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La subida del gas por la guerra en Oriente Próximo eleva la inflación y pone en riesgo el crecimiento económico de las principales potencias industriales europeas.
La guerra en Oriente Próximo hizo subir el precio del gas natural en Europa hasta su nivel más alto desde 2023 esta semana, dejando al continente ante el peligro de otra crisis energética cuatro años después de la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
Debido a que el transporte marítimo a través del crucial estrecho de Ormuz está paralizado y a que los ataques iraníes contra Catar han obligado al segundo mayor proveedor mundial de gas natural licuado (GNL) a detener la producción,el precio del gas natural en Europa ha subido un 70% desde el viernes 30 de enero.
"Es un golpe doble. Europa apenas está saliendo de una crisis energética industrial y ahora nos espera la siguiente", declara Henning Gloystein, experto en energía de Eurasia Group.
El miércoles, un buque que transportaba GNL con destino a Francia fue el primer cargamento del océano Atlántico en desviarse hacia Asia, lo que indica que existe una creciente competencia de las economías asiáticas por abastecerse.
El aumento de la competencia por los cargamentos de GNL se produce en un momento en que un invierno particularmente frío ha agotado las reservas europeas de gas.
Reservas mermadas
"Las reservas nunca han estado tan bajas a estas alturas del año. Ahora hay que empezar a recargar los depósitos de gas para el próximo invierno. Si eso sucede a estos precios, supondrá una enorme carga para Europa", señala Simeone Tagliapetra, miembro del grupo de expertos Bruegel.
Según datos de Gas Infrastructure Europe, las reservas en todo el bloque están a menos del 30% de su capacidad, en comparación con la media de los últimos cinco años de alrededor del 45% para esta época del año.Las reservas de Holanda, Suecia, Croacia y Letonia son especialmente bajas.
Un funcionario de la UE ha declarado que sería posible recargar los depósitos al 90% antes del próximo invierno y que los Estados miembros no instaron a tomar medidas coordinadas para limitar los precios durante una reunión celebrada el miércoles por la mañana.
El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, insistió el martes en que Países Bajos no corre el riesgo de quedarse sin gas, aunque afirmó que estaba analizando medidas de apoyo, sin especificar cuáles eran: "El objetivo principal es llenar las reservas de gas lo antes posible".
Según un experto veterano en el campo de la energía, normalmente se retira poco gas de las instalaciones de almacenamiento de la UE después de finales de marzo; debido a las condiciones climáticas cálidas actuales prácticamente ya no se está retirando más.
Desde 2022, la UE ha diversificado su suministro y ya no depende del gas ruso, sino que importa cantidades mucho mayores de gas estadounidense y se abastece más de Noruega. Europa sólo obtiene alrededor del 10% de su GNL de Catar. Sin embargo, si la competencia por el suministro en otros países continúa haciendo subir los precios, la inflación podría aumentar considerablemente y frenar el crecimiento económico, especialmente en Italia y Alemania, que dependen más de las importaciones de GNL.
Inflación
Incluso antes del aumento repentino del precio del gas esta semana, la inflación anual en la eurozona se disparó hasta el 1,9% en febrero, una cifra superior a la esperada.
Philip Lane, economista jefe del Banco Central Europeo, ha advertido de que una guerra prolongada en Oriente Próximo podría provocar "un aumento sustancial de la inflación debido a la energía y una gran caída de la producción", aunque el precio del gas en Europa, que ronda los 54,50 euros/MWh, se mantiene muy por debajo del máximo de 340 euros/MWh alcanzado en 2022.
Según analistas de Rystad, una opción extrema para incrementar el suministro de gas a Europa sería aumentar las importaciones desde Rusia,aunque la UE tenía previsto implantar gradualmente una prohibición de las importaciones de GNL ruso a partir de abril, comenzando con los contratos a corto plazo y abarcando todos los contratos a finales de año.
Sin embargo, Estados Unidos se opondría a la propuesta, ya que sus exportaciones de GNL a Europa han aumentado desde la reducción del suministro ruso, lo que hace que sea "extremadamente improbable que se apruebe", según Rystad. El miércoles, el presidente ruso Vladímir Putin amenazó con cortar los suministros rusos ante la prohibición de la UE, aunque luego afirmó que simplemente estaba "pensando en voz alta". En cambio, el conflicto podría hacer que Europa importara más gas de Estados Unidos.
Si la situación continúa, los analistas prevén que los gobiernos nacionales europeos recurrirán a otras medidas para controlar los precios, aunque muchas opciones las pondrían en conflicto directo con los objetivos climáticos de Europa.
Las eléctricas podrían realizar una transición a corto plazo del gas al carbón en algunas centrales, como hizo Alemania durante la crisis energética de 2022. Europa también podría utilizar un recurso que faltaba tras la invasión rusa de Ucrania: la energía nuclear francesa.
Aproximadamente la mitad de los 56 reactores nucleares franceses operados en 2022 por EDF tuvieron que cerrarse para realizar inspecciones y sustituir tuberías y conductos debido a un problema de grietas, lo que provocó que la producción bajara a mínimos de varios años. Esto obligó a Francia a importar electricidad de países que utilizan gas para generarla y contribuyó a la escalada de precios.
La primera ministra italiana Giorgia Meloni ya había propuesto antes de la guerra de Irán recortar el gasto eliminando el precio del carbono de los precios mayoristas de la electricidad en respuesta a la presión de la industria italiana.
Mientras la Comisión está analizando esta medida, Peter Liese, eurodiputado alemán con experiencia en política climática, espera que la Comisión muestre moderación a la hora de aplicar sus normas sobre ayudas estatales si los precios altos persisten: "Europa siempre ha sido flexible en tiempos de crisis".
Otra opción sería retrasar la ampliación prevista del sistema europeo de comercio de emisiones, su programa insignia para aumentar los precios del carbono. Bruselas está preparando medidas para poner fin a la concesión gratuita de derechos de emisión de carbono a la industria pesada como parte de sus objetivos de fomentar la fabricación ecológica y alcanzar el nivel de emisiones netas cero de carbono en 2050, pero ya se ha enfrentado a una férrea oposición de la industria y la guerra en Oriente Próximo ha incrementado esta oposición.
Alerta
Según un portavoz del productor alemán de fertilizantes SKW Piesteritz, el aumento de los precios es una señal de alerta para Europa, por lo que "deben reducirse las cargas a los productores europeos de fertilizantes, como eliminar la producción de amoníaco del sistema de comercio de emisiones de la UE".
Según Liese, "la Comisión está planeando una modificación muy ambiciosa de los índices de referencia para abril de este año que reduciría drásticamente los derechos de emisión gratuitos. Yo estoy firmemente a favor de un enfoque más moderado".
Aunque funcionarios europeos afirman que no se prevén medidas inmediatas para abordar los altos precios, el tema está en la agenda de las próximas reuniones en Bruselas. Creen además que el último aumento del precio de la energía demuestra que es necesario modificar la estrategia sobre la electrificación, construir más infraestructuras de redes y utilizar fuentes de energía más limpias para reducir la influencia del gas en los precios.
"La situación pone de manifiesto la necesidad de reforzar la autosuficiencia energética de Europa y ser menos dependientes de los combustibles fósiles. Este es un nuevo ejemplo de que si un país o una región dependen de los combustibles fósiles, siempre estarán sujetos a los vaivenes en los precios", concluye Liese.
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