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Ucrania intuía que había una superpotencia detrás de los drones kamikaze de Rusia. La sorpresa es que en realidad son dos

Ucrania intuía que había una superpotencia detrás de los drones kamikaze de Rusia. La sorpresa es que en realidad son dos
Artículo Completo 1,390 palabras
Desde la invasión rusa en 2022 hasta hoy han pasado muchas fases, pero si algo ha quedado meridianamente claro es que la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio brutal donde los drones son el arma más decisiva y rápida de mejorar, hasta el punto de concentrar una parte enorme de las bajas recientes y de marcar el ritmo de la guerra de desgaste. En ese escenario, Ucrania lleva tiempo haciéndose la misma pregunta: ¿cómo consigue Rusia tantos drones? Una guerra industrial. En el escenario actual, el frente no está solo en Donetsk o Járkov, sino también en los parques industriales de Guangdong y Shenzhen, donde se fabrican procesadores, cámaras, motores, sensores y controladores que determinan cuánto vuela un dron, qué ve y con qué precisión golpea.  Lo más inquietante aquí no es solo la dependencia tecnológica, sino el hecho de que esa dependencia es compartida por ambos bandos, lo que convierte el suministro de piezas en una especie de corriente subterránea que sostiene el conflicto incluso cuando las sanciones pretenden cortarlo. En Xataka Arabia Saudí y Emiratos Árabes importan millones de toneladas de arena cada año pese a vivir sobre desiertos inmensos El Geran-5. Ahora, Ucrania asegura haber identificado un nuevo dron ruso de ataque, el Geran-5, que rompe con el perfil clásico tipo “ala delta” asociado a los Shahed iraníes y adopta una forma más parecida a un avión convencional, vinculándolo visualmente al Karrar iraní y, por extensión, a diseños antiguos inspirados en sistemas estadounidenses.  La clave es que sería un modelo a reacción más potente y rápido, con una velocidad estimada de hasta 600 km/h, y con ambiciones tácticas que van más allá del simple “dron kamikaze” barato: se le atribuye un alcance de unos 900 km y una carga de guerra aproximada de 90 kilos. Ucrania afirma que Rusia estudia lanzarlo desde aviones Su-25 para ampliar su radio de acción, además de explorar configuraciones que incluyan misiles aire-aire R-73 para complicar la vida a la aviación ucraniana. En otras palabras, Rusia no solo multiplica cantidad, también prueba una escalera de sofisticación que mezcla munición merodeadora con conceptos más cercanos a un UAV de combate. Geran-5 El Deja Vú. El elemento central, y el más controvertido políticamente, es la lista de componentes extranjeros que Ucrania afirma haber encontrado en los restos del nuevo Geran-5, incluyendo más de una docena de piezas electrónicas occidentales y chinas, con al menos nueve atribuidas a fabricantes estadounidenses y una identificada como alemana.  Se mencionan componentes críticos para navegación, comunicaciones y control, como procesadores de señal, generadores de reloj y transceptores, es decir, el tipo de electrónica que no “explota” por sí misma, pero que convierte un dron en un sistema fiable, estable y reproducible. Para Kiev, esto demuestra que Rusia sigue esquivando sanciones de forma estructural, apoyándose en mercados grises y en cadenas de suministro donde la trazabilidad real se disuelve, y que detrás tiene una maquinaría descomunal encabezada por dos superpotencias (China y EEUU), junto al resto de “aliados” occidentales. El mensaje de fondo es simple: la guerra moderna no solo se gana fabricando metal y explosivos, también consiguiendo chips, sensores y módulos que son baratos, fáciles de transportar y difíciles de bloquear sin paralizar el comercio global. Imagen proporcionada por GUR que muestra los restos parciales de un Geran-5 China como epicentro. Contaba el Financial Times una escena casi absurda: empresarios ucranianos visitando fábricas chinas con horarios calculados al segundo para no coincidir con compradores rusos, entrando por puertas laterales y esperando en pasillos, como si el conflicto se administrara con logística de hotel. El motivo es que ambos ejércitos necesitan las mismas piezas y persiguen a los mismos proveedores porque China domina la base material del dron comercial: no solo produce gran parte de los drones del mercado, también controla elementos clave como cámaras, sensores, controladores y propulsión, con costes muy inferiores a los equivalentes occidentales. El resultado es que la innovación se filtra a ambos lados casi al mismo tiempo: si Ucrania ve un transmisor nuevo en drones rusos, localiza el fabricante chino y trata de comprarlo. Si Ucrania pide una mejora específica, puede descubrir que una semana después ese mismo proveedor la ofrece también a Rusia. La guerra se convierte así en una carrera de “componentes” más que de doctrinas, y China pasa de ser un país “neutral” a ser el lugar donde se decide qué tan rápido evoluciona el conflicto. La cadena de suministro. Pekín mantiene la línea pública de neutralidad y afirma que no suministra armas letales, que controla estrictamente bienes de doble uso y que su postura es “objetiva y justa”. Sin embargo y como hemos contado, la realidad es distinta: incluso si existen controles, el sistema se llena de intermediarios, empresas pantalla, rutas opacas y una ambigüedad deliberada sobre el usuario final.  Un mercado donde algunos expositores muestran plataformas con armamento simulado, donde compradores militares se mezclan con ferias civiles. En paralelo, se da un desequilibrio de poder: Rusia, con más recursos y prioridad estatal, puede pagar más, comprar antes y asegurar cupos, dejando a Ucrania a la espera o forzándola a improvisar en el frente por falta de piezas. La neutralidad, en la práctica, no consiste solo en prohibir, sino en quién consigue sortear mejor las restricciones. Cómo esquivar restricciones. El ecosistema real de la elusión funciona con envíos por rutas indirectas, transporte por terceros países, camiones atravesando Asia Central con controles limitados, y un mercado de logística especializado en “mercancía sensible” que sigue operando porque el incentivo económico es enorme. Plus: el papel de plataformas financieras regionales de compensación, que facilitan pagos por productos sancionados, y la capacidad de crear entidades intermedias incluso en países europeos para disimular operaciones.  Si se quiere, las sanciones, tal y como funcionan, introducen fricción, pero no ruptura: encarecen, ralentizan, obligan a esconderse mejor, pero no cortan el flujo de chips, motores o cámaras. Y en una guerra donde un dron FPV puede ser tan decisivo como un blindado, esa continuidad logística equivale a continuidad operativa en el campo de batalla. En Directo al Paladar En 1917, Dinamarca vendió unas islas a EEUU por 25 millones de dólares. Sin esclavos para recoger azúcar no eran rentables La dependencia ucraniana. Ucrania ha avanzado mucho en producción local, pero aun así reconoce una dependencia masiva de China en componentes básicos, con cifras que rondan el 85% para drones FPV sencillos. Esto significa que incluso cuando el ensamblaje es nacional, el corazón tecnológico sigue viniendo de fuera, y queda expuesto a decisiones políticas, bloqueos selectivos, restricciones de exportación y simples prioridades comerciales.  Además, se da otra ironía: si Ucrania intentara “replicar” el modelo ruso de relocalizar líneas de producción, esas fábricas podrían convertirse en objetivos inmediatos de ataques rusos. Es decir, el camino de la independencia industrial existe, pero está condicionado por el mismo factor que intenta resolver: la capacidad del enemigo de destruir infraestructura crítica.  Dicho de otra forma, Rusia sigue encontrando el oxígeno tecnológico que necesita para mantener su ofensiva con drones, escalar modelos y prolongar una guerra que, cada vez más, se decide en fábricas lejanas tanto como en trincheras. Imagen | Вадим Савицкий, Ukrainian government  En Xataka | "¿Qué narices es eso?": la guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial, drones convertidos en "Uber" de combate En Xataka | Antaño los campos de mina eran campos. En Ucrania se han convertido en ríos por obra y gracia de los enjambres de drones - La noticia Ucrania intuía que había una superpotencia detrás de los drones kamikaze de Rusia. La sorpresa es que en realidad son dos fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Ucrania intuía que había una superpotencia detrás de los drones kamikaze de Rusia. La sorpresa es que en realidad son dos

En la nueva guerra, la línea entre “arma” y “producto comercial” se ha difuminado hasta casi desaparecer

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Miguel Jorge

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Desde la invasión rusa en 2022 hasta hoy han pasado muchas fases, pero si algo ha quedado meridianamente claro es que la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio brutal donde los drones son el arma más decisiva y rápida de mejorar, hasta el punto de concentrar una parte enorme de las bajas recientes y de marcar el ritmo de la guerra de desgaste. En ese escenario, Ucrania lleva tiempo haciéndose la misma pregunta: ¿cómo consigue Rusia tantos drones?

Una guerra industrial. En el escenario actual, el frente no está solo en Donetsk o Járkov, sino también en los parques industriales de Guangdong y Shenzhen, donde se fabrican procesadores, cámaras, motores, sensores y controladores que determinan cuánto vuela un dron, qué ve y con qué precisión golpea. 

Lo más inquietante aquí no es solo la dependencia tecnológica, sino el hecho de que esa dependencia es compartida por ambos bandos, lo que convierte el suministro de piezas en una especie de corriente subterránea que sostiene el conflicto incluso cuando las sanciones pretenden cortarlo.

En XatakaArabia Saudí y Emiratos Árabes importan millones de toneladas de arena cada año pese a vivir sobre desiertos inmensos

El Geran-5. Ahora, Ucrania asegura haber identificado un nuevo dron ruso de ataque, el Geran-5, que rompe con el perfil clásico tipo “ala delta” asociado a los Shahed iraníes y adopta una forma más parecida a un avión convencional, vinculándolo visualmente al Karrar iraní y, por extensión, a diseños antiguos inspirados en sistemas estadounidenses. 

La clave es que sería un modelo a reacción más potente y rápido, con una velocidad estimada de hasta 600 km/h, y con ambiciones tácticas que van más allá del simple “dron kamikaze” barato: se le atribuye un alcance de unos 900 km y una carga de guerra aproximada de 90 kilos. Ucrania afirma que Rusia estudia lanzarlo desde aviones Su-25 para ampliar su radio de acción, además de explorar configuraciones que incluyan misiles aire-aire R-73 para complicar la vida a la aviación ucraniana. En otras palabras, Rusia no solo multiplica cantidad, también prueba una escalera de sofisticación que mezcla munición merodeadora con conceptos más cercanos a un UAV de combate.

Geran-5

El Deja Vú. El elemento central, y el más controvertido políticamente, es la lista de componentes extranjeros que Ucrania afirma haber encontrado en los restos del nuevo Geran-5, incluyendo más de una docena de piezas electrónicas occidentales y chinas, con al menos nueve atribuidas a fabricantes estadounidenses y una identificada como alemana

Se mencionan componentes críticos para navegación, comunicaciones y control, como procesadores de señal, generadores de reloj y transceptores, es decir, el tipo de electrónica que no “explota” por sí misma, pero que convierte un dron en un sistema fiable, estable y reproducible. Para Kiev, esto demuestra que Rusia sigue esquivando sanciones de forma estructural, apoyándose en mercados grises y en cadenas de suministro donde la trazabilidad real se disuelve, y que detrás tiene una maquinaría descomunal encabezada por dos superpotencias (China y EEUU), junto al resto de “aliados” occidentales. El mensaje de fondo es simple: la guerra moderna no solo se gana fabricando metal y explosivos, también consiguiendo chips, sensores y módulos que son baratos, fáciles de transportar y difíciles de bloquear sin paralizar el comercio global.

Imagen proporcionada por GUR que muestra los restos parciales de un Geran-5

China como epicentro. Contaba el Financial Times una escena casi absurda: empresarios ucranianos visitando fábricas chinas con horarios calculados al segundo para no coincidir con compradores rusos, entrando por puertas laterales y esperando en pasillos, como si el conflicto se administrara con logística de hotel. El motivo es que ambos ejércitos necesitan las mismas piezas y persiguen a los mismos proveedores porque China domina la base material del dron comercial: no solo produce gran parte de los drones del mercado, también controla elementos clave como cámaras, sensores, controladores y propulsión, con costes muy inferiores a los equivalentes occidentales.

El resultado es que la innovación se filtra a ambos lados casi al mismo tiempo: si Ucrania ve un transmisor nuevo en drones rusos, localiza el fabricante chino y trata de comprarlo. Si Ucrania pide una mejora específica, puede descubrir que una semana después ese mismo proveedor la ofrece también a Rusia. La guerra se convierte así en una carrera de “componentes” más que de doctrinas, y China pasa de ser un país “neutral” a ser el lugar donde se decide qué tan rápido evoluciona el conflicto.

La cadena de suministro. Pekín mantiene la línea pública de neutralidad y afirma que no suministra armas letales, que controla estrictamente bienes de doble uso y que su postura es “objetiva y justa”. Sin embargo y como hemos contado, la realidad es distinta: incluso si existen controles, el sistema se llena de intermediarios, empresas pantalla, rutas opacas y una ambigüedad deliberada sobre el usuario final. 

Un mercado donde algunos expositores muestran plataformas con armamento simulado, donde compradores militares se mezclan con ferias civiles. En paralelo, se da un desequilibrio de poder: Rusia, con más recursos y prioridad estatal, puede pagar más, comprar antes y asegurar cupos, dejando a Ucrania a la espera o forzándola a improvisar en el frente por falta de piezas. La neutralidad, en la práctica, no consiste solo en prohibir, sino en quién consigue sortear mejor las restricciones.

Cómo esquivar restricciones. El ecosistema real de la elusión funciona con envíos por rutas indirectas, transporte por terceros países, camiones atravesando Asia Central con controles limitados, y un mercado de logística especializado en “mercancía sensible” que sigue operando porque el incentivo económico es enorme. Plus: el papel de plataformas financieras regionales de compensación, que facilitan pagos por productos sancionados, y la capacidad de crear entidades intermedias incluso en países europeos para disimular operaciones. 

Si se quiere, las sanciones, tal y como funcionan, introducen fricción, pero no ruptura: encarecen, ralentizan, obligan a esconderse mejor, pero no cortan el flujo de chips, motores o cámaras. Y en una guerra donde un dron FPV puede ser tan decisivo como un blindado, esa continuidad logística equivale a continuidad operativa en el campo de batalla.

En Directo al PaladarEn 1917, Dinamarca vendió unas islas a EEUU por 25 millones de dólares. Sin esclavos para recoger azúcar no eran rentables

La dependencia ucraniana. Ucrania ha avanzado mucho en producción local, pero aun así reconoce una dependencia masiva de China en componentes básicos, con cifras que rondan el 85% para drones FPV sencillos. Esto significa que incluso cuando el ensamblaje es nacional, el corazón tecnológico sigue viniendo de fuera, y queda expuesto a decisiones políticas, bloqueos selectivos, restricciones de exportación y simples prioridades comerciales. 

Además, se da otra ironía: si Ucrania intentara “replicar” el modelo ruso de relocalizar líneas de producción, esas fábricas podrían convertirse en objetivos inmediatos de ataques rusos. Es decir, el camino de la independencia industrial existe, pero está condicionado por el mismo factor que intenta resolver: la capacidad del enemigo de destruir infraestructura crítica. 

Dicho de otra forma, Rusia sigue encontrando el oxígeno tecnológico que necesita para mantener su ofensiva con drones, escalar modelos y prolongar una guerra que, cada vez más, se decide en fábricas lejanas tanto como en trincheras.

Imagen | Вадим Савицкий, Ukrainian government 

En Xataka | "¿Qué narices es eso?": la guerra en Ucrania ha entrado en su fase más demencial, drones convertidos en "Uber" de combate

En Xataka | Antaño los campos de mina eran campos. En Ucrania se han convertido en ríos por obra y gracia de los enjambres de drones

Fuente original: Leer en Xataka
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