EL OJO DE HALCÓN
Un PISA para políticosNadie debería sorprenderse demasiado por la falta de categoría de las leyes educativas, al cabo promovidas por una clase política para la que tampoco rige la exigencia. La política es reacia a que prosperen los mejores y da facilidades a la mediocridad
Regala esta noticia Añádenos en Google Estudiantes de Bachillerato, durante un examen. (SUR. ARCHIVO) 13/09/2026 a las 02:00h.Los estudiantes españoles de secundaria van dos cursos por detrás de un estudiante británico de la misma edad, o tres cursos respecto a un japonés. ... Los andaluces incluso peor. Es un fracaso, y además un aparatoso fracaso. Pero, ante todo, quienes suspenden son los responsables de las leyes educativas. En el caso de España es un desastre reiterado, un suicidio social extrañamente asumido.
Claro que todo esto parte de las leyes educativas. Por supuesto pesan las desigualdades sociales y los ámbitos familiares de baja cualificación, también las horas vacías en las pantallas -sin exagerar ese efecto, como ha mostrado Bernardo Quintero- que ha hecho bajar a los alumnos con más recursos... pero la base está en el proyecto educativo. Este PISA desastroso ha examinado por primera vez, en su totalidad, la llamada Ley Celáa. El sanchismo quiso dejar pronto su impronta 'ideológica': menos exigencia, pasar curso con suspensos, vetar las reválidas de la Ley Wert que nunca se implantó, menos memoria y más empatía y perspectiva de género, poner bajo sospecha la concertada, menos castellano para los socios nacionalistas, lo que ha llevado a que País Vasco sea la peor, Valencia la segunda peor por el empeño en imitar a Cataluña, y ésta ni siquiera ha podido ser evaluada al hacer trampas... La LOMLOE, eso sí, sólo ha empeorado el camino descendente de la lista de leyes educativas: LOECE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE... Y ahí seguimos. El actual Gobierno andaluz ha aumentado la inversión de seis a casi diez mil millones y la plantilla de profesores, pero no mejora. La que sí mejora es Celáa en su canonjía del Vaticano. Por ahora los únicos que prosperan con las leyes educativas son los políticos que las perpetran.
Los cuadros de los partidos se llenan de militancia cimarrona donde no se privilegia el debate crítico sino la disciplina perrunaPor ahora los únicos que prosperan con las leyes educativas son los políticos que las perpetran
Es verdad, como enfatizaba estos días Gregorio Luri, que no hay que caer en el fatalismo de ver esto como algo irreversible. Reino Unido o Portugal evidencian que, si se afronta, se puede mejorar en pocos años. La buena formación de los profesores es esencial, con la autoestima de la autoridad en el aula, y la exigencia en los alumnos. La escuela, como titulaba Luri uno de sus ensayos, no es un parque de atracciones.
Sin embargo, en España hay motivos para el pesimismo. Esto pasaría por la autocrítica y un consenso de largo recorrido que la izquierda siempre ha bloqueado en materia educativa. Al menos en la España polarizada del 'muro' de Sánchez, concebido desde la idea de estar en el lado correcto de la Historia, la educación parece condenada a seguir en ese limbo.
¿Y la política?
Nadie debería sorprenderse demasiado por la falta de categoría de las leyes educativas, al cabo promovidas por una clase política para la que tampoco rige la exigencia. Hace ya tiempo se definió esto como 'selección inversa'. O sea, la política es reacia a que prosperen en ella los mejores, y da facilidades a la mediocridad. Hoy el talento huye de esa actividad esencial, aunque afortunadamente no del todo, pero los cuadros de los partidos se llenan de militancia cimarrona donde no se privilegia el debate crítico sino la disciplina perruna. Las élites no quieren rivales orgánicos, sino peones serviles con pocos escrúpulos. Basta pensar en el delegado del Gobierno en Ceuta, ya convertido en un icono indecente. Pues eso es lo que hay.
Si hubiera un PISA para políticos, probablemente estaríamos tan mal o peor. Y no ya en un PISA sobre el ordenamiento jurídico, la arquitectura institucional, los valores constitucionales o la estructura económica del país, sino con los mismos parámetros que se le evalúan a los chavales. Esta semana se ha asistido a un delirio de comprensión lectora al desclasificar unos documentos (parciales, por supuesto) para justificar que no se pudo actuar ante la violación territorial de España. Basta esa documentación para constatar que sí había avisos pero no se actuó. El Ejército estaba activado pero no se le movilizó. También hay documentos no desclasificados, que se van filtrando, y ponen en aprietos al Gobierno. La dejación y la connivencia con Marruecos, sacrificando a los ceutíes, resulta escandalosa. Pero sus dirigentes y cuadros siguen repitiendo que no había avisos por más que sí hubiera avisos. Para esto ayuda tener ciudadanos mal formados.
Tampoco con los números va mejor. Los partidos del Gobierno central insisten en que se financia a Andalucía mejor que nunca, pero esta semana la Cámara de Cuentas cifra en 5.855 millones la infrafinanciación de Andalucía. El modelo vigente pactado por el PSOE con Esquerra ha generado un agujero anual de 4.333 millones de euros en la financiación estatal de servicios fundamentales, lo que supone 457 euros menos al año por andaluz para sanidad, educación y dependencia. Ciudadanos de segunda. Y el nuevo modelo con el sello de María Jesús Montero -esta semana ha sumado otro hito a su currículum, además de una legislatura sin presupuestos: se han rechazado por primera vez la Cuenta General del Estado, la de 2024, por las irregularidades detectadas por el Tribunal de Cuentas, como el desvío de fondos europeos pago de las pensiones- no cambia esto. Con este nuevo modelo, por cierto también pactado con Esquerra a espaldas de los demás, mejorar no es equilibrar. Por comparar con Cataluña, que es la única que apoya esto, un andaluz recibiría 240 euros menos que un catalán. ¿Esto es lo que celebran el PSOE y Sumar?
La política necesita regenerarse, y uno de los puntos clave será 'más datos y menos relatos'. Básicamente necesitamos recuperar el valor básico de la verdad. ¿Cómo era aquello que se coreaba hace dos décadas, en la jornada de reflexión del 14-M? «Necesitamos un Gobierno que no nos mienta». Pues eso.
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