- BEATRIZ FABIÁN @beabrihuega
Silvia Sardinero y Ana Sánchez rescatan los tesoros de la alacena de la abuela: porcelana, tapetes de ganchillo y recipientes tan útiles como "kitsch". Se regodean en la estética del bodegón que, humor mediante, replican en un homenaje a la buena mesa española.
En el imaginario colectivo de algunas generaciones perviven objetos anclados a épocas pasadas. Aunque se trata de piezas que transitan entre lo naíf, lo cañí y lo kitsch, encierran belleza quizás por atributos como la simplicidad y la ingenuidad. En la alacena de madres, abuelas e, incluso, bisabuelas se conservan saleros de cerámica en forma de ajo, limón o naranja y aquellos platos en relieve que reproducen frutas, verduras y hortalizas. En ese marco estético se podría englobar el trabajo de Sardinero y Sánchez, un proyecto creativo fundado por la artista plástica Silvia Sardinero, con formación en arte contemporáneo y simbología en la casa; y la decoradora e interiorista Ana Sánchez. Bajo el símbolo del cisne -por las sinuosas iniciales de sus apellidos-, su proyecto vio la luz en diciembre de 2025 en forma de tienda online y perfil en Instagram.
Sardinero y Sánchez nace a partir de afinidades estéticas, intereses compartidos y circunstancias personales que crecieron de manera orgánica. La idea comenzó a tomar forma hace unos tres años, a partir de un encuentro casual en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) donde Silvia tiene casa y Ana acababa de abrir la tienda de decoración El Deli. "Un día entré y fue como amor a primera vista", recuerda la primera. Aquel primer contacto derivó rápidamente en una conversación sobre sus respectivos intereses creativos. A partir de ese encuentro colaboraron en una serie de instalaciones que combinaban cerámica, escenografía y referencias artísticas. "Empezamos haciendo cerámicas, pero de una manera conceptual".
Ana Sánchez y Silvia Sardinero vuelcan su interés por cómo se representa la comida en el arte en piezas dignas de bodegón.Bruno RilovaHueveras, 25 euros; cuenco (24 euros) y bandejas cisnes (270 euros); bandeja rosas, 160 euros.Bruno RilovaEse proceso creativo compartido dio lugar también a una amistad y cuando Ana decidió cerrar la tienda, la idea de continuar trabajando juntas empezó a consolidarse. "Siempre nos rondaba la idea de hacer algo", señala Silvia. Entonces el proyecto todavía no tenía una forma clara. Durante un tiempo pensaron en abrir tienda física en Madrid -algo que vieron poco viable- y esa reflexión las llevó a replantear el formato y apostar por la opción online que funcionara al mismo tiempo como espacio de experimentación creativa.
La propia filosofía de Sardinero y Sánchez está muy vinculada a esa libertad. "Surge del deseo y no de la necesidad", afirma Silvia. "Nace de divertirnos y de la necesidad de desarrollar las ideas que tenemos". Uno de los elementos centrales de su trabajo es la referencia al bodegón y a la representación de la comida en el arte. Silvia lleva tiempo inmersa en esta temática a través de pequeñas piezas de cerámica. "Desde hace años trabajo la representación de la comida y el bodegón. Hacía miniaturas en cerámica con elementos gastronómicos o reproducciones de bodegones del siglo XVI y XVII", explica.
Trapo de cocina azul a cuadros, 22 euros.Bruno RilovaMantequillero caracol (110 euros), una pieza vintage en metal y cristal.Bruno RilovaHomenaje al bodegón
Entre las referencias que comparten destaca la pintora flamenca Clara Peeters, conocida por sus naturalezas muertas. Reconocen que no tienen una influencia única sino que, en general, les inspiran mucho "los trampantojos y la cerámica utilitaria". Ese interés por el bodegón se traslada también a los objetos que producen para su tienda. Muchas de sus piezas funcionan como reinterpretaciones contemporáneas de la naturaleza muerta. "La idea es que puedas tener un bodegón en tu casa de manera tridimensional usando elementos de la gastronomía española", explica.
La tradición artística y doméstica patria aparece así reinterpretada desde una mirada actual. "Nos interesa la representación de la comida en el arte". En ese sentido, insisten en que no se trata de una visión nostálgica, sino algo más lúdico. "Nos gusta mucho la tradición, pero también lo pop y lo contemporáneo. Es como la intersección entre ambos", afirman. Los referentes que alimentan su trabajo son variopintos y, además de la pintura de bodegones, mencionan elementos arquitectónicos, ornamentales y materiales. "Nos inspiran muchas cosas: las flores, los palacios... Las dos tenemos una conexión muy fuerte con el monasterio de El Escorial", uno de los monumentos más visitados de España. A nivel personal, su trabajo escultórico también influye en esta estética.
Plato llano (38 euros) y hondo, 36 euros.Bruno RilovaPlatos para caracoles con tenazas, 24 euros.bruno rilovaJunto a las piezas de cerámica, incorporan también una selección de objetos vintage relacionados con la mesa y la cocina. Esta línea surge de su interés compartido por los objetos cotidianos del pasado. "Nos gustan mucho las piezas antiguas y Ana es muy buena encontrando tesoros", comenta Silvia. Entre esos hallazgos aparecen objetos que hoy resultan poco comunes: legumbreras, platos de caracoles con sus pinzas o utensilios de mesa que han desaparecido de los usos habituales. "Nos entusiasman esos objetos que tienen un uso muy específico y que ya casi no se producen", subrayan. Proceden de mercadillos o de búsquedas en internet que incorporan como objetos recuperados para darles una segunda vida.
Ganchillo y cisnes
Además, el proyecto incluye una pequeña colección textil. "Tenemos servilletas, trapos de cocina, toallitas de tocador y pañuelos de bolsillo". Parte de los tejidos están elaborados en ganchillo por una colaboradora cercana. El símbolo del cisne refleja bien el tipo de estética que buscan: una mezcla entre elegancia clásica y cierto gusto por lo kitsch. "El cisne puede ser muy elegante, pero también un poco hortera, y esa ambigüedad nos interesa".
Fuente cisnes (270 euros).Bruno RilovaLegumbrera con cabeza de oca, 54,00 euros.bruno rilovaLa mirada sobre la artesanía también está marcada por la experiencia personal de Silvia que, al vivir en Londres durante casi 13 años, cambió su mirada sobre los objetos tradicionales. "Fue un despertar a la belleza que quizá no apreciaba tanto cuando estaba aquí". Ese redescubrimiento compartido por ambas se relaciona con la idea de observar: "Hay mucha belleza en cosas que hemos tenido en casa toda la vida y que de repente miras con otros ojos". Actualmente se encuentran desarrollando una colección inspirada en las comunidades autónomas, un homenaje hecho en forma de bodegones que celebran el día de cada comunidad y un plato de recuerdo. Su intención es seguir trabajando sin perder la libertad creativa y el sentido del humor.
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