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Europa Putin ataca los puentes y las telecomunicaciones de Ucrania: Kiev teme que sea preludio de una gran ofensiva de inviernoLa campaña de bombardeos del Kremlin ha llegado hasta los 'data centers' de los que depende el funcionamiento de Internet o las emisiones de TV.
Más información: La guerra en Ucrania se recrudece: Rusia intensificará sus ataques tras el anuncio de Zelenski de reforzar la ofensiva.
María Senovilla Kharkiv Publicada 5 octubre 2026 03:09h LO ESENCIAL Exclusivo suscriptores Síguenos LO ESENCIAL Generado con IA Las clavesCuatro días consecutivos de ataques rusos contra los principales puentes que unen las dos mitades de Kiev han paralizado la capital de Ucrania. Atascos de más de cuatro horas, líneas de metro cortadas y la imagen de miles de personas cruzando a pie de una orilla a otra han acelerado el éxodo de civiles que abandonan la ciudad antes de llegue el invierno.
Junto con los puentes, Rusia está atacando también el ferrocarril, las centrales eléctricas y otro elemento fundamental de la infraestructura crítica de Ucrania: los centros de datos. Estos últimos son los que sostienen servicios esenciales como la banca electrónica, el comercio digital, servicios de salud y de la Administración pública y todo lo que funciona con Internet.
Algunos proveedores de servicios ya han tenido que cerrar su actividad tras los bombardeos de los últimos días. Y el propio Kremlin ha reconocido que los ataques son deliberados ¬–a pesar de ser infraestructura crítica de uso civil–, y que forman parte de una estrategia de “desintoxicación digital” para apagar la economía del país.
La guerra en Ucrania se recrudece: Rusia intensificará sus ataques tras el anuncio de Zelenski de reforzar la ofensivaLa destrucción de estos nodos de telecomunicaciones ha provocado, además, cortes masivos de Internet que han afectado a más de 100.000 hogares y la interrupción de la señal de las principales televisiones ucranianas.
Nubes en el extranjero
Ante la imposibilidad de blindar físicamente estos data centers, Ucrania ha trasladado gran parte de los datos gubernamentales más sensibles a servidores de la Unión Europea –sellando alianzas con gigantes tecnológicos como Amazon– para evitar que se destruya la información del Estado.
También están construyendo servidores propios bajo tierra, para que los centros de datos puedan operar de manera simultánea con nodos físicos y con el servicio en la nube europea. De tal manera que si uno de los dos cae, las plataformas puedan seguir operando respaldándose el otro.
Pero ante la escalada de los ataques rusos, es necesario ampliar con urgencia esta estructura subterránea. Ya son tres los data centers destruidos en un corto espacio de tiempo, lo que ha llevado al presidente Zelenski a asegurar que “Rusia quiere dejar a los ucranianos sin Internet este invierno”.
24 horas en las trincheras con los interceptores ucranianos que pueden proteger los cielos de Europa de los drones rusosTodo parece indicar que –tal y como sucedió el invierno pasado– la mayoría de ciudades sufrirán severos cortes de electricidad y calefacción como consecuencia de los bombardeos contra las centrales de energía. Si además la población civil se queda incomunicada, se puede desatar un caos sin precedentes.
Ante este escenario –aterrador– decenas de miles de personas están buscando lugares fuera de Kiev para pasar los meses de frío. En casas de pueblo, con chimenea y otros recursos autónomos; o en localidades del oeste donde la guerra se siente con menos intensidad.
Diques flotantes y túneles acuáticos
Aquellos que se queden en la capital podrían enfrentar, también, el desabastecimiento de supermercados y tiendas en general. Porque la mayoría de los almacenes de alimentación, y de todo tipo de suministros, están ubicados en la parte derecha de la ciudad.
Si Rusia consigue finalmente volar los puentes que comunican las dos orillas, los transportistas tendrían que dar un rodeo de hasta 200 kilómetros para llevar suministros desde esos almacenes hasta las superficies comerciales. Igual que el resto de personas que necesitan cruzan a diario la ciudad.
El ministro de infraestructura y transporte, Mykola Kalashnyk, ya ha anunciado planes de contingencia –de carácter urgente– para evitar que la capital quede partida en dos. Esta misma semana podría comenzar la construcción de diques y puentes de pontones sobre el río Dniéper, que estarían listos en menos de tres meses.
Un experto inspecciona el lugar de un ataque con drones rusos contra un puente sobre el río Dniéper, en Kiev. Efe
También se contempla la construcción de un túnel subterráneo, bajo el agua, que conecte ambas orillas. Y aunque sería mucho más seguro que cualquier plataforma flotante, es un proyecto a largo plazo –y tremendamente costoso– que no puede estar terminado antes de que llegue el frío.
La otra medida que se ha acordado es la de proteger los puentes que están siendo bombardeados con torretas de ametralladoras –que incorporan inteligencia artificial– para neutralizar los drones Shahed a propulsión, con los que Rusia está perpetrando estos ataques.
Aprender de la historia
La escalada de ataques por parte de Rusia, y el tipo de objetivos en los que se está centrando Putin, hacen presagiar que la campaña de invierno va a ser mucho más dura que la del año pasado para los millones de ucranianos que siguen resistiendo.
El presidente ruso parece no temer ya las consecuencias de sus agresiones contra la población civil. El repunte de los partidos de ultraderecha –abiertamente prorrusos– en varios países europeos podría granjearle nuevos apoyos a nivel internacional y una reducción de las sanciones, mientras que Ucrania se podría quedar cada vez más sola.
De hecho, en estos momentos ni si quiera la presencia de los líderes de la Unión Europea logra frenar los bombardeos rusos. Este mismo domingo, durante la visita a Kiev del canciller alemán Friedrich Merz, se produjo un nuevo ataque con drones que sobresaltó a la delegación europea con el sonido de las sirenas antiaéreas y de las explosiones.
24 horas en las trincheras con los interceptores ucranianos que pueden proteger los cielos de Europa de los drones rusosVolar los puentes en medio de una guerra suele ser el paso previo a una gran ofensiva final. Lo hemos visto en todas las ciudades del Dombás que Rusia ha ido fagocitando a lo largo de los últimos cinco años de invasión a gran escala. Y de producirse también en la capital, marcaría un punto de no retorno que llevaría la guerra al siguiente nivel.
Putin pretende que Zelenski capitule ante la presión. Pero no parece que el presidente de Ucrania esté dispuesto a hacerlo. De hecho, ha asegurado que antes de que acabe el otoño tendrá listo el misil balístico FP-9 –de fabricación ucraniana y con capacidad para alcanzar Moscú– para responder a los ataques aéreos enemigos.
En febrero de 1918, las tropas bolcheviques dirigidas por el comandante Muraviov también bombardearon los puentes de Kiev. Lanzaron cerca de 15.000 proyectiles de artillería para capturar la capital de Ucrania. Después se produjo una oleada de ejecuciones sumarias, que se conocieron como el terror rojo, para aniquilar a intelectuales, valedores de la cultura ucraniana y a todos los que participaron en la defensa del país durante aquella contienda.
Más de un siglo después, Ucrania vuelve a verse en la tesitura de ver cómo Rusia bombardea escuelas, hospitales, rascacielos, centrales eléctricas y centros de datos. Y tal vez no tenga suficientes defensas antiaéreas para salvaguardar sus puentes. Pero tiene memoria, y en ella se sustenta buena parte de la resiliencia del pueblo ucraniano.
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