- JAVIER AYUSO
- Editorial Expansión. Sánchez usa de señuelo el Presupuesto de 2027
- El nacionalismo no regalará la moción de censura
- Acusan de conspirar los que conspiraron contra las instituciones
Feijóo tiene que mantener la calma y no dar falsas expectativas sobre una rápida llegada al poder. Si ha esperado tres años, puede aguantar hasta que a Sánchez no le quede más remedio que convocar las elecciones.
Sería un error monumental si Alberto Núñez Feijóo lanzara ahora una moción de censura contra Pedro Sánchez. No es el momento, cuando el presidente del PP sigue sin contar con los votos suficientes para ganarla. Pero peor sería todavía lo que han dejado caer para intentar ganarse al PNV y Junts: una moción instrumental para convocar elecciones de forma inmediata y dejar fuera de la ecuación a Vox. Los populares se aliarían con dos de los partidos menos confiables del espectro parlamentario y se enemistarían con la formación de Santiago Abascal, de la que dependen para gobernar en el futuro.
Confío en que el movimiento de acercamiento a los independentistas de derechas iniciado esta semana por los populares se quede en nada, porque no augura nada nuevo. ¿Alguien puede pensar que Carles Puigdemont o Aitor Esteban van a votar a favor de una moción de censura contra un presidente del Gobierno al que pueden seguir exprimiendo un año más? Los secesionistas mantienen un doble juego de afirmar públicamente que la legislatura está acabada y que hay que convocar elecciones generales cuanto antes, mientras mantienen su negativa a votar a favor de Feijóo. No tienen incentivos para ello.
Hace unos días, el expresidente Felipe González explicó muy bien por qué el líder popular debe renunciar a cualquier movimiento destinado a una moción de censura. "Estas gestiones", dijo, "desviarían el foco de atención sobre lo que realmente importa en estos momentos"; se refería a todos los casos de corrupción que afectan al PSOE, al Gobierno y a la familia de Sánchez. Queda claro que si el PP lanza la idea de negociar ahora una censura le dará la opción a La Moncloa para recuperar la agenda informativa e intentar olvidar la crisis judicial en la que están inmersos.
Con el Círculo
Feijóo viajó a Barcelona el martes para intervenir en las reuniones del Círculo de Economía, mientras circulaba la noticia de que podría negociar con Junts su apoyo para expulsar a Sánchez. Un escenario muy negativo para el PP, que recibió además la invitación envenenada de los catalanistas de viajar a Waterloo a hablarlo con el prófugo Carles Puigdemont. Menos mal que el líder popular respondió con un "vamos a hablar de cosas serias", antes de pronunciar un discurso en el que no pedía ayuda al empresariado catalán, sino que afirmaba que iba a dignificar España con o sin su ayuda.
No hay que olvidar que la burguesía catalana siempre ha jugado a favor del movimiento independentista, aunque haya intentado disimularlo. Apoyaron el giro soberanista de Artur Más tras la victoria de CiU en 2010, que luego desembocó en el proces y en la sedición de 2017, y nunca han dado un paso en defensa del constitucionalismo. Han mantenido una actitud cobarde frente al secesionismo y han pactado con ellos sin dudarlo.
El portazo que recibieron de Feijóo el martes les dejó un poco descolocados. Esperaban que les pidiera ayuda para que Junts se sumara a acabar con el gobierno progresista de coalición y recibieron una advertencia de que cuando cambien las tornas se acabaran todos los privilegios que está recibiendo Cataluña en los últimos años. Se quedaron perplejos y se fueron a casa esperando a ver qué les decía el presidente el miércoles.
Y, como es habitual, Pedro Sánchez, no les defraudó. Cataluña es una de las pocas comunidades autónomas en donde todavía gobiernan los socialistas, aunque sea con el apoyo de ERC y gracias a las múltiples cesiones políticas y económicas. Los empresarios catalanes siempre se sienten cómodos con quien dicen que ha pacificado su región. Tanto es así, que se llegaron a creer el anuncio que hizo el presidente de que están ya trabajando en la elaboración del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2027, "que van a reforzar el Estado del bienestar y van a estar a la altura de lo que los ciudadanos merecen".
De verdad alguien puede creer que un gobierno que no ha sido capaz de aprobar, ni siquiera presentar, unas cuentas públicas en toda la legislatura (se sigue gobernando por los presupuestos de 2023 prorrogados), va a hacerlo este otoño. No es más que un nuevo intento de desviar la atención sobre los casos de corrupción y sobre sus continuas promesas incumplidas de plantear debates parlamentarios. Ya no le quedan excusas y sabe que no tiene una mayoría parlamentaria para aprobar ninguna ley; por eso lanza una nueva cortina de humo.
Ante este panorama, Alberto Núñez Feijóo tiene que mantener la calma y no dar falsas expectativas sobre una rápida llegada al poder. Si ha esperado tres años, puede aguantar hasta que a Sánchez no le quede más remedio que convocar las elecciones. A final de 2026 o en julio de 2027. Está claro que cada día que pase será peor para España y para el PSOE, pero intentar forzar la situación puede ser contraproducente.
El mes de junio puede ser demoledor para los socialistas. Además de las nuevas informaciones que se van conociendo sobre el "caso Leire", declarará como imputado el expresidente José Luis Rodriguez Zapatero, concluirá el juicio contra David Sánchez Castejón, recibirá el requerimiento de juicio oral Begoña Gómez y probablemente habrá sentencia contra José Luis Ábalos y Koldo García.
No es el momento para desviar la atención hacia otros asuntos políticos, sino el de exigir explicaciones y responsabilidades a Pedro Sánchez cuando comparezca ante el Congreso a final de mes.
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