Jueves, 23 de abril de 2026 Jue 23/04/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Cultura

Qué es la True Crime Community, el peligroso fandom que habría inspirado al atacante de Teotihuacán

Qué es la True Crime Community, el peligroso fandom que habría inspirado al atacante de Teotihuacán
Artículo Completo 1,407 palabras
Un tiroteo en Teotihuacán dejó dos muertos, incluido el agresor, y 13 heridos extranjeros. El atacante, fan de la masacre de Columbine, ilustra cómo fandoms tóxicos y algoritmos pueden acelerar la radicalización y globalizar los discursos de odio.
Javier CarbajalSeguridad23 de abril de 2026más visitados de México, la ciudad prehispánica de Teotihuacán, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. “Lo ocurrido hoy en Teotihuacán nos duele profundamente”, indicó la presidenta Claudia Sheinbaum en sus redes sociales. “Expreso mi más sincera solidaridad con las personas afectadas y sus familias”.

El perfil del agresor

Gracias a una credencial del INE encontrada entre las pertenencias del agresor se supo que Jasso Ramírez era una persona originaria del estado de Guerrero que residía en la Ciudad de México. Además del revólver que tenía en su mano, autoridades aseguraron municiones y un cuchillo. Al momento del ataque, Jasso usaba un cubrebocas negro, vestía una camisa a cuadros y, debajo de esta, una playera con la leyenda "Disconnect and self destruct", una supuesta referencia a una canción de la banda de rock A Perfect Circle.

Proyecto Global contra el Odio y el Extremismo (GPAHE, por sus siglas en inglés) apunta que el agresor tendría vínculos, al menos ideológicos, “con un espacio que se llama True Crime Community, que son fandoms que se organizan y que distribuyen contenido a través de TikTok y de Meta”.

“Este chico era fan de la masacre de Columbine y obviamente de sus perpetradores", señaló Sergio Ortiz Borbolla, director de comunicación y campañas del GPAHE. Entre las pertenencias de Jasso Ramirez figuraba una imagen modificada con inteligencia artificial en la que él posa con Eric Harris y Dylan Klebold, los dos autores del tiroteo en la Escuela Preparatoria de Columbine, ocurrida el 20 de abril de 1999, cuando Jasso Ramírez no era más que un bebé. En la imagen, la playera de Jasso, que dice "Disconnect and self destruct", hace juego con las prendas que visten Harris y Klebold. Resalta el dato de que ambos ataques ocurrieron un 20 de abril, día celebrado por neonazis y supremacistas blancos por ser el natalicio de Hitler.

La comunidad del true crime o TCC surge de una fascinación por casos de la vida real de crímenes cometidos, en buena parte, por asesinos seriales, terroristas o autores de tiroteos masivos. A modo de entretenimiento, el true crime tuvo su origen moderno con la novela de no ficción de Truman Capote, In Cold Blood, resurgió en los 90 con el documental Paradise Lost: The Child Murders at Robin Hood Hills, pero en los últimos años su popularidad se ha disparado gracias al éxito de varias series de televisión, sobre todo para plataformas de streaming como Netflix (Mindhunter, Monster: The Jeffrey Dahmer Story, Making a Murderer).

Tal como documenta GPAHE, los fandoms de true crime no son distintos a otras comunidades de fans en la cultura pop: intercambian recomendaciones, organizan proyecciones y festivales, lanzan invitaciones a clubes de lectura, etcétera. Incluso pueden llegar a participar en investigaciones, como los llamados internet sleuths o detectives aficionados. Sin embargo, el problema surge cuando los fans pasan del simple consumo de contenido a idolatrar criminales. Los casos más extremos son aquellos que imitan a sus ídolos, anhelando igualar o superar la fama de estos al replicar sus actos. Estos criminales se conocen como copycats.

cada vez más extremo.

Por ello, Ortiz destaca la importancia de ejercer presión, desde la sociedad civil, sobre estas plataformas para que este tipo de contenidos no se distribuyan. “En la organización vemos qué tan rápido responde este algoritmo de la violencia, o sea, qué tan rápido comienza TikTok o Instagram a arrojarte contenido de odio o contenido violento si tú echas a andar la bolita, por así decirlo. En menos de una hora, un joven puede estar inmerso en contenido violento y no darse cuenta”, advierte.

maximizar el tiempo de permanencia, y el contenido polarizante suele generar más interacción entre los usuarios. El problema, entonces, no es únicamente la creación de fandoms tóxicos, sino la facilidad con que estos pueden ampliar su alcance gracias al diseño algorítmico de las plataformas y, últimamente, a los contenidos generados con inteligencia artificial, como deepfakes, memes y videos de propaganda.

manósfera” no estaría lejos de su alcance).

Ortiz Borbolla define este posible patrón emergente como una “globalización de la violencia”. Lo que antes era una fenómeno localizado ahora circula sin fricciones a través de internet. Las referencias culturales, los símbolos y las narrativas se comparten por todo el mundo, permitiendo que individuos en contextos muy distintos adopten las mismas ideologías. ¿De qué otra forma un joven mexicano se inspira en un crimen ocurrido hace 27 años en Estados Unidos?

Uno de los debates recurrentes en torno a este tipo de ataques es el papel de la salud mental y su vínculo con el uso excesivo de las redes sociales, sobre todo entre menores de edad. Si bien no existen resultados concluyentes que establezcan una relación causal directa, diversos estudios han vinculado el uso temprano de redes sociales con alteraciones del sueño, trastornos conductuales y una mayor incidencia de ansiedad y depresión. Jasso Rodríguez, por ejemplo, tenía 16 años cuando compartía imágenes en línea haciendo el saludo nazi. Sin embargo, Ortiz Borbolla señala que no es requisito padecer un trastorno para ser radicalizado.

viralidad (ser visto, generar impacto, dejar huella) puede empujar a algunos individuos a buscar notoriedad a cualquier costo, como Brenton Tarrant, el nacionalista blanco que hizo un livestream de su masacre en una mezquita de Christchurch, Nueva Zelanda, en 2019. Fue el primer video transmitido en vivo por Facebook de un ataque terrorista.

políticas impulsadas por el Gobierno de Trump que favorecen al sector privado (a veces bajo la excusa de proteger la libertad de expresión) y a un agresivo viraje a la derecha en el continente americano.

“Nos hemos dado cuenta de que productos neonazis que logramos quitar de Amazon ya se están volviendo a vender. También de que se sigue reclutando a chicos en Instagram, que estos espacios de TikTok te llevan a otro espacio [en Discord], y de que, dentro de Discord, hay organizaciones y grupos ante los cuales la True Crime Community se queda chica. Son ya organizaciones mucho más perversas, mucho más conectadas a la deep web y a generar ganancias de ella”.

Cada quien lleva agua para su molino

El tiroteo de Teotihuacán detonó dos debates: uno sobre el perfil psicológico del agresor, las causas de su radicalización, etc., y otro sobre el impacto de este caso en la sociedad mexicana. Muchos actores políticos y líderes de opinión han abordado la tragedia desde un ángulo de política identitaria o de dicotomías simplonas de “izquierda-derecha” y cada quien está buscando cómo explotarlo para nutrir su narrativa: que si el tirador tenía ideales indigenistas o aztequistas, que si era un activo de la CIA puesto por Trump para generar inestabilidad en el país, que si era un comunista o un carlista. Estos señalamientos a menudo son acompañados por imágenes modificadas o creadas con IA.

La conversación es parecida a la que se activa cuando hay un tiroteo en Estados Unidos. Muchos están a la expectativa de ver si el tirador era blanco, afroamericano, musulmán, si era una persona trans, si era MAGA, si era antisemita. “Esto responde mucho a cómo estamos también nosotros como sociedad incorporando este tipo de actos de violencia, cómo lo estamos conectando con otras problemáticas de odio que están en el aire, llámese violencia de género, llámese migración”, dijo el especialista de la GPAHE.

remigración", una narrativa de supremacía blanca originada en Europa que está ganando terreno en el continente americano.

Según el especialista, aunque el ataque en Teotihuacán y las agendas políticas de supremacía blanca no tengan un vínculo operativo directo, ambas convergen en su núcleo xenófobo. Esta coincidencia temática permite que los algoritmos y los espacios compartidos en línea conecten ideologías aparentemente distintas, lo que facilita una radicalización masiva que ya no solo afecta a individuos aislados, sino a miles de usuarios simultáneamente. "Si hay odio, se genera más odio", concluye.

Fuente original: Leer en Wired - Cultura
Compartir