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Son una de las grandes desconocidas del mundo de los cruceros y, al mismo tiempo, una de las opciones con mejor relación calidad-precio. Los cruceros de posicionamiento aprovechan el traslado de los barcos entre continentes cuando cambia la temporada, ofreciendo largas travesías por una fracción de lo que costaría un itinerario convencional.
No aparecen en los catálogos con tanta frecuencia como los cruceros tradicionales, pero quienes los conocen suelen repetir.
Los cruceros de posicionamiento son una de las formas más económicas de viajar en barco y, en algunos casos, pueden costar incluso menos que un billete de avión para cruzar el Atlántico.
A diferencia de un crucero convencional, no están pensados como unas vacaciones de ida y vuelta. Su función es trasladar el barco de una zona del mundo a otra cuando cambia la temporada turística.
Por ejemplo, en otoño muchas navieras desplazan sus barcos del Mediterráneo al Caribe para comenzar la campaña de invierno, mientras que en primavera realizan el recorrido contrario para regresar a Europa.
Un viaje de un continente a otro
Su función es trasladar el barco de una zona del mundo a otra cuando cambia la temporada turística.ShutterstockEn lugar de realizar un itinerario circular, estos cruceros unen dos puertos muy alejados entre sí.
Es posible embarcar, por ejemplo, en Barcelona, Málaga o Civitavecchia (Roma) y desembarcar dos o tres semanas después en Miami, Fort Lauderdale, Nueva York o algún puerto del Caribe.
Durante la travesía suelen realizar varias escalas (como Madeira, Canarias, Azores o Bermudas, dependiendo de la ruta), aunque el verdadero protagonista es la navegación.
Son viajes pensados para quienes disfrutan del propio barco y no necesitan bajar a tierra todos los días.
¿Por qué son tan baratos?
La explicación es sencilla: la naviera necesita trasladar el barco independientemente de que haya pasajeros o no.
Vender camarotes durante ese recorrido permite amortizar parte del coste del desplazamiento, por lo que las tarifas suelen ser mucho más competitivas que las de un crucero convencional.
Además, al haber muchos más días de navegación y menos escalas, los costes operativos también disminuyen, algo que suele reflejarse en el precio final.
En determinadas fechas es posible encontrar cruceros de posicionamiento por precios similares (e incluso inferiores) al coste de un vuelo entre Europa y Estados Unidos o el Caribe.
Si además se tiene flexibilidad para regresar en avión o continuar el viaje unos días por el destino de llegada, pueden convertirse en una alternativa muy interesante para cruzar el Atlántico disfrutando de alojamiento, restauración, entretenimiento y transporte en un único paquete.
¿Cuándo se pueden reservar?
Precisamente porque incluyen muchos días consecutivos de navegación, estos cruceros no encajan con cualquier viajero.
Quienes buscan bajar cada mañana en un puerto diferente probablemente disfrutarán más de un itinerario clásico.
En cambio, son una excelente opción para quienes quieren desconectar o aprovechar todas las instalaciones del barco sin aglomeraciones.
Los cruceros de posicionamiento suelen concentrarse en dos momentos del año: entre septiembre y noviembre, cuando los barcos abandonan Europa rumbo al Caribe, y entre marzo y mayo, cuando realizan el trayecto inverso para regresar al Mediterráneo y al norte de Europa.
No todas las navieras ofrecen el mismo número de salidas, pero compañías como MSC Cruceros, Costa Cruceros, Royal Caribbean, Norwegian Cruise Line, Celebrity Cruises o Cunard programan este tipo de itinerarios de forma habitual.
Al no regresar al puerto de origen, hay que organizar por separado el viaje de vuelta o continuar las vacaciones desde el destino final.
Eso obliga a planificar con más cuidado los vuelos y la logística, pero también abre la puerta a combinar el crucero con una estancia en ciudades como Miami, Nueva York o alguna isla del Caribe.
Se puede embarcar solo para un trayecto. A diferencia de un crucero tradicional, que comienza y termina en el mismo puerto, los de posicionamiento unen dos continentes o dos regiones distintas.
Eso permite, por ejemplo, embarcar en Barcelona y desembarcar en Miami, o salir de Southampton y terminar el viaje en Nueva York.
En otoño muchas navieras desplazan sus barcos del Mediterráneo al Caribe.ShutterstockEncontrar un crucero de posicionamiento es más sencillo de lo que parece, aunque muchas navieras no los anuncian como una categoría independiente.
Lo más habitual es buscarlos filtrando por 'Transatlánticos', 'Repositioning Cruises' o seleccionando itinerarios de solo ida en las páginas web de las compañías.
En cuanto al precio, son una de las opciones con mejor relación calidad-precio del mercado. Es posible encontrar travesías de entre 10 y 16 noches desde unos 500-700 euros por persona en camarote interior durante las ofertas más competitivas, mientras que uno exterior suele situarse entre 900 y 1.500 euros, dependiendo de la naviera y la temporada.
Eso sí, conviene tener en cuenta que al presupuesto hay que añadir el vuelo de regreso (o de ida, según el sentido del viaje), aunque incluso sumándolo, en muchos casos el coste total sigue siendo muy competitivo frente a unas vacaciones tradicionales de larga distancia.
Aunque cambian cada temporada, algunos de los itinerarios de posicionamiento más habituales unen Barcelona, Valencia, Málaga o Civitavecchia (Roma) con Miami, Fort Lauderdale o Puerto Cañaveral, aprovechando el traslado de los barcos al Caribe antes del invierno.
También son frecuentes las rutas entre Southampton y Nueva York, los trayectos del Mediterráneo hacia Dubái o Emiratos Árabes Unidos, o los cruceros que conectan Europa con Brasil y Argentina.
La duración suele oscilar entre 10 y 18 noches, aunque existen travesías más largas de hasta 20 o 25 días cuando incluyen numerosas escalas o cruzan varios océanos.
Son viajes pensados para quienes disfrutan del propio barco y no necesitan bajar a tierra todos los días.ShutterstockLos cruceros de posicionamiento suelen atraer a un perfil de viajero diferente al habitual. Son una opción muy apreciada por jubilados, nómadas digitales, parejas con flexibilidad de fechas o aficionados a los cruceros que buscan disfrutar del propio barco sin prisas.
Al haber muchos más días de navegación, hay tiempo para aprovechar con calma los espectáculos, los restaurantes, el spa, las piscinas o las conferencias a bordo, algo que en un itinerario con escalas diarias resulta mucho más difícil.
Para quienes consideran que el barco es tan importante como el destino, estos viajes suelen convertirse en una de las experiencias mejor valoradas.
Para muchos viajeros, precisamente ahí reside su mayor atractivo: convertir el simple traslado del barco en unas vacaciones diferentes, más largas y, en muchos casos, sorprendentemente más económicas que un viaje convencional.
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