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Estado en el que se encuentra la pasarela de El Bocal que se derrumbó el pasado 3 de marzo, causando la muerte de seis jóvenes. Juanjo SantamaríaAinara Rodríguez, superviviente en Santander
Declaración ante la Policía Nacional el día 4 de marzo «Noté que el puente se movía y se lo comenté al resto, pero cuando nos movimos se desplomó y caímos al agua»«El mar me arrastraba hacia una cueva hasta que una ola grande me subió hasta una roca»
Santander
Viernes, 13 de marzo 2026, 08:00
perdieron la vida los otros seis jóvenes que ... la acompañaban de excursión ese fatídico 3 de marzo. La joven alavesa (19 años), que sigue en el hospital recuperándose de las heridas que sufrió, fue la única que consiguió agarrarse, con todas sus fuerzas, a la grieta por la que se precipitaron sus amigos cuando el suelo de madera desapareció bajo sus pies. Gracias a eso los investigadores y la jueza han sabido cómo se produjo el desgraciado accidente. El Diario Montañés, el pasado 4 de marzo, al día siguiente de los hechos, agentes de la Policía Nacional se personaron en el Hospital Marqués de Valdecilla para que Ainara les contara cómo vivió el siniestro. El relato es sobrecogedor. La joven les contó que se encontraban por un paseo, creyendo que se llama el de La Maruca, cuando pararon justo encima del puente de El Bocal. «Al asomarme noté que el puente se movía y se lo comenté al resto». Una de sus amigas contestó que «también lo había notado, diciendo 'nos vamos'». Pero «justo en el momento de querer moverse es cuando se desplomó todo el puente y caímos todos hacia el agua. Noté como las maderas del puente nos caían encima y la corriente del mar nos llevaba». Ainara cuenta que, al caer al agua, notó cómo el mar la arrastraba hacia una especie de cueva donde no veía nada, si bien la corriente la sacó hacia la luz. «Empecé a flotar junto a un montón de gente».Cuando intentaba sujetarse a las rocas, asegura que la marea la volvía a meter «hacia dentro», aplastada contra las rocas por las maderas del puente que se habían derrumbado con el grupo.
En el momento que una ola grande la subió hacia la parte superior de una roca, fue cuando pudo subirse a ella y ponerse a salvo. «Desde allí solo pude ver a mi amigo Xabi, que sangraba por la cabeza, Elena estaba intentando agarrarse, y a Eunate la intenté dar la mano, pero cuando ella se acercó a cogérmela, vino una ola y se la llevó».
En medio de esa lucha por salvar sus vidas, aparecieron dos ciclistas que se encontraban en la zona, que las escucharon pedir auxilio y que avisaron al 112. Ainara relató que en ese momento Eunate estaba aún con ella «pero cuando llegaron los bomberos a rescatarlas, el mar ya se la había llevado».
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En su declaración a los agentes, la joven alavesa, a la que la jueza citará una vez que reciba el alta, no puedo precisar el tiempo que estuvo en el agua y aseguró que de los seis compañeros con los que estaba solo vio a cuatro, a los otros dos no.
Hasta el lugar del accidente se desplazaron varios efectivos del Parque de Bomberos de Santander. Uno de ellos, Julio Revuelta fue el encargado de rescatar a esta joven.
Según relató Revuelta a este periódico hace unos días, en ese momento no llevaba cuerdas, ni material de rescate. «Siempre lo hacemos así. Uno de nosotros va de avanzadilla para evaluar la situación e informar rápidamente al resto; pero en aquel momento no me dio tiempo a volver», recuerda. El bombero descendió como pudo por la piedra hasta que llegó a la altura de la alavesa de 19 años. «¿Cómo te llamas?». «Ainara», respondió ella.
Revuelta dio aviso por emisora a sus compañeros y se quedó allí con ella. Sabía que no podía dejarla sola. «Si se me caía, se mataba. No podía dejarla allí sola por si acaso perdía las fuerzas, o se daba por vencida, o lo que fuera». No la agarró. «No, porque es peor. Me ha pasado otras veces. Lo mejor es acompañar hasta que lleguen refuerzos, salvo que veas que no pueden más, porque si sujetas, se suelta y entonces es más complicado. Mi labor en esos instantes fue psicológica», manifestó.
«Lo hizo realmente bien»
La chica estaba empapada, tiritando (entró en hipotermia), y con magulladuras por todo el cuerpo. Había caído al agua, como el resto, pero gracias a su fuerza física y mental había logrado aferrarse a la roca otra vez aprovechando una ola que la impulsó de vuelta a una cota más alta de la grieta. «Es como un gato, muy fuerte mental y físicamente. Es un portento, es extraordinaria y es que tengo que decir que lo hizo realmente bien», elogió hace unos días el profesional.
Los compañeros llegaron al punto y avisaron desde lo alto que tardarían tres minutos en preparar el anclaje para rapelar hasta donde se encontraban. «Ella supo mantener la calma en todo momento. La pobre me repetía: 'Faltan seis, les he perdido de vista'. 'No sé dónde están'. Lo repetía y lo repetía una y otra vez, y yo me agobiaba cada vez más porque todo el tiempo que estuve esperando allí con ella, que fue muy poco pero se hizo eterno, ha sido el peor, el más angustioso de mi carrera», confesó.
Enamorada de los animales
Al día siguiente del suceso, la localidad alavesa de Elvillar amaneció en vilo tras conocer que Ainara consiguió encaramarse a las rocas después de que la pasarela de madera se derrumbara y, conscientes de que posiblemente era la única superviviente (aún no se había hallado el cuerpo de la última víctima). Sus vecinos la recordaban ese día como una «chiquilla» del pueblo con una pasión absoluta por los animales y a la que «han visto crecer».
«Estamos hechos polvo, pero a la espera de noticias de su familia. Son momentos en los que no queremos molestarles, pero estamos deseando que nos digan que se recupera», expresaba una vecina en el centro social de la pequeña localidad riojanoalavesa ese día.
Los residentes de este municipio de 315 habitantes se fueron enterando de lo sucedido por el boca a boca y los grupos de mensajería instantánea después de que el alcalde, Enrique Pérez, confirmara la identidad de Ainara.
«La familia es muy querida y apreciada en el pueblo, han ido para Santander, son momentos duros», aseguraba el regidor, tras mandar el pésame a los fallecidos, que tenían «toda la vida por delante».
Nadie en Elvillar podía asumir que Ainara fuera una de los jóvenes involucrados en el accidente que se llevó por delante a seis de sus amigos.
Su familia se desplazó el mismo día del accidente por la noche rápidamente a la capital cántabra después de que la jueza de paz y el alguacil del pueblo les avisaran de lo sucedido. Su madre, su tía y su abuela viajaron desde Álava mientras que su hermana mayor viajó desde otra localidad vasca en la que reside.
Quiere ser veterinaria
Fue durante el curso 2024/25 cuando Ainara se afincó en Santander para estudiar el ciclo de técnico superior en Ganadería y asistencia en Sanidad Animal. Era su sueño dedicarse a este sector. «Desde pequeña quería ser veterinaria», han contado quienes la conocen. «Es una chavala majísima, siempre con una sonrisa e involucrada en el pueblo, como todos los que vivimos aquí. Ahora tenía más difícil volver, pero lo hacía a menudo».
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