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Economía

Un relato imposible

Un relato imposible
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Como dijo el torero Rafael Guerra, Guerrita, "lo que no puede ser no puede ser y es que además es imposible". Leer
AnálisisUn relato imposible
  • IÑAKI GARAY
Actualizado 4 SEP. 2026 - 01:41Pedro Sánchez, ayer en el Congreso.JMCadenasEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Como dijo el torero Rafael Guerra, Guerrita, "lo que no puede ser no puede ser y es que además es imposible".

No puede ser que 80.000 personas se dirijan desde Marruecos a la frontera con Ceuta sin el conocimiento y la aquiescencia de las autoridades de aquel país. Un movimiento así no pasa desapercibido para nadie y menos en un país policial como Marruecos y en pleno desarrollo de la sociedad de la información, con móviles, redes sociales, satélites y agentes de inteligencia en cada esquina. A estas alturas hay demasiadas evidencias que demuestran la implicación del vecino del sur en la invasión y nadie cree la idílica versión del socio leal que sigue manteniendo Pedro Sánchez. Centenares de testimonios de los que entraron confirman que la frontera estaba abierta y que la policía marroquí les orientaba para cruzar. Es imposible por tanto que el Gobierno no estuviera enterado, salvo asumiendo que sea absolutamente negligente. Defender que no sabía nada, como hizo ayer el presidente en el Congreso, es admitir que España se ha convertido en un pelele en mitad del campo. Que no hay política de seguridad ni nada que se le parezca. Quizás sin pretenderlo el presidente recalcó la incompetencia de su Gobierno a la hora de controlar la frontera cuando reconoció que fueron los pocos agentes que la guardaban en el momento del asalto los que tuvieron que tomar la decisión de dejar pasar a la gente o retenerla en el espigón. "Hicieron lo correcto porque ante la amenaza respondieron con humanidad", dijo Sánchez.

El conmovedor ejercicio de buenismo del presidente no convencía a toda su bancada teniendo en cuenta los gestos de incomodidad que mostraba la ministra de Defensa, Margarita Robles, sobre su escaño. Lo sucedido es más grave aún teniendo en cuenta que no se trata del primero sino del segundo asalto a la frontera después del producido en 2021. A pesar de las evidencias, Pedro Sánchez siguió ayer negándose a reconocer la incapacidad de su Gobierno sembrando sospechas sobre cualquiera menos sobre sí mismo. Culpó sibilinamente a los servicios de inteligencia, a la sentencia del Supremo y a quienes difundieron el bulo de que la frontera estaba abierta y que quien entrara a nado no podía ser devuelto. En esta ocasión no responsabilizó a Rusia e Israel como en las últimas semanas, porque ambos países le han llamado al orden, pero para demostrar que el Gobierno era un pozo de ignorancia, se comprometió a desclasificar todos los informes.

Su ejercicio de transparencia sobrevenido es poco creíble, llega tarde y está forzado por las circunstancias y el desgaste que supone que centenares de miles de personas se manifestaran el día anterior en muchas ciudades españolas en solidaridad con Ceuta, señalándole a él como culpable. A pesar de todas las pruebas, Sánchez sigue sin responsabilizar a Marruecos, aunque en esta ocasión no ha sido tan vehemente en la defensa como estas últimas semanas. Ayer se supo que el 21 de agosto se convocó a la embajadora de Marruecos para protestar por las declaraciones de algunos ministros, pero no acudió porque estaba de vacaciones. "Nadie ha entregado evidencias sólidas de que Marruecos esté implicado. Si existieran actuaríamos con contundencia. Este Gobierno no tiene miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros", dijo Sánchez. Algunos como Feijóo creen que esta sumisión es fruto de un chantaje. "¿Qué sabe Marruecos de usted?", le preguntó el líder de la oposición. Hay quien cree sin embargo que el sometimiento que Sánchez está mostrando con Marruecos se debe a la necesidad de contar con la colaboración del país vecino para devolver lo antes posibles a la inmensa mayoría de los que aún permanecen en Ceuta, cuya presencia está resquebrajando su ya escaso capital político.

El principal problema que afrontaba ayer el presidente del Gobierno es que todos los argumentos que utilizaba en el Congreso parecían hueros ante la realidad de la calle. Más de un mes después el caos sigue instalado en Ceuta y no hay visos de normalización. De hecho, la solución que ofrece el presidente pasa por convertir a Ceuta en un gran campo de refugiados y eso hace de la ciudad autónoma, como dijo ayer su presidente Juan Jesús Vivas, un polvorín. Es imposible comprometerse realmente con Ceuta sin sacar de allí a los miles de invasores que aún permanecen. En este punto, Sánchez se acogió a la ley para explicar la lentitud en los procesos de devolución. Una ley que "nos impide coger a un ser humano del brazo y arrojarlo al otro lado de la frontera", dijo. Lo que en ningún momento admitió es que tal vez sea aconsejable revisar el alcance de esas leyes para evitar que miles de personas salten la frontera provocando un caos que el Gobierno es incapaz de gestionar. Quizás la medida más importante de las anunciadas ayer por el presidente, además de la próxima visita del Rey, fue su intención pedir a Bruselas que Ceuta se incorpore a la unión aduanera. Sería una forma de reforzar la condición de Ceuta como frontera europea.

Ayer se vio que Sánchez está solo, pero no abandonado. Como viene siendo habitual casi todos los socios, incluidos los que le acompañan en el Gobierno, aprovecharon para reprender al presidente y azotarle en público, cada uno arrimando el ascua a su sardina. Casi todos le pidieron mayor contundencia con Marruecos y algunos le reprocharon haber sido lento a la hora de gestionar la crisis humanitaria. Hay quien recuperó causas como la posición de España sobre el Sáhara. Junts le invitó a echarse a un lado para evitar la llegada de la derecha y la extrema derecha. Muchos reproches, pero todos vanos. Sánchez sabe una vez más que sus socios por nada de este mundo le van a obligar a adelantar elecciones.

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Fuente original: Leer en Expansión
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