¿Qué le había sucedido a Paulina Borsook?
La pregunta la atormentaba, incluso en un día en que había recibido tan buenas noticias cuando llegaron las ofertas. En verdad, la cuestión la ha atormentado durante un cuarto de siglo. En el 2000, tras años escribiendo sobre Silicon Valley, publicó un libro, Cyberselfish (Ciberegoísta), que encontraba en el utopismo tecnológico de la época una malevolencia social misógina y sin vida. Lo que el subtítulo denominaba la “Cultura terriblemente libertaria de la alta tecnología”. Fue inteligente en un momento en que toda la industria tecnológica se había vuelto tonta, y resultó gracioso en el contexto de la autocomplacencia de Silicon Valley. Cyberselfish recibió críticas positivas, aunque a veces desconcertadas. Vendió alrededor de 5,000 ejemplares en tapa dura y otros 2,000 en rústica, una cifra respetable para un libro de tirada media. Ningún éxito de ventas, pero tampoco un fracaso.
Y luego… nada. Los editores dejaron de contestar sus llamadas. No se materializó ninguna beca, ningún contrato para un segundo libro, ninguna aparición regular en MSNBC. Borsook no conseguía trabajo. Empezó a preguntarse si la habían incluido en una lista negra. Su salud, siempre frágil, no hizo más que empeorar. Vivía en casas ajenas. Se arruinó, un proceso que comparó con un incendio en el que todo se quema hasta los cimientos. Sobrevivió gracias a una campaña de GoFundMe y al apoyo de algunos amigos. Empezó entonces a llamar al libro TDB (That Damn Book): Ese maldito libro.
publicación muy compartida en Bluesky, en respuesta a un ensayo de Steven Levy publicado en WIRED en 2025. A Borsook se la bautizó como profeta, poco apreciada en su época pero especialmente adecuada para la nuestra. Había escrito sobre “hombres envenenados por la testosterona, con complejo de inferioridad y demasiado tiempo libre” años antes de que surgiera la ‘manosfera’. Había reivindicado a los luditas como “los primeros manifestantes contra la descalificación profesional” cuando el término ‘ludita’ era un insulto? Había fruncido el ceño ante los teóricos de Sand Hill Road que coqueteaban con la eugenesia. Cyberselfish se convirtió en un fenómeno menor sin que Borsook tuviera que decir ni una sola palabra al respecto. The New York Times le dedicó un perfil, llamándola “la escritora que se atrevió a criticar Silicon Valley”. Es como le dijo una vez un amigo: “El universo aún no ha terminado contigo”.Las editoriales estaban ahora ansiosas por volver a poner el libro en circulación. Aquel día de diciembre, cinco de ellas enviaron ofertas a su agente. (Al final, Borsook se decidió por Tin House, que publicó una nueva edición de Cyberselfish a mediados de septiembre, con un prólogo de Durán). Las ofertas supusieron un reconocimiento después de todos esos años en el olvido. Por fin las cosas parecían ir bien…
comunalistas libertarios de la época que siguió. Este fue el entorno que, con el tiempo, daría origen a WIRED. Cuando Borsook empezó a escribir para WIRED en la década de 1990, se produjo una especie de colisión entre dos maneras muy diferentes de entender la economía política de mediados de siglo en Estados Unidos."My life as a ghost" (Mi vida como un fantasma). La amiga había sacado el arma de un cajón de la cocina (era la casa de la amiga, y los padres de la amiga eran miembros de la Sociedad John Birch) y comenzó a esgrimirla. Borsook se refugió detrás de la pared en otra habitación. Después de un momento, asomó la cabeza para ver qué sucedía. Su amiga apretó el gatillo. Borsook recuerda dos cosas: un zumbido constante y pulsante, y luego el silencio. La bala le había atravesado la mejilla y le había salido por la nuca.ensayo de Borsook con ese titular). El proceso no fue nada fácil. Un acuerdo con la editorial de WIRED fracasó después de que Borsook concediera una entrevista en la que recitó algunas de sus críticas a la revista. Otra editorial tampoco resultó adecuada. Finalmente, Lisa Kaufman, de PublicAffairs, rescató Cyberselfish del olvido editorial, y el libro vio la luz justo cuando la burbuja de las puntocom empezaba a estallar.Si bien las ventas fueron modestas, el libro representó un éxito de reputación para la editorial, manifiesta Kaufman. El New York Times lo elogió efusivamente. Turner llega incluso a calificarlo como “la primera crítica genuina de izquierda al mundo tecnológico de la que tengo conocimiento” y “una de las primeras expresiones claras de algunos de los conflictos realmente desagradables inherentes al pensamiento cibercultural de la época”. Añade: “Lo que Paulina comprendió de inmediato fue que lo vio todo con claridad. Comprendió que estas empresas eran empresas comerciales. Buscaban posiciones en el mercado. Buscaban prestigio”.
WIRED.com. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.