Los ministros se vanagloriaban hace unos días de que el New York Times llevara en lugar destacado la regularización masiva de inmigrantes en España, que es justo el tipo de publicidad que cualquier Gobierno no quiere que le haga el periódico más leído del mundo. Nuestro país era retratado, con acierto, como un lugar que acoge a los inmigrantes y los regulariza aunque acaben de llegar de forma ilegal a su territorio, y era contrapuesto al resto de Europa y Estados Unidos, donde imperan políticas opuestas.
Aparecer así en un medio global de esa dimensión deja demasiado corto el concepto efecto llamada. España ha impulsado desde la pandemia una política de puertas abiertas que ha permitido la entrada de más de medio millón de inmigrantes al año y afronta ahora una regularización masiva que puede beneficiar a casi un millón de personas.
Sobre el impacto de esta política en la economía escribió ayer en profundidad Paco Pascual en este artículo. Ha habido beneficios y problemas y los seguirá habiendo, pero sobre todo se ha ido despertando en nuestro país el debate sobre la inmigración que antes observábamos en Europa desde la distancia.
Como destaca el New York Times, en España está ocurriendo algo único en Europa y casi que en todo Occidente. Mientras que en los demás países se buscan fórmulas para limitar la entrada de inmigrantes, repatriar a los que llegan de forma ilegal y corregir los efectos sociales y políticos indeseados que ha provocado el fenómeno, aquí se está haciendo todo lo contrario.
Hace ya 25 años que Giovanni Sartori nos advirtió sobre los riesgos de "la sociedad multiétnica" en un ensayo de referencia. Avisaba en aquellas páginas contra "una política que promueva las diferencias étnicas y religiosas", y rechazaba que el argumento económico tuviera que primer sobre el social o el cultural. Elementos que hoy, dos décadas y media después, el Gobierno recoge tal cual en la motivación de la reforma que acaba de aprobar, donde se justifica la regularización masiva como medio para "fomentar el crecimiento de la economía" y "por la diversidad cultural que aportan las personas extranjeras".
Sartori, con gran intuición, cuestionaba ya entonces las regularizaciones que se empezaban a producir en Europa, poniendo en duda que lograran la integración de los inmigrantes per se. Hoy sabemos, por las experiencias en otros países con segundas y terceras generaciones, que la conversión legal de los inmigrantes en ciudadanos no es, en efecto, suficiente para lograr una integración plena y, en algunos casos, ni siquiera parcial. Se requieren políticas específicas. Convertir al extranjero en ciudadano no le convierte en miembro de la comunidad nacional, sin más. Una realidad que tiene, por ejemplo, muy trastornado al independentismo catalán, que no sabe cómo enseñarle a su inmigración lo de Guifré el Pilós y el año 1714.
Veamos ocho datos que se deben tener en cuenta para comprender lo que está ocurriendo en España con la inmigración.
1. El aumento de habitantes
Desde la pandemia, España ha ganado casi dos millones de habitantes: de los 47,4 millones el 1 de enero de 2021 a los 49,1 millones el 1 de enero de 2025, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
El dato es realmente increíble en un país como el nuestro, con una tasa de fertilidad de las más bajas del mundo y una población cada vez más envejecida. España debería estar en el grupo de los países que pierden población o están estancados, pero la política de puertas abiertas con la inmigración ha provocado lo contrario.
La crisis demográfica europea ha llevado a que ocho países hayan perdido población en ese periodo 2021-2025, entre ellos algunos de los que han tenido gobiernos más duros contra la inmigración (Polonia, Hungría, Eslovaquia, Italia). En números absolutos, España es la campeona absoluta del crecimiento demográfico en la UE por mucha diferencia. En porcentaje de la población total, sólo nos superan países pequeños como Malta, Luxemburgo y Chipre, o medianos como Irlanda o la República Checa.
2. ¿Cuántos inmigrantes hay?
La pregunta no es tan fácil de responder como parece. A 1 de enero de 2025, el INE contabilizaba 9.464.210 personas residentes en España que habían nacido en otro país. Esta cifra incluye tanto a personas extranjeras como a las que ya han conseguido la nacionalidad española. Según esta estadística, el país de origen más numeroso es Marruecos, seguido de Colombia, Venezuela, Rumanía y Ecuador.
Sin embargo, los expertos coinciden en que este dato no refleja la totalidad y complejidad del fenómeno migratorio. El centro de análisis Funcas hizo un esfuerzo por cuantificarlo en su estudio Panorama Social 2024, donde abordaba, entre otras cuestiones, el número de hijos de inmigrantes que ya han nacido en España, pero que mantienen un vínculo cultural muy fuerte con los países de origen de sus padres. Las llamadas segundas y terceras generaciones. Funcas concluía que "la cifra de población de origen extranjero ascendería al 24,3% de la población residente en España". Una de cada cuatro personas.
3. ¿Y cuántos hay en el resto de Europa?
Eurostat, la oficina estadística de la UE, mantiene actualizados los datos en los 27 países de la Unión de personas residentes nacidas en otros países. En números absolutos, España ha crecido mucho en los últimos años y a 1 de enero de 2025 estaba a punto de superar a Francia, por lo que es muy posible que lo haya hecho ya. Eso nos colocaría en segundo lugar en el continente, sólo por detrás de Alemania.
En porcentaje de población, España se acerca al 20% (19,28% a 1 de enero de 2025), colocándonos en el grupo de países con más inmigración. Ahí están Alemania, Bélgica, Irlanda, Austria y Suecia, además de países pequeños como Luxemburgo, Malta o Chipre.
4. ¿Cuántos hay en situación irregular?
De nuevo, Funcas da una cifra más elevada del medio millón de personas que ha cuantificado el Gobierno. En un informe muy reciente, concluye que en enero de 2025 había 840.000 personas en situación irregular en España.
El informe explica que hay en nuestro país una "escasa planificación de la política migratoria, sin una estrategia clara sobre el volumen de inmigrantes ni sus características". Y deja un dato sorprendente: según sus cálculos, el 90% de los extranjeros en situación irregular proceden de América Latina. Esto sólo puede significar que la mayor parte de los que han llegado en los últimos años tienen ese origen.
5. La tasa de fertilidad
Uno de los elementos que el Gobierno esgrime como motivación de la regularización masiva es la baja natalidad en España. Esto es una realidad y una tendencia desde hace varias décadas. Con 1,24 hijos por mujer, según las proyecciones de la ONU para este 2026, España está a la cola de Europa, sólo superada por Malta (1,12), Italia (1,22) y Lituania (1,22).
La crisis de natalidad es general en todo el continente, donde ningún país alcanza el 2,1 de reemplazo. En el resto del mundo sólo empeoran los datos europeos algunos países de Asia, donde las políticas de hijo único de las décadas pasadas han solucionado algunos problemas demográficos, pero han provocado otros. En lugares como Corea (tasa de 0,76) o Taiwán (0,86) ha arraigado incluso una cultura antiniños muy extendida.
En España, los nacimientos tocan fondo año tras año, siendo el último dato, de 2024, el peor de la serie histórica: 318.005. Y eso que, de ellos, una cuarta parte son de madre extranjera. El impacto que una natalidad así tiene en un país en cuestiones como el gasto social o la escasez de trabajadores, y en otras menos tangibles como la innovación, el esfuerzo, la vitalidad y el riesgo, propias de las personas jóvenes, es enorme y aún no lo percibimos en toda su dimensión.
6. Los países que nos rodean
La natalidad está bajando en todo el mundo, pero no lo hace al mismo ritmo. La tasa de fertilidad en Marruecos es del 2,16, en Argelia del 2,62 y en Venezuela del 2,04, por citar tres de los países de los que parte mucha inmigración con destino a España. Por debajo del Sáhara siguen muy altas, como el 4,20 en Nigeria o el 5,64 de Níger.
Las proyecciones de población para el África subsahariana son enormes, mientras que las de Europa vaticinan una pérdida constante de habitantes. Según las estimaciones de la ONU, el Magreb ganará 100 millones de personas de aquí a 2050 y el África Occidental, 270 millones. Por su parte, América del Sur ganará 30 millones. En Europa, la estimación es que pierda 41 millones de habitantes, de los que 15 millones serán del sur del continente, donde nos hallamos.
Eso son muchas personas en sitios cercanos y pobres, y menos personas en los sitios ricos en los que vivimos. Es más que previsible que muchos millones de personas seguirán intentando llegar a Europa.
7. Preocupación creciente
Un asunto importante con las políticas de puertas abiertas con la inmigración es que las decisiones se puedan estar tomando en contra de lo que quiere la sociedad. Aunque los números económicos digan que puede ser mejor para ella, ¿qué se hace si la gente simplemente no quiere que haya más inmigrantes en su pueblo?
El pasado verano, Sigma Dos preguntó sobre estos asuntos de forma explícita. Una mayoría del 47,8% afirmaba que en España "hay demasiados inmigrantes", mientras que el 26,2% veía un número adecuado y sólo un 18,5% decía que necesitamos más.
Había interesantes diferencias en las respuestas por género (las mujeres eran más reacias), edad (los jóvenes más permisivos), nivel socioeconómico (la clase media estaba más en contra) y había porcentajes muy altos de "demasiados inmigrantes" en los municipios de más de 100.000 habitantes que no son capitales de provincia o de autonomía. Es decir, los cinturones industriales, con localidades como Getafe, Torrejón, Parla, Hospitalet, Badalona o Elche, donde se concentra mucha inmigración.
8. Sólo sube Vox
Vox es el único partido que sube en las encuestas. Es así en la de Sigma Dos que publicamos todos los meses en EL MUNDO y en todas las demás. El resto de partidos están por debajo de su resultado en las elecciones de 2023. El PP está subiendo en las elecciones autonómicas (lo hizo en Extremadura y parece que lo hará en Aragón), pero no lo hace a nivel nacional. Y en algunos sitios han irrumpido algunos partidos con fuerza, como Aliança Catalana, que a efectos de lo que tratamos aquí hoy viene a ser lo mismo que Vox.
No está claro que haya una vinculación directa entre un rechazo creciente de la población hacia la inmigración y un aumento de los votos a Vox, ni tampoco que el auge de Vox se deba a este asunto o que siquiera esté entre los motivos principales. Pero es indiscutible que es el partido con un discurso más duro contra la inmigración y el que transmite más credibilidad de que realmente hará algo para frenarla. Así que, como mínimo, esta posición no genera rechazo.