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Se buscan CEOs con carácter

Se buscan CEOs con carácter
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El asesinato de Alex Pretti en Minneapolis es un momento para que los líderes cuestionen el rumbo de Estados Unidos. Leer
Financial TimesSe buscan CEOs con carácter
  • RANA FOROOHAR
3 FEB. 2026 - 09:57Los principales CEO del sector tecnológico, como Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, acudieron a la toma de posesión de Donald Trump como 47 presidente de EEUU.KENNY HOLSTON / POOLEFE

El asesinato de Alex Pretti en Minneapolis es un momento para que los líderes cuestionen el rumbo de Estados Unidos.

Donald Trump ha creado todo tipo de problemas a los consejeros delegados estadounidenses, desde políticas arancelarias en constante cambio hasta la politización de los tipos de interés y ataques personales contra quienes lo contradicen. Sin embargo, los líderes empresariales han tardado en alzar la voz. Los motivos van desde la creencia oportunista de que las rebajas fiscales y la desregulación justifican el caos, a a la presunción errónea de poder controlar al presidente y al miedo fundado de sufrir represalias personales por parte de Trump.

Pero los horrores de Minneapolis están cambiando ese cálculo. Un día después de que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) dispararan y mataran a Alex Pretti, un enfermero que protestaba contra las redadas migratorias en la ciudad, 60 líderes de grandes empresas de Minnesota —entre ellas Target, Best Buy, 3M, General Mills, UnitedHealth Group, US Bancorp y Cargill— emitieron una carta pública pidiendo una "desescalada inmediata de las tensiones" en su estado. En cuestión de horas, el CEO de la Business Roundtable, una de las asociaciones de CEOs más poderosas de EEUU, Josh Bolten, anunció su apoyo a la carta.

Casi al mismo tiempo, cientos de ejecutivos e inversores del sector tecnológico iniciaron una campaña de protesta contra el ICE. "Todos presenciamos cómo el ICE asesinó brutalmente a un ciudadano en las calles de Minneapolis", decía la publicación en redes sociales firmada por profesionales de empresas como Google, Amazon, Salesforce y Uber. "Cuando Trump amenazó con enviar a la Guardia Nacional a San Francisco en octubre, los líderes de la industria tecnológica llamaron a la Casa Blanca. Funcionó: Trump cedió. Hoy, hacemos un llamamiento a nuestros CEO para que cancelen todos los contratos de sus empresas con el ICE y se pronuncien públicamente contra la violencia del ICE".

Lamentablemente, justo antes de que sus empleados comenzaran a protestar, varios CEO de Silicon Valley estaban en Washington para asistir a la proyección de Melania, un documental de Amazon sobre la primera dama. Esto sirve como recordatorio del comportamiento servil de demasiados magnates estadounidenses hacia un presidente que socava la confianza en el sistema político y económico de la nación.

La pregunta ahora es si Minneapolis será un punto de inflexión tras el cual más líderes empresariales finalmente comiencen a alzar la voz sobre el daño causado por esta administración. Debería ser ese momento, no solo por razones morales, sino también por interés propio.

Empecemos con el tema de la inmigración en sí. Las nuevas cifras de la Oficina del Censo mostraron que la población estadounidense creció solo un 0,5 % entre julio de 2024 y 2025, debido en gran medida a que la migración se redujo de 2,7 millones a 1,3 millones. La Oficina del Censo proyectó que esa cifra disminuiría a 321 000 este año. Nativistas como Stephen Miller, subjefe de gabinete de Trump y asesor de seguridad nacional, podrían pensar que esto es positivo.

No lo es: el PIB es simplemente la suma de la población y la productividad. Reducir la fuerza laboral crea tanto un factor favorable para la inflación como un posible factor en contra para el crecimiento. Como lo expresó Atakan Bakiskan, economista estadounidense de Berenberg, en una nota reciente para inversores: "Por primera vez desde la gripe española de 1918, la Segunda Guerra Mundial y la pandemia de COVID-19, la población residente en EEUU en edad laboral podría disminuir interanualmente. Con una inmigración neta casi nula o negativa en 2025 y 2026, es poco probable que la economía estadounidense alcance aumentos del PIB cercanos a los registrados en el segundo y tercer trimestre de 2025". Los CEO de EEUU deberían llamar a la Casa Blanca a diario para preguntar por qué el presidente intenta con tanta insistencia eliminar una de las ventajas económicas más importantes del país.

Deberían quejarse del clima de miedo que Trump está creando, no solo para los inmigrantes, sino también para los consumidores. El mercado puede estar en niveles récord, pero también lo está el oro, lo que pone de manifiesto la preocupación de la gente por el futuro. La confianza del consumidor se encuentra en su nivel más bajo en 12 años. La gente es más pesimista ahora que durante la pandemia, lo que probablemente limitará el gasto. Más consejeros delegados de empresas minoristas deberían estar indignados por esto. Deberían preguntarle al presidente qué está haciendo para bajar el precio de la energía y los alimentos, además de intentar presionar a los ejecutivos petroleros reticentes para que inviertan en Venezuela o decirles a los agricultores afectados por los aranceles que bajen sus precios.

Las élites empresariales estadounidenses también deberían estar muy preocupadas por cómo las acciones del presidente han provocado profundos cambios en el futuro comercio internacional y los flujos de inversión. La UE acaba de firmar un importante acuerdo comercial con América Latina y está estrechando lazos con India. Países más pequeños, como Reino Unido y Canadá, están cortejando a China para hacer negocios, ya que Estados Unidos se considera menos fiable. En respuesta al reciente acuerdo canadiense que permite la entrada de miles de vehículos eléctricos chinos al país, la CEO de General Motors, Mary Barra, declaró a sus empleados: "No puedo explicar por qué se tomó la decisión en Canadá". Yo sí que puedo.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, y muchos otros políticos a nivel mundial saben que no pueden contar con Trump (como lo demuestran las recientes amenazas de la Casa Blanca de imponer aranceles del 50 % a los aviones canadienses, lo que perjudicará a las empresas de EEUU que dependen de ellas). Los líderes empresariales estadounidenses deberían estar igualmente preocupados. Sí, algunas empresas estadounidenses se están aprovechando de los nuevos contratos de la Casa Blanca. Pero los ejecutivos que creen que otros tres años de exenciones fiscales compensarán el debilitamiento de tantos fundamentos se engañan a sí mismos. Sus beneficios acabarán sufriendo si no presentan resistencia. Y sus conciencias, también.

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Fuente original: Leer en Expansión
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