Viernes, 24 de julio de 2026 Vie 24/07/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

¿Por qué son cada vez más virulentos los incendios? «Hay mucha energía acumulada en los montes»

¿Por qué son cada vez más virulentos los incendios? «Hay mucha energía acumulada en los montes»
Artículo Completo 857 palabras
Los especialistas advierten de que las olas de calor actúan sobre un territorio con más combustible acumulado y menos barreras naturales para frenar el avance de las llamas
¿Por qué son cada vez más virulentos los incendios? «Hay mucha energía acumulada en los montes»

Los especialistas advierten de que las olas de calor actúan sobre un territorio con más combustible acumulado y menos barreras naturales para frenar el avance de las llamas

Regala esta noticia Añádenos en Google Bombero lucha contra las llamas en un incendio forestal. (EFE)

José A. González

24/07/2026 a las 13:02h.

«Va a ser un día muy peligroso». Con esas siete palabras, el portavoz del 112 de la Comunidad de Madrid resumía este viernes ... de la situación. Los tres grandes incendios forestales que arden desde el jueves en Madrid continúan fuera de control y

Los incendios se desarrollan bajo unas condiciones próximas a la llamada regla del 30: temperaturas superiores a los 30 grados, una humedad relativa inferior al 30% y vientos de más de 30 kilómetros por hora. La coincidencia de esos tres elementos reseca todavía más la vegetación, acelera el avance de las llamas y dificulta el trabajo de los equipos de extinción. A ellos se suma el estado del suelo y del combustible acumulado, especialmente después de varias semanas sin precipitaciones.

En los incendios que afectan al entorno de Madrid y Ávila interviene también la propia configuración del terreno. Eduardo Rojas Briales, profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO, explica, en declaraciones recogidas por SMC España, que el sistema Central pierde altura entre Ávila y El Escorial y, con ella, parte de su capacidad para atraer lluvias y tormentas. Es una zona más seca que otros tramos de la cordillera y más expuesta a la entrada de masas de aire cálidas procedentes del sur.

La combinación de calor extremo, baja humedad, viento y vegetación acumulada está elevando la intensidad de los incendios y dificultando su extinción

El calor y la falta de humedad, sin embargo, no bastan para explicar por qué el fuego alcanza semejante intensidad. Donde antes había tierras de labor, pastos y zonas aclaradas, ahora se extienden grandes superficies de vegetación continua. Esa transformación resulta decisiva, según Víctor Resco de Dios, profesor de ingeniería forestal y cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio.

El experto sostiene que la intensidad media de las temporadas de incendios ha aumentado entre un 30% y un 40% durante las últimas décadas. En el monte, explica, se ha acumulado una enorme cantidad de energía en forma de biomasa. Al mismo tiempo, una atmósfera cada vez más cálida tiene mayor capacidad para extraer humedad de las plantas y del suelo. Cuando ambas condiciones coinciden, el fuego puede propagarse sin encontrar apenas obstáculos. «Lo importante no es el tipo de vegetación, sino el tipo de combustible», señala Resco.

Más combustible, más intensidad

En la zona afectada abundan los pinares de pino resinero y piñonero, los encinares y las masas densas de matorral, junto con robledales y castañares. Algunas formaciones son más inflamables que otras, pero, bajo temperaturas extremas y una humedad muy baja, casi cualquier vegetación puede arder. Juli G. Pausas, investigador del CSIC en el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, lo resume como «la crónica de una situación anunciada».

El cambio climático crea unas condiciones cada vez más favorables para estos episodios, pero los expertos insisten en que no puede presentarse como una explicación exclusiva. Las temperaturas o las olas de calor no pueden gestionarse desde un ayuntamiento. La vegetación que alimenta las llamas, en cambio, sí.

Los expertos reclaman romper la continuidad del combustible con paisajes en mosaico, pastoreo, desbroces y quemas prescritas

La prevención no consiste en eliminar todo el monte, una tarea inviable económica y ecológicamente, sino en actuar en zonas estratégicas y romper la continuidad del combustible. De ahí la importancia de los llamados paisajes en mosaico, en los que las masas forestales alternan con cultivos, pastos y áreas aclaradas. Estas discontinuidades no impiden que se declare un incendio, pero pueden frenar su propagación, reducir la intensidad de las llamas y ofrecer a los equipos de extinción lugares desde los que trabajar con mayor seguridad.

El pastoreo, la recuperación de terrenos agrícolas, los desbroces y las quemas prescritas forman parte de esa estrategia. Estas últimas emplean fuegos de baja intensidad, realizados en condiciones controladas, para reducir la vegetación acumulada antes de que llegue el periodo de mayor riesgo.

La extinción, por sí sola, no resuelve el problema. Si durante décadas una superficie no arde y tampoco se gestiona, el combustible se acumula. Cuando finalmente se produce un incendio en pleno verano, bajo temperaturas extremas y con fuertes vientos, las llamas encuentran un paisaje continuo por el que avanzar. La meteorología puede desencadenar el fuego, pero la forma en que se ha gestionado el territorio condiciona su intensidad y la capacidad para detenerlo.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir