Se cumplen tres días desde el trágico accidente ferroviario que acabó con la vida de 43 personas y más de un centenar de pasajeros heridos a la altura del pequeño municipio cordobés de Adamuz. Se cumplen tres días desde que el país entero se pregunta qué ocurrió, mientras avanza la investigación para esclarecer las causas del trágico suceso que ya forma parte de la memoria colectiva española.
El accidente se produjo tras el descarrilamiento de los tres últimos coches del tren Iryio 6189 con destino Madrid y que partía desde Málaga. El convoy colisionó de forma frontal con el Alvia 2384, procedente de la capital española y con destino Huelva, en un violento impacto que hizo que parte del tren cayera por un talud de unos cuatro metros de profundidad. Como consecuencia del fuerte impacto, ambos trenes quedaron separados por unos 600 metros y hasta 400 metros de catenaria resultaron completamente arrancados.
El suceso comenzó a esclarecerse con el inicio de la investigación a cargo de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), organismo dependiente del Ministerio de Transportes. Las primeras diligencias apuntan a dos posibles escenarios: que el origen del descarrilamiento esté en una deficiencia de la vía por una soldadura en mal estado o que el fallo se produjera en el coche seis del tren Iryo, el primero en salirse de la vía.
Primera hipótesis: una soldadura defectuosa en la vía
La primera teoría apunta al estado de la vía en el kilómetro 318 del corredor Madrid-Andalucía, donde ocurrió el siniestro. Según adelantó EL MUNDO, tras el accidente los técnicos sobre la zona de centraron la investigación en este punto al detectar una rotura de unos 30 centímetros. Aún no se ha determinado si esa fractura ya existía antes del paso del tren siniestrado o si fue consecuencia directa del accidente.
Este diario publicó en exclusiva a primera hora de este miércoles que dicha brecha en la vía dejó muescas, del tamaño de una moneda de 50 céntimos, en las ruedas de los coches anteriores al sexto del Iryo —desde la cabeza tractora hasta el quinto—, que fue el que finalmente descarriló. Horas después, el ministro de ramo responsable de la red, Óscar Puente, confirmó esta información: "Es verdad que los bogies de los cinco coches primeros presentan una marca y es posible incluso, y es algo que se está analizando, que los dos o tres trenes que pasaron anteriormente tengan marcas similares", apuntó en Telecinco.
Además, las pesquisas apuntan a que las muescas en las ruedas se produjeron al pasar por un posible defecto de soldadura en la vía. De forma paralela a la investigación de la CIAF, la Guardia Civil también ha situado la rotura del carril como una de las principales líneas de investigación y ha analizado las ruedas dañadas mediante la toma de muestras con moldes, según fuentes del caso.
Según los técnicos desplazados al lugar, estas muescas indicarían que el Iryio circuló sobre un defecto de soldadura en la vía que fue ampliándose con el paso de cada rueda. Los repetidos impactos de las llantas de un tren de 500 toneladas a más de 200 kilómetros por hora acabaron provocando la rotura del carril, lo que habría causado la salida del sexto coche y el posterior accidente mortal.
Para arrojar más luz sobre esta teoría, los investigadores están analizando si los trenes que pasaron antes del Iryo siniestrado por la misma vía tienen las mismas marcas de las ruedas en los talleres de Santa Catalina en Madrid.
Segunda hipótesis: desprendimiento de un trozo del Iryo
Otra de las tesis que barajan los expertos presentes en el lugar está en una posible rotura de una parte del tren accidentado que se despendería y provocaría la brecha de 30 centímetros tras el descarrilamiento.
En este contexto, surge una nueva hipótesis de técnicos de contratistas presentes en el lugar que, según informa Expansión, señalan que a unos 100 metros del descarrilamiento había varias traviesas de hormigón totalmente destrozadas, un daño que solo puede producirse por el impacto de un objeto muy contundente. Por ello, consideran que debería investigarse el posible desprendimiento de un componente de los bogies, una parte del chasis inferior del tren, del Iryo que dañase la vía.
Respecto a este punto Puente subrayó en varias ocasiones que será necesario determinar si la rotura del carril fue "causa o consecuencia" del descarrilamiento. "Hay que esclarecer qué ocurrió primero: si se rompió el carril y luego descarriló el tren, o al revés", afirmó.
A esta teoría se le sumaría que un fotógrafo del New York Times publicó el martes el hallazgo de un bogie parcialmente sumergido en un arroyo a unos 270 metros de la vía. La zona no había sido marcada ni acordonada por los investigadores del gobierno y tampoco había sido dada a conocer anteriormente por las autoridades. Pero las fuentes consultadas por EFE han precisado que la Guardia Civil tenía localizada esa pieza a través de sistema de infografía forense 3D con drones. De hecho, está en poder de los agentes del instituto armado y será la investigación la que determinará de qué pieza se trata.
A esta teoría se suma el hallazgo de un fotógrafo del New York Times, que el martes publicó la fotografía de un bogie parcialmente sumergido en un arroyo a unos 270 metros de la vía. Según el medio estadounidense, la zona no había sido señalizada ni acordonada por los investigadores ni divulgada por las autoridades.
Según fuentes consultadas por EFE, la Guardia Civil ya había localizado la pieza mediante un sistema de infografía forense 3D con drones. Aunque el bogie está bajo custodia de los agentes, permanece en el lugar del hallazgo debido a su tamaño y peso, informó el instituto armado, y será la investigación la que determine a qué componente pertenece.
Fuentes: Efe, Guardia Civil, Agenicas, Trenvista y Adif
Gráficos: Alberto Hernández, Isabel González, Emilio Amade, Álvaro Matilla, Javier Aguirre y Elsa Martín
Texto: María Alcántara.
Dirección de arte: María González Manteca y Josetxu L. Piñeiro.