La virulencia de los incendios dará paso a las danas por el calentamiento extraordinario de los mares, pero las administraciones siguen sin intervenir
Regala esta noticia Añádenos en Google 20/08/2026 a las 02:00h.Con media docena de incendios todavía activos, dos de ellos, Las Hurdes y Peñas de Riglos, de gran intensidad, el balance oficial en lo que ... va de año documenta casi 300.000 hectáreas quemadas en 419 incendios, detectados por el Servicio de Información de Incendios Forestales. Aunque la superficie total es algo inferior a la del año pasado por las mismas fechas, la magnitud de algunos siniestros ha sido excepcional; los de Niebla en Huelva, Burgohondo en Ávila y la Tejera en Zamora, han consumido grandes extensiones de vegetación y obligado a evacuar a miles de vecinos. Y, todavía, quedan por delante semanas de calor extremo, lo que impide dar por terminada la temporada de alto riesgo de siniestros en las áreas forestales. Desde el plano de la extinción y control de los incendios el nivel exhibido por los servicios nacionales, en cuanto a medios técnicos, personal, coordinación del dispositivo estatal y los de las comunidades autónomas, ha demostrado una eficacia y competencia adecuadas, con alguna excepción en los medios aéreos. La virulencia de las llamas con fuegos de alta intensidad y velocidad, denominados de quinta generación, han puesto a prueba a un personal que se ha entregado a fondo en una tarea que se cobrado la vida de un agente de la Unidad Militar de Emergencias. Sin embargo, un año más hay que evidenciar que, por el contrario, las tareas de prevención no han estado a la altura de unos fenómenos que, con las sucesivas olas de calor, se están multiplicando y propagando con gran rapidez y virulencia. Según datos de 2025 la inversión específica en prevención de quemas forestales y boscosas disminuyó de 364 millones de euros a 176 millones entre 2009 y 2022. Además, está acreditado que de los fondos europeos destinados a esta finalidad, parte de esas inversiones no han sido ejecutadas. No parece tan complicado para las administraciones dedicar unos meses en invierno a la limpieza de masas forestales y caminos, a establecer cortafuegos, recuperar la actividad ganadera y proteger las zonas próximas a viviendas. Pero las tareas de prevención no solo se refieren al fuego. Estamos a punto de entrar en la temporada de danas y lluvias torrenciales que, por el calentamiento extraordinario de los mares durante el estío, amenazan con grave intensidad y frecuencia, mientras en zonas de mucho riesgo como la Comunidad Valenciana están por culminar importantes obras de prevención.
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