- ANDRÉS MORENO
Patek Philippe abre su primera boutique en España. La encontramos en el número 62 de la madrileña calle Serrano, gestionada en colaboración con la familia Suárez, socios de la firma ginebrina desde hace más de medio siglo. En un futuro próximo llegará el local de Barcelona.
En Patek Philippe se toman el tiempo muy en serio, y no solo nos referimos a la extraordinaria calidad de sus relojes. El tiempo hay que medirlo, pero también disfrutarlo, admirando los diseños, observando los perfectos acabados de sus mecanismos y aprendiendo sus complejidades técnicas de la mano de un experto. Por esta razón, para la familia Stern, propietaria de la manufactura ginebrina desde 1932, el placer de tener un Patek Philippe comienza desde el mismo momento en que se atraviesa la puerta con el sueño de adquirir uno de sus relojes.
Se trata de una liturgia que todo el equipo de la firma conoce bien y que desea cuidar con el mismo mimo que muestran en la producción de cada una de sus creaciones. La tarea implica un gran esfuerzo si tenemos en cuenta que la producción de Patek Philippe es bastante exigua: 72.000 relojes que deben repartirse entre los 273 puntos de venta internacionales de la marca. Una vez fabricados los relojes, el gran trabajo de sus responsables consiste en lograr la distribución más eficiente y contar con las personas adecuadas para ilustrar a los clientes.
En la entrada encontramos expositores de referencias y las mesas individuales donde ver los relojes con detenimiento.La gran mayoría de estos puntos de venta corresponden a joyerías donde los relojes de la manufactura se integran en una oferta conjunta con otras marcas. El siguiente escalón consiste en la apertura de una boutique monomarca, con personal y oferta dedicados en exclusiva a Patek Philippe. La casa cuenta con alrededor de 40 de estas boutiques en todo el mundo y acaba de inaugurar la última de ellas en Madrid. Es la segunda en la Península Ibérica -Lisboa abrió su propia boutique de Patek Philippe en otoño de 2024- y el plan se completará pronto con la esperada inauguración del establecimiento de Barcelona, ubicado en los bajos del Mandarin Oriental Residences, en la esquina del paseo de Gracia con la avenida Diagonal.
En cuanto al establecimiento madrileño, resulta difícil encontrar hoy en día una ubicación mejor en el cotizado mercado inmobiliario de la capital: el número 62 de la calle Serrano, casi esquina con Don Ramón de la Cruz. Se trata de un emplazamiento bien conocido por la clientela de lujo local, al haber sido una de las sedes tradicionales de la joyería Suárez desde 1990. Este cambio de actividad se explica por una de las peculiaridades de la política comercial de la casa. A diferencia de otros competidores, Patek Philippe prefiere establecer acuerdos de colaboración con socios locales.
Uno de los salones VIP de la planta inferior, un espacio para coleccionistas, decorado con reproducciones de los esmaltes de los relojes Dome de Patek Philippe.La razón la aporta Thierry Stern, presidente de la firma suiza, que ha venido a la boutique madrileña para su inauguración: "Es una decisión lógica. Ellos conocen mucho mejor el país y a los clientes. Además, para nosotros es imposible tener boutiques propias en todos los lugares. No tenemos tanto capital y hacerlo así supondría un gran riesgo para la empresa en el futuro, si el mercado comenzara a declinar", explica Stern. En cualquier caso, la apuesta por Madrid es firme y responde a un proyecto que lleva más de tres años de desarrollo. "Es una ciudad en plena evolución. Lo hemos sopesado mucho y realizado numerosos cálculos. No se invierte tanto dinero en una boutique como esta si no se tienen claros los objetivos", añade el directivo.
Puestos a colaborar, la elección de Suárez resultaba obvia. Ambas compañías trabajan juntas desde 1975 y comparten valores como la independencia y la herencia familiar. La confianza de la familia Stern en los Suárez es máxima y con ellos han ensayado fórmulas que en su momento fueron innovadoras, como la primera tienda Patek Philippe dentro de tienda, abierta en 1997. Aunque el proyecto de la nueva boutique va, sin duda, un paso más allá.
Etapas
Como ocurre con sus relojes, la boutique madrileña de Patek Philippe esconde una soberbia puesta en escena tras la discreción de su fachada. Las puertas dan paso al área principal, con mostradores individuales pensados para exhibir las últimas novedades. Unos pasos más hacia el interior nos conducen a las tres salas VIP destinadas a coleccionistas. Aquí, la decoración de obra artística original se combina con reproducciones a gran escala de los famosos esmaltes de los relojes Dome de la manufactura ginebrina.
En la planta superior, donde antes estaba el despacho de Emiliano Suárez, ahora hay un amplio salón con bar, ideal para reuniones y eventos.Si pensamos que ya hemos visto suficientes relojes, nada mejor que subir al salón de la planta superior, donde el espacio que antes ocupaba la oficina de Emiliano Suárez ha sido sustituido por un luminoso bar en el cual relajarse. En total, son 350 m2 distribuidos entre las dos plantas.
Los distintos espacios invitan al visitante a tomarse su tiempo para descubrir y comparar las diferentes referencias de la casa. Lógicamente, la oferta disponible ha crecido de manera notable con respecto a la que tenían los clientes en la anterior tienda de Suárez. Aun así, encontrarán una selección todavía mayor en algunos de los salones que Patek Philippe tiene abiertos en Ginebra, París y Londres, a los que se suman las dos maisons de Shanghai y Pekín.
Estos cinco establecimientos tienen en común el estar gestionados directamente por la firma y ser los únicos puntos de venta en los que se pueden ver y probar todas las referencias de Patek Philippe. "Admirar, lo que no implica necesariamente poder adquirirlas en el momento", puntualiza Stern. La elevada demanda de sus piezas más codiciadas supone, en algunos casos, listas de espera. Son relojes que exigen paciencia, que no es sino otra forma de saber apreciar el valor del tiempo.
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