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Los inversores temen que la guerra contra Irán derive en una crisis energética de alcance mundial.
La deriva del conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán hacia una crisis energética inquieta cada vez más a los mercados. El Ejército israelí atacó ayer el mayor campo iraní de producción de gas para dañar la capacidad de resistencia de Teherán, que ha seguido enviando sus productos energéticos a través del estrecho de Ormuz con destino a China e India pese a impedir el paso de barcos de otros países de la zona.
Pero los ayatolás, que durante las dos semanas y media que dura ya la guerra en la zona habían atacado diversas instalaciones petroleras y gasistas de las naciones árabes vecinas como Baréin, Catar, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos, aunque ninguna de carácter crítico, amenazaron con escalar todavía más el conflicto regional, situando en su punto de mira las infraestructuras energéticas más sensibles de los países que respaldan la operación de Israel y EEUU. De hacerlo, se cumplirían los peores temores de los analistas y las economías importadoras de la energía del Golfo Pérsico.
La potencial destrucción de pozos petrolíferos y refinerías de gas reduciría estructuralmente la oferta global disponible de ambas materias primas, cronificando los altos precios actuales o incluso elevándolos más allá. Y las consecuencias se dejarían sentir en todo el planeta. El Fondo Monetario Internacional estima que por cada 10% que se encarezca la energía en promedio anual se reduciría entre una y dos décimas el PIB mundial, mientras que la inflación media aumentaría cuatro décimas.
Pues bien, desde el pasado 28 de febrero el coste del petróleo Brent, la referencia en Europa, ha crecido un 50%, mientras que el del gas natural en los mercados financieros prácticamente se ha duplicado, hasta su máximo desde 2022. Tampoco la retórica de Trump está ayudando a calmar a los inversores. Tras varios días presionando a los gobiernos occidentales para que ayuden a su ejército a desbloquear el estrecho de Ormuz controlado 'manu militari' por Irán, ahora amaga con desentenderse de la suerte del paso por el que transitaban hasta el comienzo de su ofensiva junto al israelí Benjamín Netanyahu contra Teherán un 25% del gas que se consume a nivel global y un 20% del petróleo.
Lo cual significaría dejar al criterio discrecional de los ayatolás, enfrentados ahora más que nunca con sus vecinos árabes, la capacidad de los grandes productores de ambas materias primas para exportarlas al resto del mundo. El peor escenario posible.
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