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¿Qué fue primero el marciano o las películas de marcianos?

¿Qué fue primero el marciano o las películas de marcianos?
Artículo Completo 1,133 palabras
No descubro nada al decir que hay muchas preguntas sobre la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta, y la mayoría de ellas sin respuesta. Pero hay una que sí estamos en disposición de responder: ¿Qué fue primero, el marciano o el cine de marcianos?, y se utiliza conscientemente 'el marciano' como sinécdoque de todo aquel que no es terrícola aunque tampoco haya nacido en Marte; marciano como sinónimo de extraterrestre o alienígena, que son ya conceptos más a la última, aunque probablemente pronto serán rechazados (cancelados) por incorrectos al notarse ahí cierto señalamiento diferencial, casi un reproche, que no beneficia a la construcción de una sociedad más inclusiva.La pregunta de quién fue primero, si el marciano o el cine de marcianos, tiene una respuesta evidente: lo primero fue el cine de marcianos , porque, no nos engañemos, hasta que el cine no se fijó en ellos y los convirtió en protagonistas o coprotagonistas de sus películas, los marcianos no eran nadie. En realidad, fue el pionero del cine Georges Méliès quien primero dio noticia visual de ellos en su película 'Viaje a la luna', en 1902, en la que la expedición que fue hasta allí volvió con un selenita (marciano que habita en la Luna) de aspecto más bien regional.Se puede fechar la definitiva invasión extraterrestre, al menos en lo cinematográfico, en los años cincuenta y con títulos que no dejaban duda de que llegaban con malas intenciones. 'El enigma de otro mundo' , de Christian Nyby y Howard Hawks (¡Howard Hawks nada menos!), ya nos alertaba en 1951 de que la cosa iba en serio. Y ese mismo año, Robert Wise dirigió 'Ultimátum a la Tierra', con un emisario intergaláctico para anunciarnos que fuéramos haciendo la maleta. En 1953 llegó 'La guerra de los mundos ', la primera (aún no había nacido Tom Cruise, que protagonizó medio siglo después la de Spielberg), en la que llegaban naves marcianas y ocurría lo que H. G. Wells había escrito mucho antes y Orson Welles lo había retransmitido por radio. Y en 1956 fue Don Siegel el que contó las artimañas marcianas para introducirse en nuestro mundo en 'La invasión de los ladrones de cuerpos'.Es decir, la Tierra llegó a los años sesenta del pasado siglo con la idea de la Guerra Fría y con su reflejo simbólico de invasiones marcianas e ideológicas. Aunque las ansias de paz y de amor fue lo que realmente invadió el mundo en esa década y se saltó a la siguiente, los setenta, con la esperanza de que ese espíritu fraternal alcanzara incluso a los que llegaban del espacio. Fue Spielberg el que le cambió la imagen al marciano, y sus películas 'Encuentros en la tercera fase' y muy especialmente 'E.T.', las que nos animaron a pensar en el marciano como alguien al que hay que preguntar antes de dispararle.'E.T., el extraterrestre', de SpielbergHasta Spielberg, cualquiera que llegara por aquí en una nave espacial era un invasor; después de Spielberg, era un visitante del espacio (emigrante, inmigrante o migrante) que venía de buen rollo y del que podríamos aprender muchas cosas. Pronto, a finales de setenta, fue Ridley Scott el que volvió a abrirnos los ojos con 'Alien, el octavo pasajer o', donde vimos junto a la teniente Ripley que no se puede compartir mesa alegremente con ciertos alienígenas porque enseguida comprendes que eres parte del menú. Y así ha estado el cine durante décadas: con un ojo los veía como fulanos de los que no hay que fiarse y con el otro como seres puros y sabios.Formato físicoHay un matiz muy interesante que el cine ha trabajado excelentemente sobre el mundo marciano, además de su catadura, y es su aspecto, su apariencia . En principio, el marciano era verde y punto, pero con el tiempo y los avances tecnológicos se ha descubierto que pueden tener formas asombrosas y colores y presencias inimaginables: 'La Guerra de las Galaxias' ya nos dio idea de ello al entrar por sorpresa en una cantina intergaláctica y, posteriormente, la saga de películas 'Hombres de negro', que coincidieron con el cambio nuestro de milenio, presenta un catálogo de productos, formas y caracteres dignos del mejor bazar chino.Los dos extremos del formato físico marciano podrían estar entre el salido de los dibujos de H. R. Giger y que tomó la forma espeluznante en 'Alien, el octavo pasajero' y los derivados de la imaginación de Spielberg, naturalmente el tierno E.T. y el dulce bebé con ojos de Bambi en su última película, 'El día de la revelación'. Y luego está el maestro Yoda , tan docto y con formas que piden abrazo, aunque en España no causó la misma admiración porque era clavadito a Jordi Pujol . Pero hay mucho equívoco en los migrantes cósmicos en lo que se refiere a la relación entre su físico y sus propósitos, pues en la magnífica película 'La llegada', de Denis Villeneuve , los que vienen del espacio tienen una pinta deplorable y peligrosa, son gigantescos, con tentáculos amenazadores y expulsan un extraño gas, pero en cambio están aquí para hacernos un regalo, su lenguaje, casi tan difícil como el húngaro y muy útil para conocer el futuro.En fin, que sean como sean los marcianos y traigan las intenciones que traigan, a los terrícolas, o al menos a los cinéfilos, no nos pillarán por sorpresa cuando lleguen: los hemos visto ya de todo tipo y condición, incluso sabemos por 'Mars Attacks!' , la película de Tim Burton, que son inmunes a cualquier arma pero mueren al escuchar música 'country'… ¿Y quién no tiene a mano un disco de Willie Nelson o Dolly Parton?

No descubro nada al decir que hay muchas preguntas sobre la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta, y la mayoría de ellas sin respuesta. Pero hay una que sí estamos en disposición de responder: ¿Qué fue primero, el marciano o el cine de ... marcianos?, y se utiliza conscientemente 'el marciano' como sinécdoque de todo aquel que no es terrícola aunque tampoco haya nacido en Marte; marciano como sinónimo de extraterrestre o alienígena, que son ya conceptos más a la última, aunque probablemente pronto serán rechazados(cancelados) por incorrectos al notarse ahí cierto señalamiento diferencial, casi un reproche, que no beneficia a la construcción de una sociedad más inclusiva.

La pregunta de quién fue primero, si el marciano o el cine de marcianos, tiene una respuesta evidente: lo primero fue el cine de marcianos, porque, no nos engañemos, hasta que el cine no se fijó en ellos y los convirtió en protagonistas o coprotagonistas de sus películas, los marcianos no eran nadie.

En realidad, fue el pionero del cine Georges Méliès quien primero dio noticia visual de ellos en su película 'Viaje a la luna', en 1902, en la que la expedición que fue hasta allí volvió con un selenita (marciano que habita en la Luna) de aspecto más bien regional.

Se puede fechar la definitiva invasión extraterrestre, al menos en lo cinematográfico, en los años cincuenta y con títulos que no dejaban duda de que llegaban con malas intenciones. 'El enigma de otro mundo', de Christian Nyby y Howard Hawks (¡Howard Hawks nada menos!), ya nos alertaba en 1951 de que la cosa iba en serio. Y ese mismo año, Robert Wise dirigió 'Ultimátum a la Tierra', con un emisario intergaláctico para anunciarnos que fuéramos haciendo la maleta.

En 1953 llegó 'La guerra de los mundos', la primera (aún no había nacido Tom Cruise, que protagonizó medio siglo después la de Spielberg), en la que llegaban naves marcianas y ocurría lo que H. G. Wells había escrito mucho antes y Orson Welles lo había retransmitido por radio. Y en 1956 fue Don Siegel el que contó las artimañas marcianas para introducirse en nuestro mundo en 'La invasión de los ladrones de cuerpos'.

Es decir, la Tierra llegó a los años sesenta del pasado siglo con la idea de la Guerra Fría y con su reflejo simbólico de invasiones marcianas e ideológicas. Aunque las ansias de paz y de amor fue lo que realmente invadió el mundo en esa década y se saltó a la siguiente, los setenta, con la esperanza de que ese espíritu fraternal alcanzara incluso a los que llegaban del espacio. Fue Spielberg el que le cambió la imagen al marciano, y sus películas 'Encuentros en la tercera fase' y muy especialmente 'E.T.', las que nos animaron a pensar en el marciano como alguien al que hay que preguntar antes de dispararle.

Hasta Spielberg, cualquiera que llegara por aquí en una nave espacial era un invasor; después de Spielberg, era un visitante del espacio (emigrante, inmigrante o migrante) que venía de buen rollo y del que podríamos aprender muchas cosas. Pronto, a finales de setenta, fue Ridley Scott el que volvió a abrirnos los ojos con 'Alien, el octavo pasajero', donde vimos junto a la teniente Ripley que no se puede compartir mesa alegremente con ciertos alienígenas porque enseguida comprendes que eres parte del menú. Y así ha estado el cine durante décadas: con un ojo los veía como fulanos de los que no hay que fiarse y con el otro como seres puros y sabios.

Hay un matiz muy interesante que el cine ha trabajado excelentemente sobre el mundo marciano, además de su catadura, y es su aspecto, su apariencia. En principio, el marciano era verde y punto, pero con el tiempo y los avances tecnológicos se ha descubierto que pueden tener formas asombrosas y colores y presencias inimaginables: 'La Guerra de las Galaxias' ya nos dio idea de ello al entrar por sorpresa en una cantina intergaláctica y, posteriormente, la saga de películas 'Hombres de negro', que coincidieron con el cambio nuestro de milenio, presenta un catálogo de productos, formas y caracteres dignos del mejor bazar chino.

Los dos extremos del formato físico marciano podrían estar entre el salido de los dibujos de H. R. Giger y que tomó la forma espeluznante en 'Alien, el octavo pasajero' y los derivados de la imaginación de Spielberg, naturalmente el tierno E.T. y el dulce bebé con ojos de Bambi en su última película, 'El día de la revelación'. Y luego está el maestro Yoda, tan docto y con formas que piden abrazo, aunque en España no causó la misma admiración porque era clavadito a Jordi Pujol.

Pero hay mucho equívoco en los migrantes cósmicos en lo que se refiere a la relación entre su físico y sus propósitos, pues en la magnífica película 'La llegada', de Denis Villeneuve, los que vienen del espacio tienen una pinta deplorable y peligrosa, son gigantescos, con tentáculos amenazadores y expulsan un extraño gas, pero en cambio están aquí para hacernos un regalo, su lenguaje, casi tan difícil como el húngaro y muy útil para conocer el futuro.

En fin, que sean como sean los marcianos y traigan las intenciones que traigan, a los terrícolas, o al menos a los cinéfilos, no nos pillarán por sorpresa cuando lleguen: los hemos visto ya de todo tipo y condición, incluso sabemos por 'Mars Attacks!', la película de Tim Burton, que son inmunes a cualquier arma pero mueren al escuchar música 'country'… ¿Y quién no tiene a mano un disco de Willie Nelson o Dolly Parton?

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