Comienza la cuenta atrás para los pactos entre el PP y Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Por ese orden. Las negociaciones extremeñas ejercen de rompehielos de ambas formaciones y avanzan a buen ritmo. Tanto, que los dos partidos reconocen que ya están entrando en la recta final y esperan que el acuerdo se rubrique la semana que viene.
La fumata blanca extremeña será el momento clave para la nueva correlación de fuerzas (y debilidades) en la derecha, ya que lo que se plasme en Mérida servirá, además, de modelo para Aragón, según ha sabido EL MUNDO de fuentes cercanas a la negociación.
«Una vez alumbrado el acuerdo de Extremadura, no habrá diferencias en Aragón, más allá de matices regionales», relatan. Extremadura será como el «molde» o como el piso piloto de los otros dos, reconocen.
Hay que recordar que los plazos de Aragón son aún más apremiantes que los de María Guardiola. Jorge Azcón necesita ser investido antes del 3 de mayo, y la baronesa cacereña, el 4. Pero las elecciones extremeñas fueron las primeras de este ciclo -se celebraron hace ya cuatro meses- y fueron, además, las que resultaron en un mayor enquistamiento de las relaciones entre Vox y el PP. Santiago Abascal llegó a llamar a la candidata del PP «la Irene Montero de Extremadura» y apuntó a sustituirla para poder llegar a un acuerdo. Después, en febrero, abrió la puerta a repetir las elecciones.
Pero el 16 de marzo, ni 24 horas después de que las urnas castellanas y leonesas aplacaran las expectativas de Vox, Santiago Abascal anunció que su partido entraría en los tres gobiernos. Y ahora debe cumplirlo.
Respondía así no sólo al mandato de las urnas, sino, también, a la nueva estrategia del PP, que ha reconfigurado por completo sus relaciones con Vox gracias al «documento marco» de Feijóo. Se trata de un texto en el que el principal partido de la oposición delimita los pactos con postulados imposibles de rechazar por Vox.
El Partido Popular lograba así que Santiago Abascal dejase de capitalizar su estrategia de impugnación del bipartidismo para pasar a formar un tique forzoso con los populares. De «Vox contra PP y PSOE», a «Partido Popular y Vox contra Pedro Sánchez», sintetizan en Génova.
Es, a juicio de todos los populares consultados, el movimiento estratégico de mayor calado y eficacia de Feijóo desde que ha tenido que ahormarse a la conllevanza con Vox.
Hay optimismo en Génova y buenas sensaciones en Bambú. La dirección de Abascal cree que hay mimbres para un acuerdo en Extremadura y reconocen que se está avanzando bastante, aunque faltan detalles en asuntos como la vivienda o la fiscalidad.
Como avanzó este diario el martes, las conversaciones encallan ahí: «En los temas ideológicos no están cediendo». Pero todos descuentan que habrá acuerdo. De hecho, «ya están redactando las medidas» y la vocación es desbloquear los puntos calientes en los próximos días, «aunque no parece que vaya a dar tiempo a tenerlo esta semana», explican fuentes conocedoras de las negociaciones. «Pero no hay nada que nos lleve a pensar en un retraso», agregan con alivio.
En la formación liderada por Santiago Abascal señalaron ayer en el Congreso que el acuerdo final, que llegará «en cuestión de días», no será el que quería el PP ni el que quería Vox porque ambos partidos están cediendo en pro de la estabilidad.
En Génova y en las baronías apelan también al «mínimo común» entre ambos, respetando, eso sí, la «proporcionalidad». Lidera el PP y Vox debe ejercer el papel subalterno.