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Una progresión asombrosa con el sello de De la Fuente

Una progresión asombrosa con el sello de De la Fuente
Artículo Completo 769 palabras
El partidazo del martes fue una hazaña deportiva y un premio al sensacional trabajo del seleccionador
Una progresión asombrosa con el sello de De la Fuente

El partidazo del martes fue una hazaña deportiva y un premio al sensacional trabajo del seleccionador

Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Porro y Cubarsi se ayudaron para minimizar a Mbappé, que apenas apareció en el partido. (REUTERS)

Jon Agiriano

15/07/2026 Actualizado a las 20:26h.

El partidazo de España ante Francia provocó reacciones unánimes de admiración en todo el mundo, como no podía ser de otra manera. La única excepción, ... al menos entre los profesionales del fútbol, fue la de Didier Deschamps. Después de que a su equipo le cayera la del pulpo sin que él supiera hacer algo para evitarlo, al seleccionador francés no se le ocurrió otra cosa que quejarse del arbitraje del salvadoreño Iván Barton. Ni siquiera sus jugadores supieron a qué se refería con sus críticas. ¿Al penalti tonto de Digne, que por otro lado fue clamoroso? La prensa gala no le compró la mercancía averiada de mal perdedor al técnico de Baiona. El diario 'L'Equipe' no se anduvo con medias tintas. Reconoció que su selección fue «asfixiada en todos los sectores del juego» por el «impresionante equipo de España», que exhibió en Dallas «su habitual maestría técnica colectiva».

Basta con cambiar el nombre del rival, la sede del partido y los nombres de los tres internacionales españoles para que este párrafo sirva perfectamente para describir el partido del martes. Y es que, con el fútbol, la historia no siempre cumple el precepto de Marx de repetirse primero como tragedia y después como farsa. En ocasiones también se repite como homenaje en forma de emulación.

Estoy convencido de que los futbolistas de Joachim Löw sintieron en 2010 lo mismo que los pupilos de Deschamps en este 2026. Me refiero a esa corrosiva sensación de inferioridad que, desde que uno es niño y comienza a jugar al fútbol en la calle, el patio del colegio, la playa o el primer descampado que encuentra, siente cuando en un partido se produce una doble conjunción devastadora: que el mismo rival que no te deja tocar el balón porque tiene más calidad que tú, también te lo quite más rápido porque está más ordenado y se sacrifica el doble en la presión. Esto es matador para quien lo sufre.

Que lo consiguiera España ante una selección del calibre de Francia es una hazaña deportiva y, desde luego, un premio al sensacional trabajo de Luis de la Fuente. La progresión de su equipo en este Mundial, sinceramente, me ha causado asombro. Ahora que en las conversaciones futboleras hispanas, rebosantes de entusiasmo, se propaga como un incendio voraz el latiguillo 'ya te lo decía yo', confieso que yo no lo decía. Y no se trataba de dudar de la calidad de España. Que no había otra selección con más calidad técnica, mejor rollo interno y un seleccionador que conociera y confiara más en su tropa lo tenía muy claro. Pero visto cómo habían llegado un buen número de futbolistas importantes al Mundial, unos bajos de forma y otros carentes de ritmo o medio lesionados, es decir, lejos de su mejor versión, no creía posible que pudiera protagonizar una progresión tan espectacular como la que se ha producido en este último mes.

Qué quieren que les diga. Quizá me haya faltado optimismo -uno no deja de ser un pesimista preventivo-, o puede que imaginación. Desde luego, no imaginaba que el cuarteto defensivo de España diera una masterclass continua como la que está dando, y sólo encajara un gol en sus siete primeros partidos. O que Pedro Porro se convirtiera en una estrella y llegara a ser el MVP de la semifinal. Viendo a Rodri ante Cabo Verde y teniendo en cuenta su trayectoria en lo que va de año tras haberse perdido el anterior por lesión, no imaginaba que en un mes volviera a ser el futbolista descomunal que ganó con toda justicia el Balón de Oro. (Por cierto, si algo volvió a quedar demostrado el martes -lo digo por algunos despistados- es que el impacto en el juego de un equipo de un gran medio centro es infinitamente mayor que el de cualquier gran delantero).

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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