Mi hermosa lavandería
Una gran mentira«Desde la órbita, la contaminación no tiene nacionalidad. Los sistemas climáticos ignoran las fronteras. Las divisiones que defendemos con tanta vehemencia y odio y ceguera en la Tierra simplemente no existen»
Regala esta noticia Añádenos en Google 02/10/2026 Actualizado a las 10:06h.Tras pasar 178 días a bordo de la Estación Espacial Internacional, el astronauta Ron Garan regresó a la Tierra con una comprensión completamente diferente de ... la propia humanidad. Y yo, leyendo el texto que escribió, al que tituló Vivimos todos una mentira, me sorprendo llorando con una vehemencia que me da hasta miedo.
Porque desde el espacio no vemos los países de la Tierra, sus fronteras ni los intereses que suscitan debates entre la gente.
Desde la órbita, la Tierra es una única esfera azul radiante suspendida en la oscuridad.
No hay líneas que dividan los continentes. No vemos banderas que marquen territorios. Desde 250 millas sobre la superficie, cualquier conflicto humano parece insignificante.
Garan describió cómo veía relámpagos cruzar continentes enteros. La aurora boreal ondula como cortinas vivientes sobre los polos, y las luces de las ciudades brillaban contra el lado oscuro del planeta.
A menudo compara la Tierra con una nave espacial. Una nave que transporta miles de millones de tripulantes, todos dependientes de los mismos sistemas de soporte vital. Y, sin embargo, muchos se comportan como pasajeros en lugar de cuidadores, dando por sentado que alguien más es responsable de que todo funcione.
Desde la órbita, la contaminación no tiene nacionalidad. Los sistemas climáticos ignoran las fronteras. El daño ambiental en una región se propaga por todo el planeta. Las divisiones que defendemos con tanta vehemencia y odio y ceguera en la Tierra simplemente no existen.
Bastaría cambiar la perspectiva, subir la cámara a una grúa (y en su texto hace una mención explícita a esa técnica cinematográfica) que nos permitiera ver desde un poco más arriba lo fútil de nuestras luchas, lo errados de nuestros objetivos vitales para que empezáramos a cambiar seriamente las cosas a mejor. Ese es el argumento de Ron Garan.
No habrá paz en la Tierra hasta que reconozcamos la interconexión inherente a toda la realidad.
Esta interconexión no es un cliché ni una filosofía, sino la realidad del mundo en que vivimos; es un hecho. Lo que le sucede a uno nos afecta a todos indirectamente. Todos, lo queramos o no, estamos inextricablemente unidos en este tejido de vida que llamamos Tierra.
No hay que ser astronauta, ni siquiera ser especialmente listo ni culto ni astuto ni incluso inteligente, para entender esta mentira que sostiene al mundo en esta carrera ciega hacia la extinción.
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