«Puede que haya una buena posibilidad de que logremos la paz. Tenemos una idea para hacerlo», dijo el viernes Trump. Sobre el terreno, la situación no llama al optimismo. Ha sido un verano sangriento, con muchas víctimas civiles. Putin ha recrudecido la ofensiva mientras lamenta que el proceso de negociación siga «congelado» desde febrero, cuando Estados Unidos inició, en alianza con Israel, la guerra contra Irán. Desde entonces, Trump ha centrado su atención en el Golfo Pérsico, donde no ha conseguido el cambio de régimen en Teherán ni desbloquear el estrecho de Ormuz. El petróleo ha subido de precio y los bolsillos de los estadounidenses lo notan con las elecciones de medio mandato de noviembre cada vez más cerca.
Sin el éxito que preveía en Oriente Medio, el inquilino de la Casa Blanca ha retomado su mediación en el conflicto europeo. La visita de los enviados estadounidenses a la capital rusa se produce días después de que el director de la CIA, John Ratcliffe, viajara hasta allí para tantear el terreno. Su misión era trasladar al Kremlin una visión pesimista sobre sus perspectivas en esta guerra y tratar de convencer a Putin de que le conviene poner fin a las hostilidades. Pero el presidente no le recibió. Se limitó a enviar a la cita a responsables de los Servicios Secretos, según informó 'The New York Times'.
El breve alto el fuego sólo afecta a las dos capitales. El resto de los territorios siguen bajo amenaza
Ni a Kiev ni a Moscú les van bien las cosas en el frente. Todos pierden. Tienen sus respectivas economías 'secuestradas' por la necesidad de invertir en armamento. A eso se suman miles de bajas. En abril, Ucrania inició una campaña bélica dirigida contra la infraestructura logística y de combustible rusa. Los ataques a refinerías y centros energéticos han obligado a los ciudadanos de uno de los países grandes productores de hidrocarburos a hacer cola en gasolineras que apenas tienen abastecimiento.
Bombas sobre Ucrania
Por su parte, Rusia ha aprovechado el cada vez más reducido arsenal de interceptores de defensa aérea de Ucrania para bombardear objetivos en todo el país y convertir Kiev en un infierno. El viernes, un dron impactó contra la sede del Servicio Secreto ucraniano, situada en el centro de la capital. El viernes aún caían bombas sobre el aeropuerto de Kiev, horas antes del inicio de este corto alto el fuego por el viaje a la zona de los enviados especiales de Trump.
Witkoff, hombre de confianza del presidente, y Kushner no habían pisado Rusia desde enero. Entonces no lograron avances en el proceso de paz, que sufrió un frenazo tras la cita de Trump y Putin en Alaska en agosto de 2025. Desde que el magnate neoyorquino regresó en enero de año pasado a la Casa Blanca, Witkoff se ha reunido en varias ocasiones con el presidente ruso, sin logran grandes avances. Este domingo, por primera vez, visitará a Zelenski en Kiev. Al parecer, Moscú ha tratado de impedir que la delegación norteamericana realizara ese desplazamiento a la capital ucraniana, pero Trump se ha empeñado en mostrar su plan a los dos partes.
El Kremlin ya ha mostrado sus reticencias al planteamiento de Washington. Su portavoz, Dmitri Peskov, alaba la «buena voluntad estadounidense», pero deja claro que Rusia mantiene sus exigencias: todo el Donbás, incluso la parte que aún sigue bajo control de las tropas de Zelenski, y que Ucrania no ingrese jamás en el OTAN. Tras el encuentro de ayer en Moscú con Putin, los enviados especiales de Trump están citados hoy en Kiev con Zelenski en el segundo capítulo de ese reinicio de las negociaciones de paz.
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