La celebración de la Pascua Militar casi nunca fue noticia por las vicisitudes de sus protagonistas principales, que son las Fuerzas Armadas. En la época del bipartidismo imperfecto -tan lejana como la del rey que instauró la ceremonia, Carlos III-, la recepción posterior al acto solemne del Salón del Trono del Palacio Real inauguraba el año político. Los periodistas estaban invitados por Zarzuela a la recepción y de ahí salían las primeras noticias políticas del año. Fue así durante el mandato de Felipe González. El ex presidente era escurridizo con los medios, pero de la Pascua Militar no podía huir, y la mañana de Reyes era propicia para comentar los regalos y también los planes políticos.
Su sucesor, José María Aznar, mantuvo la tradición y de sus conversaciones con los periodistas en la recepción de la Pascua Militar salieron muchas noticias. Hasta que el ahora rey emérito, entonces Juan Carlos I en todo su esplendor, ordenó expulsar a los informadores de la recepción. Los periodistas firmaron una nota de protesta y el entonces jefe de la Casa, Fernando Almansa, les explicó una tarde en Zarzuela que el 6 de enero era el día del Rey, y la Pascua Militar su celebración más querida, dado que se encontraba con sus compañeros de armas. Los presidentes del Gobierno no eran quienes para usurpar el protagonismo del jefe del Estado en esa celebración con declaraciones políticas que alteraban el significado de la fecha. La Pascua Militar era tan relevante para el autor de Reconciliación, su libro de memorias, que allí fue cuando empezó a abdicar a base de balbuceos cansados en su discurso, tras regresar de la celebración de su cumpleaños junto a su amante, Corinna Larsen.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se ha distinguido por ser el primero en muchas cosas. Ayer volvió a serlo. El primer presidente del Gobierno que se ausenta de los actos de la Pascua Militar por un compromiso internacional. ¿Internacional? Depende. En realidad, la política internacional es para la Moncloa más política nacional que nunca. Por ser más precisos, la agenda internacional es el clavo ardiendo al que Pedro Sánchez se agarra para mantener su agenda política y dar contenido a un mandato seriamente amenazado por las derrotas electorales del PSOE, por la corrupción, por las vicisitudes de los sumarios abiertos contra sus familiares y sus dos secretarios de Organización, uno de ellos en la cárcel.
En el año que acaba de terminar, a Sánchez vinieron a verle Trump, Netanyahu y Zelensky para darle aire y sacar pecho de presidir un país que exige respeto a los Derechos Humanos y a la legalidad internacional. En su momento, ya el jefe del Gobierno español se presentó como el anti Trump, el valladar para poner coto al avance de la extrema derecha en los países occidentales y el líder que plantaba cara al nuevo emperador negándose a incrementar los gastos de Defensa hasta el 5%. Puede decirse sin lugar a dudas que el Gabinete del presidente del Gobierno básicamente está centrado en la acción exterior, porque llamarle diplomacia en este momento quizá sea utilizar un concepto en desuso.
Sánchez no asistió a la Pascua Militar porque tenía una reunión en París con el resto de los líderes de la UE para pedirle a Trump que no invada Groenlandia, porque es un territorio de la OTAN.
Europa ha entrado en situación de emergencia tras la toma del poder en Venezuela por parte de Trump y su decisión de nombrar presidenta a Delcy Rodríguez, que aquí en España es casi como de la familia. Venezuela siempre fue una cuestión de política interna y desde la aparición de Podemos, mucho más. Venezuela ha sido y es la causa de las causas de la nueva derecha española contra el Gobierno de PSOE y Sumar. Venezuela es, en los sueños del PP de Ayuso, el lugar donde acabarán con Zapatero, metido en las maletas de la presidenta Delcy Rodríguez.
En un mundo gobernado por el caos y la incertidumbre de Trump, piensan Sánchez y su gabinete, y quieren pensar los dirigentes del PSOE, cualquiera sabe cómo llegaremos al final de 2026. Y, sobre todo, ¿qué importancia tienen los casos de corrupción, las denuncias de acoso, las derrotas electorales, la pérdida de la mayoría parlamentaria de Sánchez, en comparación con la inmensidad del reto al que se enfrenta el mundo entero?
El presidente y los suyos creen haber encontrado una alternativa para llenar la agenda política diaria con temas trascendentales y para poner en evidencia que Alberto Núñez Feijóo no es un hombre confiable en materia de política exterior. Nada de eso, sin embargo, logrará tapar la situación delicada del Gobierno de coalición. Yes casi seguro que tampoco el despliegue de sus habilidades en el exterior impedirá el fracaso electoral del PSOE en Aragón y el resto de las comunidades. Como la firmeza contra Netanyahu no tuvo efectos en las elecciones extremeñas.