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Trump ha perdido la guerra

Trump ha perdido la guerra
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Trump inició una guerra que no ha podido ganar y con ello ha demostrado los límites del poder de EEUU. Contará su verdad y se lavará la manos. El reto de los aliados, con la verdad por delante, es gestionar la humillación de Trump. Es afirmar que la fuerza no es la razón y actuar en consecuencia. Leer
Ensayos liberalesTrump ha perdido la guerra
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 24 ABR. 2026 - 02:31El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.DANIEL HEUER / POOLEFE

Trump inició una guerra que no ha podido ganar y con ello ha demostrado los límites del poder de EEUU. Contará su verdad y se lavará la manos. El reto de los aliados, con la verdad por delante, es gestionar la humillación de Trump. Es afirmar que la fuerza no es la razón y actuar en consecuencia.

Al parecer el dramaturgo griego Esquilo, predecesor de Sófocles, fue el primero que puso en circulación el dicho de que la verdad es el primer caído en toda guerra. Desde que comenzó la del Golfo se sabía que ella sería su primera víctima. Lo que incumbe a gente civilizada es rescatarla de manos de los mendaces.

"¿Qué es la verdad?", le preguntó Poncio Pilato a Jesús. El gobernador, al fin y al cabo, era un ilustre representante del relativismo que distinguía a las elites del imperio romano. Como se sabe, Pilato no esperó la respuesta de quien le había dicho que vino al mundo para ser testigo de la verdad. Salió al balcón, dijo a la enfurecida masa que no encontraba ninguna culpabilidad en Jesús y se lavó las manos.

Desde que el evangelista Mateo transcribió esta conversación ha habido gente que se ha esforzado en discernir entre lo que es veraz y lo que no lo es. Incluso la hay hoy cuando se dirá que dominan las fake news y la posverdad. Y cuando Donald Trump, que se disfraza de Jesús en las redes sociales y discute abiertamente con el vicario de Cristo, cuenta las cosas a su manera.

Es importante resaltar el discernimiento de los mejores porque no faltan quienes al frente de grandes poderes persisten en la atroz idea de que la fuerza es la razón. Habrá que gestionar esta locura porque amenaza la civilización que se ha ido construyendo desde que Esquilo escribió sus dramas. Trump ha dado muestras sobradas de lo codicioso, vengativo, irascible e imprevisible que es. También de su insultante mendacidad.

Tal gestión es urgente porque crece la evidencia, y con ella el relato veraz, de que Trump ha perdido la guerra del Golfo que, sin consultar a sus aliados salvo Israel, declaró a la República Islámica el pasado 28 de febrero. Su reacción ante este desastre pasará por la búsqueda de chivos expiatorios y no puede ser menos que altamente inquietante para sus colaboradores y sus aliados.

El tiempo se encargará de asentar que Trump perdió la guerra cuando el martes se vio obligado a alargar sine die el alto el fuego en el conflicto a la espera de una "propuesta" de Teherán, propuesta que todo el mundo sospecha puede tardar semanas y meses en ser formalizada. Trump fue forzado a ello porque, fuera de un definitivo holocausto, no podía doblegar a su enemigo.

El martes era el día que vencía el último de los varios ultimátums que Trump ha lanzado a Irán. O Teherán atendía a los requerimientos de Estados Unidos, siendo el desmantelamiento de su proceso nuclear el más importante de ellos, o el mismísimo cielo caería sobre un país de noventa y tres millones que es más grande que Alemania, Francia, España y Reino Unido juntos.

Antes de expirar el ultimátum, Trump lo metió en un cajón. Ni siquiera él podía dar ese paso de escalación. TACO, Trump Always Chickens Out -Trump, al final, siempre se acobarda-, dicen del presidente de los Estados Unidos.

No se sabe cuándo comenzarán las negociaciones de paz que, se supone, serán moderadas de nuevo en Islamabad por el mariscal paquistaní Asim Munir, el hombre más fuerte del mundo musulmán, como lo fueron las de hace una semana que no duraron ni un día. Pero Trump ha suspendido la guerra que emprendió.

Sin sentido

El cese de hostilidades equivale a la rendición de Estados Unidos. Sencillamente, Estados Unidos ha llegado a la conclusión de que ya no tiene sentido, o lo que viene a ser lo mismo, que ya no le interesa, seguir la pelea. Esto no lo dirá nunca el presidente de Estados Unidos. Y se entiende. Trump tendría que volver a nacer para admitir que ha perdido una guerra. Dirá que ha cumplido sus objetivos y esto, simple y llanamente, no es verdad.

Está por ver el cómo, de qué manera y en qué plazos, y bajo qué supervisión estará dispuesto Irán a renunciar a sus ambiciones nucleares. No faltan quienes aseguran que la terrorífica ironía es que lo que ha conseguido la guerra es acelerar el proceso de nuclearización en lugar de aniquilarlo. La bomba de todas las bombas es la mejor de las pólizas de seguro porque a un país nuclear no se le ataca.

Los iraníes dirán en voz bien alta que Estados Unidos ha perdido. Muchos en el Sur Global lo celebrarán y Moscú y Beijing se frotarán las manos. Trump tiró la toalla cuando anunció el cese de sus ataques a Irán por un tiempo indefinido sin conversaciones diplomáticas ni contraprestaciones por medio. Resistir es vencer y el monstruoso régimen de los ayatolás tendrá razón al cantar victoria. Irán resistió y ha vencido.

Al igual que Vladímir Putin cuando intentó ocupar Ucrania el 24 de febrero de 2022, Trump pensó que con sus intensos bombardeos y una serie de asesinatos cambiaría el régimen de Teherán en un par de días. El presidente de los Estados Unidos cometió el mismo error que su amigo el zar ruso con las columnas de tanques que envió a Kiev. Lo que suelen ignorar quienes invocan la razón de la fuerza es que, por norma general, los pueblos se revuelven contra el invasor y le desafían.

Teherán ha padecido lo indecible en los últimos dos meses como lo han sufrido la capital y demás ciudades ucranianas desde hace cuatro años. Pero el poder que ejercen los ayatolás sobre el pueblo iraní sigue intacto, incluso reforzado, al igual que el del gobierno de Volodímir Zelenski. En ambos casos los agredidos han mostrado un experto manejo de esa nueva arma de guerra que es el dron.

La diferencia entre una guerra y otra es que Trump ha tenido que recoger velas y Putin, hasta la fecha, no. Estados Unidos no ha tenido más remedio que dar marcha atrás porque Irán ha podido cerrar el Golfo Pérsico al bloquear el estrecho de Ormuz y, al taponarlo, obligar a Trump a hacer lo mismo.

Es como si Ucrania, y Rusia en represalia, hubieran podido cerrar el Mar Negro y bloquear el Bósforo. Los ayatolás y su cuerpo de Guardia Revolucionaria cuentan con unas cartas, como le gusta decir a Trump, de las cuales Zelenski y su ejército carecen. Han demostrado su capacidad de estrangular una vital arteria del comercio mundial.

Por eso Trump mantiene el alto el fuego y, hasta la fecha sin éxito, negocia salvar en Islamabad cuantos muebles pueda. Trump sabe que la prolongación del conflicto creará una depresión global cuyo epicentro será Estados Unidos. Esto no lo puede consentir y sabe que lo saben los ayatolás. Según Macrotrends el precio diario del barril de crudo, Brent, en el último lustro ha oscilado entre los 127,40 dólares registrado el dos de junio de 2022 y los 62,66 dólares del pasado ocho de diciembre. Como se sabe perfectamente, las economías avanzadas difícilmente pueden sostenerse cuando el importe sobrepasa los cien dólares, como ocurrió temporalmente en el primer verano después de la invasión de Ucrania. Europa todavía no se ha curado de esa herida.

Lo que no puede hacer Trump, según el criterio de todos los analistas, es escalar la beligerancia en el Golfo con el desembarco de la tropa en la costa de Irán. La invasión terrestre sería el ineludible próximo paso porque las guerras nunca se ganan desde el aire a no ser que se recurra a la bomba, al llamada Little Boy, que cayó sobre Hiroshima el seis de agosto de 1945. Se ganan cuando se ocupa la capital del enemigo, que es lo que hizo el ejército soviético cuando tomó Berlín el dos de mayo de ese mismo año.

Estados Unidos no puede poner boots on the ground, botas sobre el suelo de Irán, ni puede su presidente ordenar que la infantería norteamericana avance sobre Teherán. No pueden porque no lo admitirán los norteamericanos, y muy concretamente la base electoral de Trump que es el movimiento Make America Great Again, MAGA.

Trump es presidente porque prometió acabar con los forever wars, las guerras sempiternas como la de Afganistán, y también porque dio su palabra de que al hacer grande de nuevo a América nadie se opondría al dictado de Washington.

En el Golfo Trump inició una guerra que no ha podido ganar y con ello ha demostrado los límites del poder de Estados Unidos. Contará su verdad y se lavará la manos. Pero no se le creerá y se le denunciará por ello. El reto de los aliados de Estados Unidos, con la verdad por delante, es gestionar la humillación de Trump. Es afirmar que la fuerza no es la razón y actuar en consecuencia.

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Fuente original: Leer en Expansión
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