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Economía

Prohibición de redes sociales a menores: el debate crece entre falta de evidencias e intereses comerciales

Prohibición de redes sociales a menores: el debate crece entre falta de evidencias e intereses comerciales
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Diversos científicos coinciden en que la prohibición total de las redes sociales a menores puede que no sea una solución de protección adecuada ni funcional. En cambio, abogan por restringir las estrategias de diseño adictivas.
Fernanda GonzálezSocial media29 de mayo de 2026regular las redes sociales para garantizar la protección y seguridad de los menores ha aumentado de manera considerable. El año pasado, Australia se convirtió en el primer país en prohibir las cuentas de redes sociales para menores de 16 años. Luego, naciones como Francia, España, Dinamarca, Malasia, Noruega, India y Egipto presentaron iniciativas similares que aún se encuentran en proceso de aprobación. Al mismo tiempo, algunos gobiernos estatales de México y Estados Unidos analizan restricciones en la misma línea.

salud mental y si estas medidas modificarían o eliminarían el uso de estas plataformas entre la población juvenil.

El análisis solo se concentró en prohibiciones de redes sociales basadas en la edad, dejando fuera aquellas relacionadas con restricciones al uso de dispositivos móviles o limitaciones vinculadas con determinados entornos, como las prohibiciones dentro de las escuelas.

De acuerdo con el artículo publicado en la revista Frontiers in Developmental Psychology, los autores concluyeron que, hasta el momento, no existen datos específicos sobre los efectos de la prohibición de redes sociales en usuarios menores de 16 años, precisamente el grupo poblacional en el que se enfocan la mayoría de las normativas restrictivas.

La prohibición de redes sociales podría tener efectos nulos

Lind reconoce que, en algunos casos, la existencia de evidencia sólida y robusta obtenida en estudios con adultos permite extrapolar conclusiones hacia poblaciones más jóvenes. Sin embargo, sostiene que esa posibilidad no se justifica en este caso particular.

“Los experimentos con adultos muestran efectos débiles, nulos y mixtos, con un 40% de los estudios experimentales que arrojan efectos perjudiciales —por ejemplo, menor satisfacción con la vida y mayor soledad— o ningún efecto de la restricción de las redes sociales. Así pues, incluso cuando se les dice repetidamente a los adultos que las redes sociales son perjudiciales para su salud mental y que abandonarlas les ayudará, en promedio encontramos pocos o ningún beneficio”, afirma la autora.

La investigación también detectó posibles inconsistencias y limitaciones metodológicas en varios de los estudios examinados. Por un lado, las restricciones evaluadas fueron de corta duración y, en numerosos casos, parciales. Los periodos de intervención oscilaron entre un día y tres meses, con una duración media de 16.3 días. La mitad de los estudios limitaron el uso durante una semana o menos. Además, únicamente 21 de los 40 estudios aplicaron una prohibición total, mientras que los otros 19 implementaron restricciones parciales que permitían cierto tiempo diario de conexión.

posibles daños asociados con las redes sociales, situación que pudo influir en sus respuestas y generar predisposiciones.

Los especialistas concluyen, por tanto, que “la evidencia experimental hasta la fecha excluye a los jóvenes participantes que estarían sujetos a las prohibiciones, incluye restricciones en redes sociales que duran solo unas semanas y ha producido resultados mixtos que, en promedio, han generado impactos menores de lo esperado debido a las características de la demanda y los sesgos en el diseño. La investigación experimental hasta la fecha no permite predecir el impacto que tendrá una prohibición de redes sociales para jóvenes. Debemos tener claro que estamos implementando una intervención no probada en nuestros hijos”.

Entre intereses comerciales y la salud mental

Pese a la contundencia de la conclusión, diversos científicos que no participaron en el análisis cuestionaron el trabajo al señalar que la revisión no siguió los criterios propios de una revisión sistemática ni realizó un metaanálisis cuantitativo. También sostienen que el artículo no detalló con precisión cómo fueron seleccionados los estudios, cuáles investigaciones quedaron fuera ni los criterios utilizados para descartarlas.

José César Perales, catedrático del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, señaló a SMC España que el nuevo artículo “básicamente podría considerarse una revisión interpretativa o narrativa. Lo único que hacen prácticamente es detectar y contar los estudios que se han realizado, y resumir brevemente las características y las conclusiones de cada uno de ellos”.

El artículo publicado en Frontiers reconoce además que los autores podrían enfrentar posibles conflictos de interés. Candice Odgers es integrante del Youth and Families Advisory Committee de YouTube; Stephen Schueller es asesor de Headspace, una empresa de salud mental digital, y Monika Lind mantiene participación accionarial en Ksana Health, compañía del mismo sector.

En este contexto, Paloma Llaneza, CEO de Razona Legaltech, aseguró a SMC España que uno de los aspectos más relevantes del análisis es precisamente aquello que omite. La también abogada explica que el trabajo no menciona las sentencias emitidas este año contra Meta y YouTube, “en las que entienden que han diseñado de propósito —no que sea un resultado indeseado— sus plataformas para generar adicción en menores, con funciones como el scroll infinito, la reproducción automática o los contadores de ‘me gusta’, con la clara intención de generar un consumo compulsivo. Tampoco cita el informe del Jefe de Sanidad estadounidense, que lleva años situando ese diseño como problema de salud pública, ni la abundante literatura sobre la economía de la atención, que documenta con precisión los mecanismos mediante los cuales las plataformas explotan la vulnerabilidad cognitiva propia del desarrollo adolescente”.

Fuente original: Leer en Wired - Negocios
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