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Vivir | Salud «Siesta del estrés»: por qué tu cerebro te obliga a dormir cuando estás agobiadoAunque sobre el papel pueda parecer una forma sencilla de sobrellevar los problemas, quienes la experimentan no siempre salen beneficiados
Miércoles, 15 de abril 2026, 19:00
Ante situaciones de estrés o ansiedad, lo habitual es que el cerebro se active. Te pones hiperactivo, no paras de moverte, pasan millones de ideas ... por tu cabeza, ninguna solución te parece buena... Sufres lo que se llama sobreestimulación, que lejos de ayudarte te pone más contra las cuerdas porque no puedes pensar con claridad, te bloqueas y, encima, te sientes peor todavía. Pero no todo el mundo reacciona así. Hay un grupo de personas al que les pasa exactamente lo contrario: entran en reposo de manera literal. Tú que no puedes dormir y ellos, ¡dormidos por las esquinas!
Aunque sobre el papel pueda parecer una forma sencilla de sobrellevar los problemas -incluso envidiable- quienes la experimentan no siempre salen beneficiados. «Cuando se despiertan puede aparecer una sensación de culpa por haber desaprovechado ese tiempo», reconoce Arostegui. A lo que hay que sumar nuestras miradas entre celosas y molestas.
Siestas«Si las prolongamos, podemos terminar hipotecando el descanso nocturno»
María José Arostegui
Psicóloga y miembro de la Sociedad Española de Sueño
Este tipo de somnolencia tiene varias causas. Por un lado, es producto del desgaste mental que genera la ansiedad, y que desemboca en puro agotamiento. También responde a una necesidad fisiológica: en situaciones de estrés, se eleva la glucosa y dormir la regula. Y, por último, el cerebro puede «forzar» esa desconexión cuando alcanza su límite. «Cuando procesa un peligro, activa tres tipos de respuestas: lucha, huida o parálisis. Dormirse encajaría en esta última» y no lo decide la persona: «Es un mecanismo automático».
20 minutos
Tras la aparición de la somnolencia llega la siesta y, con ella, la gran pregunta: ¿cuánto debe durar? «Para que sea reparadora no debería superar la media hora», apunta Arostegui. Vamos, que hay que ponerse la alarma, nada de 'dejarnos'. El rango ideal, explica la psicóloga, se sitúa en torno a los 20 minutos, suficiente para permanecer en fases de sueño ligero (N1 o N2). Este periodo de descanso tiene efectos inmediatos: mejora la concentración, la eficiencia cognitiva y la claridad mental. Si la alargamos, es más probable despertarnos con sensación de confusión o aturdimiento. En otras palabras, tras una siesta bien medida no solo disminuye la tensión, sino que aumenta la capacidad para afrontar los problemas con otra perspectiva.
Entrar en bucle
Lo de consultar con la almohada cuando hay problemas parece que funciona... pero con condiciones. «El efecto de estas siestas es positivo siempre que sea algo puntual. Si se convierte en el único método para hacer frente a los problemas, podemos entrar en un círculo vicioso que hay que romper cuanto antes», advierte la experta. Dormir durante el día puede comprometer el descanso nocturno: «Hipotecamos el sueño». La gestión de estas siestas es clave: prolongarlas –hasta una o dos horas– puede derivar en insomnio. Además, Arostegui insiste en que «desconectarse no debería ser la única forma de enfrentarse a la realidad» y al malestar.
Personas sensibles
¿Hay algún tipo de persona más proclive a este tipo de siestas? Lo cierto es que no hay un perfil único, pero «puede afectar a personas con niveles altos de neuroticismo, aquellas que suelen estar en alerta constante y son muy reactivas». También a individuos con una personalidad altamente sensible y con rasgos evitativos. Estos últimos, en lugar de gestionar los problemas, se apartan de ellos: «Es lo mismo que cuando procrastinamos, es otra forma más que tiene el cerebro para escaquearse». Para gestionar mejor este tipo de respuestas y evitar que se cronifiquen, la experta señala la terapia cognitivo-conductual como una de las herramientas más eficaces. «La medicación en algunos casos también puede funcionar, pero siempre es recomendable que esté acompañada de sesiones de terapia».
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Más de la mitad de los españoles no duerme lo suficiente
El 56% de las personas adultas en España reconoce que no duerme las horas suficientes y un 50% no tiene un sueño reparador. Son los datos principales que extrae la Sociedad Española de Neurología (SEN) de su última 'Encuesta poblacional sobre hábitos cerebro-saludables de la población española'. La mala calidad del sueño también está relacionada con la elevada prevalencia de los trastornos de este campo. La SEN estima que más de cuatro millones de personas en España padecen alguno de forma crónica y grave. Entre los más de cien que hay identificados, los más frecuentes son el insomnio, la apnea obstructiva del sueño y la alteración de los ritmos circadianos.
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