"Tenemos que flexibilizar el saneamiento ganadero. Estamos al lado de nuestro campo, estamos al lado de la competitividad de los sectores agrarios, defendemos vuestros intereses siempre". Fueron algunas de las proclamas que lanzó Alberto Núñez Feijóo en el mitin con el que abrió la campaña electoral de Castilla y León, hace hoy dos semanas. Lo hizo desde Ciudad Rodrigo, en Salamanca, la provincia de España con la mayor cabaña de ganado vacuno. Y, a la vez, la región de esta comunidad con mayor prevalencia de tuberculosis bovina. El compromiso que verbalizó Feijóo respecto a los protocolos de saneamiento era uno de tantos que enumeró en ese arranque de campaña. Pero esta medida, allí, tenía un eco especial: porque responde a una de las principales reclamaciones del sector ganadero salmantino y porque, en la legislatura que se cierra, ya se intentó poner en marcha una flexibilización. Eso sí, sin éxito y llevando a un bloqueo temporal del movimiento de ganado en Castilla y León.
El 15 de mayo de 2023, la Consejería de Agricultura y Ganadería de esta comunidad, entonces en manos de Vox, publicó una resolución que flexibilizaba los criterios de los programas de control y erradicación de la tuberculosis bovina. "Intentaron proponer una normativa más laxa, que era lo que nosotros pedíamos", recuerda Juan Luis Delgado, ganadero salmantino. Pero, dice, de lo estipulado en aquel nuevo reglamento, "algunas cosas no se ajustaban a la normativa europea o nacional".
Dos semanas más tarde, el Ministerio de Agricultura publicó una orden que dejó sin efecto la norma aprobada por la Junta. Además, interpuso un recurso ante la Justicia y, a la espera de que esta se pronunciara, limitó el movimiento de ganado bovino en Castilla y León, "para evitar poner en riesgo el nivel sanitario de la cabaña ganadera española y comunitaria". El ganadero Fabio Hernández-Ozamiz aún recuerda cómo "se paralizó todo, ventas y todo", durante unos días, hasta que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León suspendió la aplicación de la orden de la Junta. "La intención es buena, pero el desarrollo es malo, porque los efectos a posteriori fueron los que fueron", reflexiona Fernando Corrionero, ganadero de Sieteiglesias de Tormes (Salamanca, 193 vecinos).
La normativa volvió al punto de partida, y ahí sigue hoy, casi tres años después y a las puertas de otras elecciones autonómicas que podrían dar de nuevo a Vox poder de decisión en la Junta. También siguen en el mismo punto Juan Luis, Fabio y Fernando. El primero recibe a EL MUNDO en Fuentes de Masueco, un municipio salmantino casi colindante con Portugal y en el que, cuenta, en invierno apenas residen 15 personas. A tres minutos en coche está una de las fincas en las que cría ganado, y a la que se desplaza a primera hora de la mañana para alimentar a las 40 vacas que tiene allí. Luego, irá al cebadero a recibir al transportista que trae la paja. A lo largo del día tendrá que alimentar a las vacas que tiene en otras fincas de la zona, revisar maquinaria, hacer cuentas, burocracia... Una rutina que repite a diario, y que adapta a merced de las infinitas circunstancias que pueden trastocar los planes en el campo. Una de ellas, de las más disruptivas, que uno de sus animales reaccione positivamente al control de tuberculosis. Le pasó hace no demasiado.
La zona oeste de la provincia salmantina, donde se ubica la ganadería de Juan Luis, es la que mayor prevalencia de esta enfermedad presenta. Ello conlleva que los controles se realicen con mayor periodicidad y que, en caso de tener un positivo, el protocolo sea más estricto. Además de sacrificar a la vaca que ha reaccionado al test, el resto de las cabezas quedan clasificadas como un "núcleo infectado, por llamarlo de alguna manera". Eso significa que, durante dos años, se someterán a más controles y no podrán venderse normalmente, solo a lo que se conoce como "cebaderos sucios". En estos, el precio que se paga por los terneros es más bajo: "Pierden valor".
El ganadero Fabio Hernández-Ozamiz, en su finca en Anaya de Alba (Salamanca)José Aymá"Hoy en día es mi mayor miedo, junto con la dermatosis y las enfermedades emergentes", afirma Fabio, cuya ganadería se encuentra a 125 kilómetros de la de Juan Luis, en Anaya de Alba (190 vecinos). La situación allí respecto a la prevalencia de la tuberculosis bovina es muy distinta -Fabio tuvo el último caso en 2022-, por lo que su reclamación para flexibilizar la normativa cobra más fuerza. El protocolo establecido "ha venido bien", reconoce, pues "partíamos de un origen complicado", con una prevalencia mucho mayor de la tuberculosis bovina. Fabio remarca que el sector no se opone a los controles y afirma que los ganaderos son los más interesados en combatir la enfermedad -"a mí me interesa tener un estatus sanitario fuerte, porque mis animales valen mucho más dinero. Si no, no valen"-, pero pide adaptar la regulación al escenario actual y flexibilizar los límites al movimiento. "Hay que abrir las ventanas y que entre aire".
Vox lo intentó durante su paso por la Junta, pero chocó con la normativa establecida en instituciones superiores. La capacidad de maniobra desde el gobierno autonómico, dicen los ganaderos, es pequeña. "Tienen un margen para aplicarlas", señala Fernando, aunque, consciente de la realidad, centra sus peticiones a los dirigentes políticos en su papel en instituciones superiores. "Cuando van a Europa, no traguen con todo", reclama, y añade: "Que sean conscientes de cuál es la realidad social del sector antes de aplicar una norma". "Las administraciones se ocupan muy poco y muy mal de nosotros. Hacen leyes, trasponen leyes, que a lo mejor están muy bien en Alemania o Francia, pero que nada tienen que ver con la realidad ganadera de España", resume, en una postura compartida por sus compañeros de profesión.
El sector es uno de los que centra la mirada de los partidos en esta carrera a las urnas. Sin embargo, los ganaderos apenas les creen. "No se acuerden de nosotros solo en elecciones, porque estamos muy cansados", dice Fabio, y añade: "Me da igual el signo". "Por la Junta, cero, y por el Gobierno, nada", responde sobre si se han sentido escuchados por las instituciones. Señala que, durante el paso de Vox por el ejecutivo autonómico, sí hubo más "intención", aunque no resultara en avances legislativos válidos en lo relativo al control de la tuberculosis. "Espero que haya aprendido la lección", desliza ante la posibilidad de que vuelva a tener capacidad de mando, trasladando su pronóstico de que el partido de Santiago Abascal aglutine el domingo cierto "voto de castigo al PP" procedente del sector ganadero.
La flexibilización del control de la tuberculosis que pide el sector depende, en gran medida, de legislación europea, como tantos otros aspectos que afectan al día a día de los ganaderos. Y, a este respecto, todos apuntan ahora al acuerdo con Mercosur. "Tú no puedes decir que implementas medidas contra la despoblación cuando coges y votas a favor de la mayor medida de despoblar el campo, que ha sido el votar a favor de Mercosur", valora Fernando, que coincide en que esto puede penalizar al PP en favor de Vox en las urnas. El sector pide, por ejemplo, que se exijan los mismos controles sanitarios en los países de fuera de los que se vaya a importar carne, algo que los dos partidos de la derecha han defendido en campaña.
Fernando, además de ganadero, es agricultor. "Complicado", dice para definir el momento que atraviesa el sector, que este domingo será determinante para definir el nuevo rumbo de la comunidad. La ganadería sí vive ahora un tiempo favorable, cuentan, con precios de venta de las vacas que casi duplican los de hace tres años, cuando estalló la crisis por la regulación de la tuberculosis. Pero, por contra, en la tierra van "dos años muy malos". "Los precios están hundidos", lamenta Fernando, y, desde el terreno donde tiene siete novillas, a unos metros de su pueblo, expone la indefensión que sienten: "Somos un sector en el que nos ponen los precios de lo que compramos y de lo que vendemos".
El sector primario votará este domingo en un contexto, además, de especial incertidumbre. La ganadería sufrió especialmente las consecuencias de la guerra de Ucrania, y ahora ya teme lo que pueda provocar el conflicto en Oriente Medio, mientras Vox evita censurar la actuación de Donald Trump. "Ayer ya bajó la lonja de la carne y subió el cereal. Y el gasoil qué os voy a contar".