Fuente de la imagen, EPA
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Jeremy Bowen
- Título del autor, Editor internacional
- 5 enero 2026, 08:23 GMT
Con la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, Donald Trump ha demostrado con más fuerza que nunca su fe en el poder de su voluntad, respaldada por la fuerza militar bruta de los Estados Unidos. Por orden suya, EE.UU. tiene a Maduro entre rejas y ahora "dirigirá" Venezuela.
El presidente estadounidense hizo el anuncio en una extraordinaria rueda de prensa con enormes implicaciones para la política exterior de EE.UU. a nivel mundial desde su residencia en Florida, Mar-a-Lago.
Trump afirmó que Estados Unidos estará a cargo en Venezuela "hasta el momento en que podamos realizar una transición segura, adecuada y juiciosa".
Dijo que su secretario de Estado, Marco Rubio, había hablado con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, quien le habría dicho: "Haremos lo que necesiten... Ella, creo, fue bastante amable, pero realmente no tiene otra opción".
Trump dio pocos detalles. Afirmó que "no tememos desplegar tropas sobre el terreno si es necesario".
Pero, ¿realmente cree que puede gobernar Venezuela por control remoto? ¿Será suficiente esta demostración de que respaldará sus palabras con acciones militares, alabada profusamente en Mar-a-Lago tanto por Marco Rubio como por el Secretario de Defensa Pete Hegseth, para transformar Venezuela e intimidar a los líderes latinoamericanos para que se sometan?
Todo indica que él cree algo parecido.
La evidencia sugiere que no será algo fácil ni fluido.
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Final de Más leídas
El respetado centro de pensamiento International Crisis Group advirtió en octubre que la caída de Maduro podría derivar en violencia e inestabilidad en Venezuela.
Ese mismo mes, The New York Times informó que funcionarios diplomáticos y de defensa de la primera administración Trump habían realizado simulacros de guerra sobre lo que podría suceder si Maduro caía. Su conclusión fue la perspectiva de un caos violento mientras facciones armadas competían por el poder.
La destitución y el encarcelamiento de Nicolás Maduro es una asombrosa afirmación del poder militar estadounidense.
EE.UU. reunió una gran armada frente a Venezuela y logró su objetivo sin perder una sola vida estadounidense.
Fuente de la imagen, Christian Monterrosa / Getty
Pie de foto,Un historial desastroso
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Episodios
Fin de Podcast
Maduro había ignorado la voluntad del pueblo venezolano al desestimar su propia derrota electoral y, sin duda, su salida será celebrada por muchos de sus ciudadanos. Pero las implicaciones de la acción estadounidense resonarán a futuro, mucho más allá de las fronteras de Venezuela.
El ambiente en la rueda de prensa de Mar-A-Lago era triunfalista, mientras Trump y su equipo celebraban lo que fue, indiscutiblemente, una operación de manual llevada a cabo por fuerzas estadounidenses altamente profesionales. La operación militar es solo la primera etapa.
El historial de Estados Unidos logrando cambios de régimen por la fuerza en los últimos 30 años es desastroso. El seguimiento político es lo que determina el éxito o el fracaso del proceso. Irak descendió a una catástrofe sangrienta tras la invasión de 2003. En Afganistán, dos décadas y miles de millones de dólares invertidos en el intento de reconstrucción nacional fueron barridos en cuestión de días tras la retirada de EE.UU. en 2021.
Ninguno de esos países estaba en el "patio trasero" de EE.UU. Sin embargo, los fantasmas de intervenciones pasadas en América Latina y la amenaza de otras por venir no son mucho más prometedores.
Trump estrenó un nuevo apodo, la "Doctrina Donroe", para la declaración hecha por el presidente James Monroe en 1823, que advertía a otras potencias de no interferir en la esfera de influencia estadounidense en el hemisferio occidental.
"La Doctrina Monroe es algo importante, pero nosotros la hemos superado por mucho", dijo Trump en Mar-A-Lago. "Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado", proclamó.
Dijo que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, tenía que "cuidarse el trasero". Más tarde, comentó a Fox News que "algo habrá que hacer con México". Cuba está indudablemente también en la agenda de EE.UU., impulsada por Rubio, cuyos padres son cubano-estadounidenses.
Estados Unidos tiene un largo historial de intervención armada en América Latina. Yo estaba en Haití en 1994 cuando el presidente Bill Clinton envió a 25.000 soldados y dos portaaviones para imponer un cambio de régimen. Entonces, el régimen haitiano se desmoronó sin disparar un solo tiro. Lejos de marcar el inicio de un futuro mejor, los 30 años transcurridos desde entonces han sido un período de miseria casi ininterrumpida para el pueblo haitiano. Haití es ahora un Estado fallido dominado por bandas armadas.
Donald Trump habló de "hacer a Venezuela grande otra vez", pero no sobre la democracia. Descartó la idea de que la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, galardonada con el Nobel de la Paz 2025, deba liderar el país. "Creo que sería muy difícil para ella ser la líder, no tiene el apoyo... No tiene el respeto". No mencionó a Edmundo González, a quien muchos venezolanos consideran el legítimo ganador de las elecciones de 2024.
En su lugar, Estados Unidos, al menos por el momento, ha dado su respaldo a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez. Aunque debió existir algún tipo de colusión interna que otorgó al ejército estadounidense la información privilegiada necesaria para deponer a Maduro, el régimen creado por su predecesor, Hugo Chávez, parece estar intacto.
Es poco probable que las fuerzas armadas venezolanas, a pesar de la humillación que sus generales puedan sentir por su incapacidad para oponerse al ataque estadounidense, acepten los planes de Washington.
Los militares y los partidarios civiles del régimen se han enriquecido a través de redes de corrupción que no querrán perder. El régimen ha armado a milicias civiles, y Venezuela cuenta con otros grupos armados. Estos incluyen redes criminales, así como guerrillas colombianas que respaldaron al régimen de Maduro a cambio de refugio.
Fuente de la imagen, Pedro Mattey/ AFP
Pie de foto,Recursos naturales
La intervención de Estados Unidos en Venezuela pone de relieve algunos de los pilares fundamentales de la cosmovisión de Trump. Él no oculta la forma en que codicia la riqueza mineral de otros países. Ya ha intentado extraer beneficios de los recursos naturales de Ucrania a cambio de asistencia militar.
Trump no esconde su deseo de controlar las enormes reservas minerales de Venezuela, ni su creencia de que las petroleras estadounidenses deben resarcirse ahora del robo que, según él, sufrieron con las expropiaciones ordenadas por el fallecido presidente Hugo Chávez.
"Vamos a extraer una cantidad tremenda de riqueza del suelo, y esa riqueza irá para el pueblo de Venezuela, y para la gente de fuera de Venezuela que solía estar en Venezuela, y también irá a los Estados Unidos de América en forma de reembolso", dijo Trump.
Esto profundizará los temores en Groenlandia y Dinamarca de que el presidente gire su mirada hacia el norte tanto como hacia el sur. Estados Unidos no ha abandonado su deseo de absorber Groenlandia, tanto por su posición estratégica en el Ártico como por los recursos naturales que contiene, que se están volviendo más accesibles a medida que su hielo se derrite debido al calentamiento global.
La operación contra Maduro también supone otro duro golpe a la idea de que la mejor manera de dirigir el mundo es seguir un conjunto de reglas acordadas, tal como se establece en el derecho internacional. Esa idea ya estaba maltrecha antes de que Donald Trump asumiera el cargo, pero él ha dejado claro repetidamente, tanto en EE.UU. como a nivel internacional, que cree que puede ignorar las leyes que no le gustan.
Los aliados europeos, desesperados por no enfurecerlo, se esfuerzan en encontrar formas de decir que apoyan la vigencia del derecho internacional sin condenar el hecho de que la operación contra Maduro es una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas.
La justificación de EE.UU. de que su ejército simplemente estaba ayudando en la ejecución de una orden de arresto contra un capo de la droga que se hacía pasar por presidente de Venezuela es débil, especialmente dadas las declaraciones de Trump de que EE.UU. controlará ahora el país y su industria petrolera.
Pocas horas antes de que Maduro y su esposa fueran capturados, él se había reunido con diplomáticos chinos en su palacio en Caracas. China condenó la acción estadounidense, afirmando que "los actos hegemónicos de EE.UU. violan gravemente el derecho internacional y la soberanía de Venezuela, y amenazan la paz y la seguridad en América Latina y la región del Caribe". Añadió que EE. UU. debería "dejar de violar la soberanía y la seguridad de otros países".
Aun así, China podría ver un precedente sentado por la acción de EE.UU. Pekín considera a Taiwán como una provincia rebelde y ha declarado que devolverla al control de Pekín es una prioridad nacional.
En Washington, ese es ciertamente el temor del vicepresidente demócrata del Comité de Inteligencia del Senado, el senador Mark Warner. Emitió un comunicado diciendo que los líderes de China y otros estarán observando de cerca.
"Si Estados Unidos reclama el derecho a utilizar la fuerza militar para invadir y capturar a líderes extranjeros a los que acusa de conducta criminal, ¿qué impide que China reclame la misma autoridad sobre el liderazgo de Taiwán? ¿Qué detiene a [el presidente ruso] Vladimir Putin de alegar una justificación similar para secuestrar al presidente de Ucrania? Una vez que se cruza esta línea, las reglas que contienen el caos global comienzan a colapsar, y los regímenes autoritarios serán los primeros en explotarlo".
Donald Trump parece creer que él dicta las reglas, y que lo que se aplica a EE.UU. bajo su mando no significa que otros puedan esperar los mismos privilegios. Pero así no es como funciona el mundo del poder. Sus acciones al inicio de 2026 apuntan a otros 12 meses de turbulencia global.
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