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Qué supone que los fondos entren en las asesorías fiscales

Qué supone que los fondos entren en las asesorías fiscales
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La entrada del capital privado en el asesoramiento ha dejado de ser una anomalía en mercado. Leer
FISCALQué supone que los fondos entren en las asesorías fiscalesActualizado 6 MAY. 2026 - 01:44DREAMSTIMEEXPANSION

La entrada del capital privado en el asesoramiento ha dejado de ser una anomalía en mercado.

El sector del asesoramiento fiscal en España, históricamente caracterizado por su conservadurismo, sus fuertes barreras regulatorias y una cultura basada en el prestigio individual del socio, está viviendo una metamorfosis silenciosa. Lo que antaño se veía como una excentricidad de los mercados anglosajones es hoy una realidad que golpea con fuerza las puertas de los bufetes nacionales.

El capital privado ha puesto el ojo en la fiscalidad, y no lo ha hecho por azar, sino por la búsqueda de eficiencia en un mercado altamente fragmentado. Jesús González Ruiz-Jarabo, socio de fiscalidad internacional de PKF Attest, confirma que la situación ha cambiado de forma radical. "La entrada del capital privado ha dejado de ser una anomalía en mercados anglosajones para convertirse en una tendencia global que empieza a llamar a la puerta del mercado español", señala. Esta llamada está reconfigurando no solo quién es el dueño de los despachos, sino cómo se presta el servicio al contribuyente.

La regulación española, al igual que la de muchos otros países, impone restricciones a la propiedad de las firmas legales por parte de no profesionales. Sin embargo, el hambre del capital riesgo ha encontrado una vía de escape creativa, el modelo de las Managed Services Organizations (MSO).

Bajo este esquema, el despacho se divide en dos almas. Por un lado, la LegalCo, donde los asesores fiscales mantienen su independencia técnica, su ética profesional y su licencia. Por otro, surge la BusinessCo, una estructura empresarial participada por fondos de inversión que asume el control de la tecnología, el márketing, los recursos humanos y, lo más importante, la captación de clientes.

Este enfoque permite que el asesor fiscal se libere de las tareas administrativas para centrarse en el cliente, pero también introduce una lógica de rentabilidad financiera que hasta ahora era ajena al sector. El objetivo de la BusinessCo es claro: generar valor para una futura desinversión del fondo mediante la escalabilidad.

Industrialización

El interés de los fondos se centra especialmente en los servicios fiscales de carácter recurrente. La gestión del cumplimiento tributario (compliance), las declaraciones periódicas y la asesoría técnica de bajo valor añadido son el terreno natural para esta nueva era.

Para que este modelo funcione, se están activando cinco palancas de éxito que Ruiz-Jarabo identifica como críticas. La primera es la industrialización de la captación de clientes, sustituyendo la agenda personal del socio por potentes estrategias de marca y datos. A esto se suma la creación de activos propios, como software de inteligencia artificial aplicada al análisis de riesgos fiscales, que permite procesar grandes volúmenes de información con un coste mínimo.

Sin embargo, el gran reto reside en la institucionalización del conocimiento. En un despacho tradicional, si un socio experto en fiscalidad foral se marcha, se lleva consigo el saber hacer. El modelo del capital privado busca transformar ese talento individual en procesos estandarizados, reduciendo la dependencia de las personas y aumentando el valor de la empresa como plataforma.

Un sector dividido

Esta evolución está empujando al sector hacia un modelo dual. Por un lado, emerge un ecosistema industrializado donde la eficiencia y el precio son los factores determinantes. Es el espacio de la automatización, ideal para empresas con necesidades fiscales estandarizables.

Por otro lado, resiste el modelo tradicional de asesoramiento estratégico. En operaciones de fusiones y adquisiciones complejas, litigios ante la Audiencia Nacional o grandes planificaciones sucesorias, el cliente no busca un algoritmo, sino criterio y confianza.

Según Ruiz-Jarabo, en este ámbito de alto valor, "la independencia y la profundidad técnica continúan siendo diferenciales difíciles de replicar en estructuras más industrializadas".

Uno de los puntos de mayor fricción en esta transición es la gestión de los llamados rainmakers, los socios capaces de generar negocio de forma masiva. El capital privado suele operar con horizontes de inversión a corto o medio plazo (3 a 5 años), buscando maximizar el valor para la salida. En contraste, el prestigio de una firma fiscal se construye a lo largo de décadas.

El éxito de estos nuevos modelos no dependerá solo del dinero. Retenerlos no se basará únicamente en ofrecer incentivos económicos o eventos de liquidez vinculados a estas plataformas, sino en preservar espacios reales de autonomía profesional. Existe una tensión estructural entre la lógica de la desinversión y la de la reputación a largo plazo que los despachos deberán equilibrar.

¿Hacia dónde va el asesor?

La disrupción no es una amenaza hipotética, sino una realidad en marcha. Los clientes ya no están dispuestos a pagar tarifas de especialista por trabajos que perciben como rutinarios. La verdadera estrategia para los despachos actuales pasa por identificar qué parte de su estructura puede industrializarse sin perder la esencia.

El futuro, por tanto, pertenece a las firmas híbridas. Aquellas que sean capaces de utilizar la potencia tecnológica y financiera de las plataformas empresariales para gestionar el día a día, pero que mantengan intacta la capacidad de acompañar al cliente en decisiones críticas.

En última instancia, la fiscalidad no es solo una cuestión de números y formularios. "El futuro no pasa por modelos fragmentados en los que cada especialista responde a su parcela, sino por la consolidación de asesores de referencia capaces de integrar la fiscalidad en la estrategia empresarial", concluye Ruiz-Jarabo.

En este nuevo tablero de asesoramiento fiscal, el valor real para los contribuyentes y los clientes en general seguirá residiendo en la capacidad de interpretar el negocio y aportar experiencia, algo que, por ahora, ningún fondo de inversión puede automatizar por completo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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