El Gobierno atraviesa un momento de extrema debilidad, sin mayoría parlamentaria que dé aire a sus propuestas, sin Presupuestos y con una catarata de casos judiciales por presunta corrupción que afectan de lleno al PSOE y al círculo familiar del presidente. En estas circunstancias, Pedro Sánchez, enfrentado a la doctrina que predicó en la moción de censura contra Rajoy, a su propia responsabilidad política y a su atrincheramiento para resistir, no encuentra ya argumentos de defensa más allá de la victimización y el recordatorio de los escándalos perpetrados por Gobiernos precedentes.
El presidente exprime, frente a un Congreso que se revuelve entre inquieto y escandalizado, ambas estrategias e intenta tapar con los buenos datos macroeconómicos que le aporta su nuevo vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, el aluvión de indicios que se barajan en los tribunales contra su partido y su entorno más próximo.
Sánchez se envuelve, además, con el hábito de víctima propiciatoria y se presenta como un líder que padece los embates de las "élites en España", de "gobiernos muy poderosos" y de "tecnoligarcas que esparcen basura". Para todos ellos, su liderazgo, su gestión y sus propuestas "resultan incómodas y molestas". Y todos ellos, también, "tienen sus terminales en el Partido Popular y en Vox".
Insiste en que a todos esos agentes "no les gusta que el Gobierno apruebe la reforma laboral ni el aumento histórico del salario mínimo ni la Ley de Amnistía para perdonar y consolidar la democracia", ni que haga de "los avances sociales su ADN", ni que "alce la voz frente al genocidio en Gaza y el atropello del derecho internacional", ni que "diga no a un 5% del PIB en Defensa", ni que "tramite en las Cortes una ley para proteger a los jóvenes de la desinformación, los bulos y la inmundicia que se mueve en redes sociales". "Todo esto", afirmó ayer en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, "molesta a las élites en España y a gobiernos muy poderosos del mundo".
En las filas de la oposición quisieron identificar de inmediato no sólo a los grandes empresarios nacionales sino también a EEUU, un país que ha facilitado a la Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción de la Policía Nacional, el contenido del móvil incautado al empresario venezolano Rodolfo Reyes, antiguo propietario de la aerolínea Plus Ultra, con datos muy comprometedores para el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Pedro Sánchez recuerda a todos estos enemigos que "al Gobierno se llega con los votos de la gente y no con los atajos" que, en su opinión, PP y Vox están tratando de transitar con su ayuda.
El presidente sostiene que ha demostrado ser "contundente en la respuesta a los casos de falta de ejemplaridad y corrupción" que surgen en sus filas, pero también avisa que lo será igualmente en la respuesta "a los infundios, a las insidias y las mentiras que se están propagando contra el Partido Socialista y el Gobierno".
Desde la oposición, sin embargo, se preguntan "dónde está esa contundencia" que Sánchez asegura estar aplicando para purgar los casos de corrupción que florecen entre los suyos. Y recuerdan cómo "se tapó y luego se negó" la actividad de José Luis Ábalos y, después, la de Santos Cerdán, ambos situados por Sánchez como sus lugartenientes al frente del PSOE; cómo "se defiende y protege" a imputados como Zapatero; cómo "se miente y se contradicen" respecto a las reuniones y contactos que mantuvo Leire Díez con múltiples cargos socialistas -Santos Cerdán, Antonio Hernando, Mercedes González y Cristina Narbona entre otros- y, también, cómo se evita responder con una querella a la fontanera que les implica, a golpe de whatsapps y anotaciones en una libreta, en una trama de cloaca para cortocircuitar las investigaciones de jueces y Guardia Civil sobre las corruptelas socialistas.
En las filas del PSOE, no sólo hay personas que expresan su sorpresa ante la inacción del partido frente a Leire Díez, también hay quien afirma, aunque sin concreción alguna, que los servicios jurídicos de Ferraz llevan días estudiando la posibilidad de activar contra ella una querella. El último en asegurarlo ha sido el portavoz socialista en el Congreso, Patxi López. Pero, de momento, no llega. Y esto da pie a los populares a insistir sin desmayo en que el PSOE no actúa contra la fontanera "porque no puede". En definitiva, recalcan, "porque temen que Díez tire de la manta".
Fuentes de La Moncloa admiten que las siglas P.S. que aparecen en la agenda de Díez hacen referencia a Pedro Sánchez pero descartan que eso incrimine de algún modo al presidente que, aseguran, nunca mantuvo reunión alguna con ella ni conocía de sus "andanzas". Para Feijóo, sin embargo, estas anotaciones son clave porque, argumenta, o bien «"ánchez lo conocía todo y entonces debe dimitir por corrupción, o bien no se enteró de nada y en ese caso debe irse por incompetencia".
Los populares abogan por la primera versión y creen, como afirmó ayer su jefe de filas, que el presidente es el "inductor, financiador y beneficiario" de una "gestapillo" y, también como Feijóo, se preguntan "hasta cuándo Sánchez va a estirar toda esta basura antes de dar la voz a los españoles".