Fuente de la imagen, BBC/Serenity Strull
Pie de foto, Información del artículo- Autor, Becca Warner
- Título del autor, BBC Future
- Fecha de publicación 9 horas
El contacto directo con la tierra, la hierba, los árboles o el musgo aporta numerosos beneficios para la salud, tanto para nuestra piel como para el sistema inmunitario en general.
Todos los días, casi religiosamente, doy un largo paseo por el parque más cercano a mi casa.
Allí puedo contemplar una gran variedad de especies de árboles y disfrutar de flores fragantes que cambian constantemente con la primavera, todo ello acompañado por el alegre canto de los pájaros.
La experiencia sensorial suele limitarse a eso: por más que se me ensucien los zapatos, casi siempre vuelvo a casa con las manos limpias.
Sin embargo, las investigaciones sugieren que tocar los árboles, los arbustos y la tierra por los que paso habitualmente tiene ventajas importantes.
Mira Grönroos, ecóloga e investigadora sobre la relación entre naturaleza y salud en el Instituto Finlandés de Medio Ambiente, pidió a varios participantes que se frotaran las manos con tierra, turba y musgo durante 20 segundos como parte de un experimento.
La ecóloga descubrió que la abundancia y variedad de microbios en la piel aumentaba, incluso después de enjuagarse las manos con agua del grifo.
"A simple vista las manos parecían limpias, pero el cambio fue enorme", dijo.
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La idea de tener más bacterias en la piel puede no resultar atractiva. No obstante, cuando existe una mezcla rica de microbios que conviven, estos se mantienen mutuamente bajo control y nos protegen frente a bacterias patógenas más nocivas.
Cada vez hay más estudios que demuestran que el contacto con elementos naturales, como la tierra y las plantas, es una forma sencilla de aumentar la diversidad microbiana de nuestra piel, lo cual beneficia no solo a la piel misma, sino también a nuestro sistema inmunológico.
Veinte segundos no es mucho tiempo. Yo misma me detendría con gusto durante un paseo para tocar la corteza de un árbol o sentarme en la hierba.
Sin embargo, un tiempo mayor sería mucho mejor, precisó Grönroos, ya que en su experimento "la microbiota cutánea recuperaba muy rápidamente un estado similar al que tenía antes".
Los resultados sugieren que el contacto prolongado o frecuente de la piel con la naturaleza podría alterar significativamente lo que ocurre en nuestra piel y en nuestro organismo.
Jugar en el barro
Tener las manos sucias de barro es lo habitual para los niños de la guardería Aurinkolinna, en el centro de Finlandia.
Pasan al menos un par de horas al día jugando al aire libre en un patio arbolado, corriendo entre arbustos y árboles, trepando por cuerdas, construyendo castillos de arena, chapoteando en los charcos y tomando en sus manos puñados de tierra y virutas de madera.
Al final de la jornada, están cubiertos de barro de la cabeza a los pies.
Actualmente los científicos estudian cómo esto podría beneficiar su salud.
Mediante el análisis de los microbios presentes en la piel, la saliva y las heces de los niños, así como de muestras de sangre y cabello, los investigadores están averiguando qué sucede con su sistema inmunológico a lo largo de tres años cuando se incorpora la naturaleza a los patios donde juegan a diario.
Aurinkolinna es una de las 43 guarderías de Finlandia que participan en el proyecto de investigación Vahvistu, el cual se basa en un estudio reciente de dos años dirigido por la científica ambiental Marja Roslund.
Entre 2016 y 2017, Roslund llevó suelo forestal al patio de una guardería -incluyendo turba y cajones de cultivo- y midió el impacto en la piel, la saliva y las bacterias intestinales de los niños pequeños tras jugar allí regularmente durante 28 días, y nuevamente un año después.
En comparación con los niños que jugaban en un patio pavimentado, aquellos que lo hacían sobre suelo forestal presentaban una mayor diversidad microbiana en la piel un año más tarde.
Esta diversidad es fundamental para la salud de nuestra piel. Aumentar la variedad de bacterias cutáneas puede evitar que las bacterias patógenas se vuelvan dominantes, manteniendo así el equilibrio de la comunidad microbiana, explicó Roslund.
"La enfermedad es como un dictador, mientras que una piel sana es como una democracia".
La investigación de Roslund reveló una menor presencia de patógenos potenciales en la piel de los niños cuando estos jugaban sobre el suelo del bosque; esto se debe probablemente a que la cantidad y diversidad de otros microbios desplazan a estas bacterias "nocivas".
"Al haber tanta abundancia de otros microorganismos, queda menos espacio para los patógenos", afirmó.
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Pie de foto,Piel sana, cuerpo sano
Cuidar nuestra piel conlleva también beneficios que van mucho más allá. La salud cutánea puede influir en la actividad hormonal, las enfermedades cardiovasculares e incluso la función cognitiva.
En particular, las investigaciones empiezan a demostrar que la exposición de la piel a una gran variedad de bacterias puede repercutir en nuestro sistema inmunológico.
Roslund pidió a un grupo de niños pequeños que jugaran en un espacio con arena enriquecida con tierra de gran diversidad microbiana, mientras que otro grupo jugaba en arena de aspecto idéntico, pero con menor diversidad de microbios.
Como cabía esperar, la diversidad de ciertas bacterias en la piel de los niños aumentó cuando jugaron en la arena rica en microorganismos.
Asimismo, se observaron cambios en los marcadores inmunológicos -denominados citocinas- presentes en las muestras de sangre de estos niños.
Dichos cambios favorecen la inmunorregulación; es decir, la capacidad del sistema inmunológico para combatir amenazas sin llegar a hiperactivarse.
Estos y otros hallazgos similares fueron los que inspiraron el proyecto Vahvistu.
En Aurinkolinna, fondos públicos permitieron transformar el patio: ahora cuenta con virutas de madera en lugar de grava, una zona de arena más amplia y senderos de madera, todo ello integrado entre los abedules y pinos que ya estaban allí.
La investigación que respalda el proyecto Vahvistu apoya la llamada "hipótesis de la biodiversidad": la idea de que el aire, las plantas y el suelo ricos en una gran variedad de microbios influyen significativamente en el microbioma humano y, por ende, en nuestra salud.
Desde hace tiempo se sugiere que la pérdida de biodiversidad en nuestro entorno podría estar detrás del actual aumento de las afecciones relacionadas con el sistema inmunológico, y la investigación de Roslund podría ayudar a explicar cómo y por qué sucede esto.
Ella descubrió que una familia de bacterias en particular, las gammaproteobacterias, desempeña un papel fundamental.
La diversidad de gammaproteobacterias en la piel de los niños aumentaba cuando jugaban en el patio que imitaba el suelo del bosque.
Este incremento se asoció a una mayor presencia de linfocitos T reguladores -glóbulos blancos que ayudan a controlar y equilibrar el sistema inmunológico y son clave para prevenir enfermedades autoinmunes- según explicó la investigadora.
Por ahora, no está claro qué implica exactamente esto para las enfermedades mediadas por el sistema inmunológico, como el eccema, el asma o las alergias.
"Todavía no podemos afirmar que el contacto con la naturaleza garantice que no se padecerá asma, por ejemplo. Sin embargo, parece que podría reducir la probabilidad de desarrollar estos trastornos del sistema inmunológico", señala Grönroos.
Fuente de la imagen, BBC/Serenity Strull
Pie de foto,Manos a la tierra
Estos beneficios para la salud no se observan únicamente en los niños. En un estudio se pidió a varios adultos que cultivaran hortalizas en macetas dentro de su casa durante el invierno.
Algunos utilizaron tierra con gran diversidad microbiana, y otros, tierra de aspecto similar pero pobre en microorganismos.
Los adultos cuidaron las plantas a diario durante un mes y consumieron sus cosechas.
Quienes utilizaron la tierra con diversidad microbiana experimentaron un aumento en la variedad de bacterias de su piel y en la cantidad de citocinas antiinflamatorias en la sangre, algo que no ocurrió en el otro grupo.
Este tipo de jardinería "es un buen ejemplo de una forma fácilmente accesible de contacto con la naturaleza, y resultó bastante sorprendente que este tipo de exposición realmente mostrara cambios en el funcionamiento del sistema inmunológico", explicó Grönroos.
En otro estudio, los investigadores instalaron "muros verdes" de plantas vivas en oficinas finlandesas y midieron el efecto en los trabajadores al cabo de dos semanas.
Descubrieron que aumentaba la diversidad de microbios en la piel y disminuían los niveles de citocinas proinflamatorias en la sangre.
También observaron un incremento de bacterias del género Lactobacillus en la piel, lo cual es importante para la salud cutánea.
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Pie de foto,Grönroos aplica sus hallazgos en su propia familia: "Cuando salgo al aire libre con mis hijos, si quieren recoger piñas o palos, no les digo que no. Dejo que se los lleven a casa y jueguen con ellos allí".
En su opinión, deberíamos empezar a aplicar este enfoque en nuestras ciudades.
"Las ciudades deberían construirse de manera que los ciudadanos puedan entrar en contacto con la naturaleza. Sería positivo que parte de ese contacto fuera no planeado; así, la gente no tendría que tomar la decisión específica de ir a un sitio en la naturaleza, sino que entraría en contacto con ella de camino al trabajo o a la escuela".
La ciencia aún tiene más que descubrir sobre cómo afecta exactamente el contacto con la naturaleza al sistema inmunológico, pero para Grönroos, los hallazgos obtenidos hasta ahora bastan para justificar las manos sucias y la alfombra embarrada.
"El riesgo es bajo", afirma, y conlleva "muchos beneficios potenciales sin perjuicios significativos evidentes".
Estos hallazgos son, tal vez, un recordatorio para todos nosotros de que debemos acercarnos y tocar ese árbol cubierto de musgo, sentarnos en la hierba y no temer un poco de barro.
Haz clic aquí para leer la versión original en inglés y ver los vínculos a los estudios.
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