historia ha sido muy cruel con las que no han podido dar continuidad a un legado. Ha habido reyes y emperadores que las han repudiado por eso.
Y creo que es profundamente injusto. Las mujeres somos más que paridoras. Si no puedes o no quieres tener hijos, no debería definirte.
Pero a ellas se les ha exigido hasta el extremo: ahí está el caso de Victoria Eugenia, obligada a parir prácticamente sin anestesia porque Alfonso XIII lo consideraba mejor para el heredero. Es una visión durísima, casi bíblica: “Parirás con dolor”.
Por eso me interesan tanto estas mujeres: tan expuestas y, al mismo tiempo, tan llenas de silencios.
¿La has juzgado en algún momento durante la escritura?
Empecé pensando que iba a escribir la historia de una beata y me he dado cuenta que era una mujer muy íntegra, comprometida, nada ajena al sufrimiento o a la pobreza que la rodeaba.
Me fue ganando porque tenía más enjundia que lo que yo pensaba en un principio. He descubierto a una mujer que, en cierto modo, se escondía detrás del título. Me habría encantado conocerla.
Si hubieras podido hablar con ella en privado, ¿qué le habrías preguntado?
Lo mismo que a cualquier reina: “¿Eres feliz?, ¿has conseguido serlo?”. Porque creo que es muy difícil lograrlo en esa posición. Hay una exposición constante y una renuncia continua a la vida personal.
Eso lo entendí hablando con don Juan o con Pilar de Borbón: esa idea de la vocación de servicio, de que estás al servicio de la corona por encima de ti misma. Y eso implica renuncias.
Por eso, también admiro mucho a Letizia. Creo que dio un paso por amor, pero con los años ha demostrado su papel. Recuerdo verla, con la cara manchada de barro, durante la dana en Valencia, sin irse, manteniendo el tipo. Ahí ganó mucho ante los españoles.
Siempre me acuerdo de lo que decía Victoria Eugenia: que en Inglaterra los reyes nacen ya legitimados, pero en España tienen que ganárselo en la calle. Y momentos como ese son los que construyen esa legitimidad.
De todas las mujeres que has rescatado, ¿alguna vez has sentido que te equivocabas al elegir?
Yo creo que he escogido bien. Nunca he sentido que me haya equivocado, aunque sí que había otras mujeres guardadas en mis cajones que me hubiera gustado sacar antes.
Hay mujeres que tienen que salir, sí o sí. Interese o no interese. Me interesa a mí como mujer, como persona. Y, aunque luego una novela se quede en un cajón y no salga nunca, hay historias que me están pidiendo aparecer desesperadamente.
Y no tienen porqué ser siempre mujeres de la realeza.
No, en absoluto. Hay otras historias que no tienen que ver con la realeza y que también necesitan ser contadas. Yo sólo pido tener tiempo para hacerlo, porque creo que hay mujeres con las que hay que hacer justicia. Me siguen interesando las reinas, claro, porque ahí estaban el poder y la historia, pero no son las únicas.
¿Qué queda hoy de ese control sobre las mujeres?
Hemos avanzado mucho, pero aún queda. Me preocupa ver a parejas jóvenes donde sigue existiendo control, incluso a través del móvil. Eso es muy duro.
Creo que todo tiene que ver con la educación y por aprender a decir “no”. No pasa nada por no tener pareja o por no seguir lo que hace todo el mundo.
Fabiola, por ejemplo, se casó tarde para su época y parecía que se iba a quedar “para vestir santos”. Y, sin embargo, tomó su propio camino. Reivindico mucho esa libertad: elegir cuándo, cómo y con quién.
Alice Kellen, entre millones de lectores y su gran estreno en Netflix: "No soy ambiciosa ni jugando al parchís"¿Crees que esa presión por casarse sigue existiendo?
Menos, pero aún está ahí. Viéndolo ahora —por ejemplo en Los Bridgerton— resulta casi increíble que el único objetivo de una mujer fuera el matrimonio.
Por suerte, siempre ha habido algunas que se rebelaron. Yo creo en la independencia, en la educación, en que se esté preparada para decidir por una misma. Eso es fundamental.
He intentado educar así a mis hijas para que sean autónomas y sepan poner límites. Ahora lo veo en mi nieta que, con dos años, ya quiere hacerlo todo sola. Y pienso: ahí está, ese amor propio, esa independencia desde el principio.
Para terminar, de todas las mujeres que rescatas, ¿te resulta más fácil escribir sobre las que ya no están?
Hice el intento de escribir sobre una persona viva: la baronesa. La verdad es que nadie me quita los tres años que estuve con ella. Aprendí muchísimo de pintura y también de vida. Cómo una mujer se forja a sí misma con muchas dificultades, pasando en un momento dado de no tener ni luz en casa a un lujo extremo.
Aprendí mucho de ella y en este momento me he acercado de nuevo. Ha habido una pequeña reconciliación. Yo no soy rencorosa, creo mucho en empezar de cero.
Eso también lo he aprendido de personas como Irene Villa y su madre: la importancia de perdonar para poder seguir adelante. Si no, cargas con un peso innecesario. Y bastante tenemos ya. Hay que ir quitando piedras de la mochila.
Escucha Autoras de palabra con Rosa en tu plataforma favorita:
Spotify | Ivoox | Apple | Google| Spreaker |