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El simio Kanzi. Ape Initiative Un simio que juega con tazas de té fascina a los científicos por su imaginaciónEl primate de 43 años demuestra que la capacidad de fantasear y fingir no es exclusiva de los humanos, según un estudio de la Universidad Johns Hopkins
Madrid
Jueves, 5 de febrero 2026, 20:18
... realidad, vacías. Lo que podría parecer un juego de niños indicaría que esta especie de chimpancé es capaz de imaginar, como los humanos. Algo que no se había establecido nunca antes con pruebas científicas, según los investigadores de la Universidad Johns Hopkins. Para demostrarlo realizaron tres experimentos diferentes con Kanzi y una y otra vez su actuación desmitificó que esa capacidad cerebral era exclusiva del 'Homo sapiens'.-¿Dónde está el zumo?
A pesar de que los objetos eran idénticos y no había nada en ninguno, el simio se hizo cómplice del simulacro y señaló el tazón correcto, el del jugo de mentira, refieren los investigadores, liderados por Christopher Krupenye, investigador de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Johns Hopkins, que calificó los resultados como «revolucionarios».
Fascinados los científicos con esta complicidad animal, pero con dudas de que hubiera sido engañado, se hizo un segundo ensayo. Se llenó con jugo real un recipiente y se puso al lado del de mentira. Le preguntaron cuál quería y Kanzi señaló el que tenía zumo. Es decir, a juicio de los investigadores, el primate sí sabía diferenciar. En un tercer test, se recurrió a la imaginación otra vez. El humano fingió comer uvas y colocarlas en un frasco. Si era interrogado, Kanzi sabía dónde estaba la fruta imaginaria. A veces tenía premio y otras, no. En los principales experimentos acertaba en dos de cada tres intentos.
Ahora bien, Kanzi no era cualquier animal. Es lo que se conoce como un «simio aculturado», es decir, criado por personas y receptor de la cultura humana. Aún así, y sumando aseveraciones de que en su medio natural son capaces de utilizar herramientas, los resultados del estudio sugieren que los simios comparten con la gente la capacidad de imaginar y que su potencial cognitivo para hacerlo puede tener una antigüedad de larga data evolutiva. Kanzi murió el año pasado. Ya había superado la esperanza de vida de su especie, situada en las cuatro décadas.
Comprobar estas posibilidades mentales, que hasta ahora eran anecdóticas en algunas especies, abre la puerta a la realización de más investigaciones sobre la participación de otros animales en juegos que implican activar la fantasía, el invento, la imaginación, la capacidad de mirar al futuro o suponer el pensamiento de sus congéneres. «Eso debería hacer que la gente cuestione la suposición de que otros animales simplemente viven vidas robóticas, limitadas al presente», dijo Krupenye, autor principal de este estudio revisado por pares, en un comunicado. «Puede concebir cosas que no existen», señaló Amalia Bastos, coautora del trabajo. «Sabe que no es real».
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