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Pocos y mal avenidos hasta final de legislatura

Pocos y mal avenidos hasta final de legislatura
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El PNV se distancia también del gobierno por un meme de los socialistas vascos en el que aitor esteban se tira a una piscina. Sánchez queda totalmente aislado hasta el final de la legislatura por las discrepancias irreparables de quienes le llevaron al poder. Leer
AnálisisPocos y mal avenidos hasta final de legislaturaActualizado 30 ABR. 2026 - 01:04La portavoz de Junts en el Congreso. Míriam Nogueras, y el presidente del PNV, Aitor Esteban.LUIS TEJIDOEXPANSION

El PNV se distancia también del gobierno por un meme de los socialistas vascos en el que aitor esteban se tira a una piscina. Sánchez queda totalmente aislado hasta el final de la legislatura por las discrepancias irreparables de quienes le llevaron al poder.

Alrededor de uno de cada cuatro proyectos que el Gobierno ha enviado al Congreso durante esta legislatura ha sido rechazado por falta de apoyos. Y, de ese exiguo porcentaje que ha pasado el filtro, una parte importante ha contado también con al apoyo del Partido Popular porque se trataba de temas menores de consenso general que no planteaban problema. Los socios que hicieron posible la investidura de Pedro Sánchez (PSOE, Sumar, Podemos, Bildu, ERC, PNV y Junts), a los que el presidente trató de agrupar bajo su eslogan de un Gobierno de progreso, apenas han sido capaces de ponerse de acuerdo en nada sustancial a la hora de definir los pasos que hay que dar para progresar, lo que ha creado un clima irrespirable en su relación. Y nada hace pensar que esto vaya a mejorar de aquí a que se celebren de nuevo elecciones generales sino todo lo contrario.

Lo que ya se percibe es que, a medida que se acerca el fin del mandato, crecen los reproches, se agudizan las malas formas y las traiciones, y las palabras gruesas empiezan a ser la norma entre unos socios irreconciliables que discrepan ideológicamente. En los últimos días esta dinámica destructiva en el ecosistema que aún sostiene al Gobierno se ha hecho demasiado patente. Hace solo unas horas el Partido Nacionalista Vasco ha anunciado el distanciamiento total con el Gobierno como consecuencia de un meme elaborado con inteligencia artificial por los socialistas vascos en el que aparecía el presidente del PNV, Aitor Esteban, tirándose vestido a una piscina. ¿Por qué los nacionalistas han convertido en motivo de guerra lo que en otras circunstancias sería casi una inocente anécdota? La única respuesta es el agotamiento de la relación, que hace que los hipotéticos socios tengan ya muy pocas cosas de qué hablar. En realidad lo que en el PNV más ha dolido es que los socialistas vascos, en un mensaje que interpretan como un inicio de las hostilidades, les definan como meros imitadores de Bildu, el grupo que aspira a ser pronto su sucesor en Euskadi. La iniciativa socialista es para el PNV una declaración de intenciones que pone fin al pacto de no agresión y apoyo mutuo en el que se sustenta el Gobierno de los nacionalistas en el País Vasco y el de Sánchez en Madrid. Que el PNV no haya apoyado la norma preimpulsada por Sumar para congelar los alquileres ha causado dolor en un Gobierno que no encuentra ya ni la mínima señal de empatía entre sus socios.

El distanciamiento ahora del PNV es solo una calamidad más para un Ejecutivo que se siente ya inoperante. Casi desde el principio de la legislatura el Gobierno tiene rotas sus relaciones con Podemos por una discrepancia total en sus políticas. Más tarde fue Junts el que se desengancho, una vez que comprobó que el Gobierno era incapaz de materializar la amnistía a Puigdemont. Junts amaga constantemente desde hace meses con romper, cosa que no hace, pero boicotea todas las normas consideradas básicas que el Gobierno propone, empezando por los presupuestos. El rechazo de los nacionalistas catalanes a la reducción de la jornada laboral que proponía Sumar fue también un punto de inflexión que ha envenenado irremediablemente la relación entre Yolanda Díaz y los nacionalistas. Y hace solo unos días la vicepresidenta segunda calificaba a la formación que dirige Carles Puigdemont como proyecto "racista y clasista", quemando ya el último puente. En estos adjetivos de Díaz pesaba ya el rechazo manifiesto de Junts a su último intento por congelar los alquileres.

Sumar, en la calle

En este contexto de descomposición es en el que Yolanda Díaz ha llamado a la gente a movilizarse en la calle contra la no convalidación de su decreto para congelar los alquileres. Es la primera vez que un miembro del Gobierno llama desde su privilegiada posición a la desobediencia civil. ¿No sería mejor convocar elecciones que apelar a la furia de la calle? La razón por la que desde el Gobierno apelan a la calle y no a las urnas es porque saben que tienen suficientes seguidores como para crispar el ambiente, pero no suficientes votantes para ganar unas elecciones.

Ni la ausencia de presupuestos, ni la falta de acuerdos, ni los enfrentamientos crecientes entre los socios que han convertido el entorno del Gobierno en un gallinero van a propiciar un adelanto electoral porque Sánchez no lo desea, pero de aquí al final de la legislatura se va a decretar el sálvese quien pueda. Hace solo unos días el presidente acusaba al PP y a Vox de vulnerar la Constitución por desarrollar en Extremadura su idea de la "prioridad nacional". El mismo Sánchez que va a finalizar solo la legislatura sin haber aprobado ni un solo ejercicio los presupuestos.

aki Garay. Director adjunto de Expansión

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Fuente original: Leer en Expansión
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