La policía despliega refuerzos tras dos noches de disturbios en Belfast mientras crece el miedo entre los residentes extranjeros
Regala esta noticia Añádenos en Google Automóviles quemados durante los incidentes en Belfast. (Afp)Londres
11/06/2026 a las 21:07h.«Tengo pasaporte británico, he nacido aquí, pero la gente no ve tu pasaporte cuando se cruza contigo por la calle. Ve el color de ... tu piel». Con estas palabras, Priya, una estudiante universitaria de origen indio, resume el clima de tensión que vive en la ciudad que la vio nacer. Habla desde la vivienda que comparte con otras tres jóvenes en una zona residencial del norte de Belfast. Pese a que tiene la nacionalidad británica, reconoce que lleva dos días sin salir de casa. Lo mismo ocurre con buena parte de sus amigos, estudiantes y trabajadores extranjeros que observan con inquietud cómo la ciudad afronta una nueva noche bajo una importante presencia policial tras dos jornadas consecutivas de disturbios. «La sensación es que nadie sabe dónde puede pasar lo siguiente», explica. «Lo que empezó en un sitio se ha ido extendiendo y ahora mucha gente tiene miedo».
Una de las cosas que más ha impresionado a esta estudiante de sociología no son únicamente las imágenes de viviendas incendiadas, coches calcinados o grupos encapuchados recorriendo determinadas calles de Belfast, sino que «entre algunos de los grupos que están sembrando miedo también hay personas de piel morena como la nuestra. Eso me asusta muchísimo. No es tan simple como pensar que esto es gente blanca contra extranjeros».
Viejas heridas abiertas
La preocupación se repite entre muchos jóvenes que han llegado a Irlanda del Norte durante los últimos años para estudiar o trabajar. Mary Louise, también estudiante de sociología procedente de la República de Irlanda, observa con especial inquietud la posibilidad de que la actual crisis termine alimentando divisiones mucho más profundas. «Lo que más me preocupa es que se empiecen a mezclar demasiadas cosas a la vez», explica. «La inmigración es un debate complicado. La vivienda es otro problema. Pero aquí además existe toda la historia de Irlanda del Norte, el recuerdo de los Troubles. Hay generaciones enteras que han crecido intentando superar conflictos que fueron terribles, y me preocupa que la tensión actual acabe alimentando heridas que nunca desaparecieron del todo», apunta.
Estos testimonios reflejan el clima de incertidumbre que se ha instalado en parte de la población de Belfast desde el brutal ataque a Stephen Ogilvie, apuñalado el pasado lunes por un sudanés y que ha desencadenado la mayor ola de disturbios vivida en Irlanda del Norte en los últimos años.
Reacción de la ONU
La alarma ha alcanzado tal dimensión que Naciones Unidas intervino ayer. «Estoy horrorizado por la violencia que ha estallado en distintas partes del Reino Unido durante los últimos días», declaró Volker Türk, Alto Comisionado para los Derechos Humanos. El responsable de la ONU denunció que «diversos actores han instrumentalizado estos ataques y han difundido narrativas divisivas contra comunidades basadas en la raza y el origen étnico para incitar al odio y a la violencia».
La condena internacional llegó después de una segunda noche de graves altercados. Las fuerzas de seguridad desplegaron cañones de agua y dispararon proyectiles antidisturbios para dispersar a grupos que atacaron a los policías con ladrillos, objetos contundentes y cócteles molotov. «Este comportamiento violento por parte de una minoría de matones no será tolerado», declaró el subcomisario Ryan Henderson. «Desde el principio quedó claro que quienes acudieron no tenían intención de participar en una protesta pacífica, sino de ejercer la violencia», añadió.
Decenas de policías procedentes de otras fuerzas policiales británicas han comenzado a llegar a Irlanda del Norte dentro del sistema de ayuda mutua activado por la PSNI para reforzar a un cuerpo que lleva varios días operando bajo una presión extraordinaria. El dispositivo previsto para las próximas jornadas incluye patrullas reforzadas en zonas sensibles, una mayor presencia de unidades antidisturbios, protección específica para hospitales, comercios y barrios con elevada presencia de población extranjera, así como un incremento de la vigilancia en estaciones y otros puntos estratégicos.
La tensión ha comenzado además a afectar a servicios esenciales. La compañía pública Translink anunció la suspensión anticipada de numerosos servicios de tren y autobús.
El origen inmediato de la crisis es el ataque por parte de Hadi Alodid, quien, según informaciones publicadas por la prensa local, procede de una familia prominente de Karima, en el norte de Sudán, y habría trabajado durante un breve periodo como policía en Jartum antes del estallido de la guerra civil en 2023. Posteriormente abandonó el país, atravesó Libia, llegó a Europa y terminó instalándose en Reino Unido, donde se le concedió el asilo mediante un procedimiento rápido debido a su nacionalidad.
Debate sobre la frontera irlandesa
La crisis ha reabierto el debate sobre la frontera irlandesa. Algunos dirigentes unionistas han reclamado mayores controles después de que las autoridades confirmaran que Alodid llegó a Irlanda del Norte tras pasar por la República de Irlanda. Sin embargo, los partidos nacionalistas rechazan esa interpretación.
La líder del SDLP, Claire Hanna, acusó este jueves al DUP de intentar utilizar una tragedia criminal para reabrir debates políticos sobre la frontera y sostuvo que ni el apuñalamiento ni los disturbios posteriores se habrían evitado mediante controles más estrictos.
Más allá del caso concreto de Alodid, numerosos observadores consideran que esta violencia refleja tensiones acumuladas durante años. Irlanda del Norte ha experimentado una transformación demográfica significativa en un periodo relativamente corto, al tiempo que aumentaban los problemas de acceso a la vivienda, las dificultades de los servicios públicos y una creciente polarización alimentada por las redes sociales.
En una sociedad donde las cuestiones identitarias siguen ocupando un lugar central y donde las heridas de décadas de conflicto sectario no han desaparecido, muchos temen que asuntos como la inmigración, la vivienda o la desigualdad terminen mezclándose con fracturas históricas que todavía permanecen latentes. Liam Kennedy, profesor emérito de la Queen's University de Belfast y autor de varios libros sobre el conflicto norirlandés, explica que «durante la última década, la llegada masiva a Europa de inmigrantes, a menudo huyendo de guerras o de la pobreza en sus países de origen, ha revitalizado a la extrema derecha». En su opinión, «tampoco ha ayudado tener a un presidente populista en la Casa Blanca. Y las redes sociales han amplificado mensajes de odio y prejuicio contra los inmigrantes, a menudo basados en afirmaciones falsas y exageraciones».
El experto considera que «alimentar el sentimiento antiinmigración es una forma ideal de captar apoyos, especialmente entre votantes blancos de clase trabajadora con escasa educación formal, dispuestos a aceptar todo tipo de prejuicios y teorías conspirativas sobre los extranjeros» y «en Irlanda del Norte esto afecta principalmente a la clase trabajadora protestante o lealista, muchos de cuyos miembros, irónicamente, ni siquiera trabajan y dependen de prestaciones estatales. Antiguamente los habríamos denominado el lumpemproletariado».
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