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Tu hijo tiene un 'finsta' y no sabes lo que es

Tu hijo tiene un 'finsta' y no sabes lo que es
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No le castigues, pero estate atento a las señales. Analizamos el fenómeno de los perfiles secundarios en redes entre adolescentes
Tu hijo tiene un 'finsta' y no sabes lo que es

No le castigues, pero estate atento a las señales. Analizamos el fenómeno de los perfiles secundarios en redes entre adolescentes

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José Carlos Castillo

09/09/2026 Actualizado a las 00:03h.

Los adolescentes españoles pasan una media de 77 minutos diarios en las redes sociales, según el último estudio de la plataforma sobre seguridad online y ... bienestar digital Qustodio. Más de una hora, que se dice rápido. ¿Y qué hacen? Aparte de hacer 'scroll' y dar 'likes' a diestro y siniestro, buena parte de ese tiempo lo dedican a cultivar su propia identidad, explica la psicóloga Gloria R. Ben. Esto, lo de cultivar la identidad, no es nada extraño, al contrario: «Es normal que los jóvenes prueben diferentes formas de expresarse, cambien de gustos, de estilo o de grupo de amigos mientras descubren quiénes son y cómo quieren mostrarse al mundo», desgrana. Lo nuevo es que hoy ese proceso no solo tiene lugar en el entorno físico, sino en el digital, «donde las redes sociales amplían las posibilidades de experimentar con distintas facetas de uno mismo».

La psicóloga rebaja la alarma: un 'finsta' no es sinónimo de que nuestro hijo se haya convertido en un desconocido o un delincuente; es, simplemente, la consecuencia de relacionarse en el mundo digital. «Todos adaptamos la forma en que nos mostramos según el contexto: no hablamos igual con nuestros amigos que con la familia o en una entrevista de trabajo. En el entorno digital ocurre algo parecido. Los adolescentes también ajustan lo que comparten en función de quién va a verlo y del tipo de relación que mantienen con esas personas». Y para realizar ese ajuste, se crean diferentes perfiles.

En los públicos, «aquellos a los que pueden acceder muchas personas (compañeros de clase, conocidos o incluso desconocidos)», sus publicaciones están «condicionadas por la imagen que el adolescente quiere proyectar». Los 'finstas' «suelen restringirse a un grupo muy reducido de amigos de confianza. Se utilizan para compartir contenidos más espontáneos, opiniones, emociones o situaciones cotidianas sin la presión de una audiencia amplia», detalla Ben.

En datos

4

horas diarias

frente a una pantalla pasan los chavales de entre 4 y 18 años, según el último estudio de Qustodio, en el que han participado 400.000 familias de seis países.

44

%

de los niños españoles usa ChatGPT, un 30% más que en la anterior edición del informe.

Entonces, ¿podemos despreocuparnos? No exactamente. Hay casos en que dichas cuentas privadas se convierten en algo más que un espacio informal.«El entorno digital ofrece una sensación de seguridad que facilita expresar aspectos personales difíciles de compartir cara a cara. Un perfil privado puede permitir al adolescente mostrar intereses, emociones o rasgos de su personalidad que teme que sean juzgados o rechazados en otros contextos. Para algunos jóvenes, ese espacio resulta incluso más auténtico que su propia identidad fuera de internet porque sienten que pueden mostrarse con menos presión social y con mayor libertad», desliza la psicóloga. Y esto tiene cierto riesgo, por lo que conviene estar pendientes.

Sobre todo, si el adolescente en cuestión presenta problemas de autoestima, ansiedad social o ha experimentado alguna forma de acoso. El problema aquí no reside tanto en la creación de perfiles privados, sino en la posibilidad de que estos terminen sustituyendo por completo las relaciones y experiencias personales: «Cuando el adolescente siente que solo puede ser auténtico en las redes, evita cada vez más las interacciones cara a cara o depende exclusivamente del mundo online para sentirse aceptado aumenta el riesgo de aislamiento, de dificultades en el desarrollo de habilidades sociales y de que su bienestar emocional quede excesivamente ligado a lo que ocurre en ese entorno».

El problema de la disonancia

Otro riesgo aparejado a una identidad excesivamente volcada en el plano digital tiene que ver con la autoestima. La búsqueda constante de 'me gusta' en las publicaciones puede hacer que muchos adolescentes las amolden a los estándares de felicidad vigentes: fotos de gimnasio, paisajes de postal y sonrisas perfectas a diario que no representan el estilo de vida del usuario. Esto, en palabras de Ben, «crea una disonancia entre la identidad online y la vida fuera de la pantalla tan grande que mantener ambas empieza a generar estrés e inseguridades».

Y es que los 'likes' y comentarios influyen notablemente en cómo se perciben los jóvenes a sí mismos (la opinión de los demás tiene un peso enorme en la adolescencia). «El mayor problema aparece cuando el éxito personal empieza a medirse por métricas visibles. Además, las redes favorecen la comparación con versiones muy seleccionadas e idealizadas de la vida de los demás, lo que puede generar la sensación de que uno nunca es suficientemente atractivo o interesante», acota la psicóloga.

¿Y qué tienen que hacer los padres ante todo esto? La experta pide estar alerta frente a señales como una reducción del contacto con los amigos, el desinterés por los planes fuera de casa y una mayor tristeza o apatía. Les recuerda, además, que no deben amonestarles en modo alguno al descubrir uno de estos perfiles ocultos y que es vital educar a los chavales digitalmente mucho antes de que abran su primera cuenta de redes sociales. «Conviene informarles sobre qué información es apropiado que compartan, qué significa la huella digital, cómo gestionar la presión que pueden generar los 'likes' y por qué no todo lo que ven en internet refleja la realidad», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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