“Se debería esperar que la gente ignore el contenido de un video que sepan que es falso, al menos a la hora de formar creencias sobre asuntos fácticos, porque no tiene ninguna conexión evidencial con la realidad. Sin embargo, la investigación psicológica existente sobre los efectos de la desinformación pone en duda la capacidad de las personas para descartar un deepfake”, explican los autores en su estudio publicado este mes en Communication Psychology.
video falso para evaluar al supuesto acusado. La tendencia se repitió en los tres experimentos y con distintos tipos de deepfakes. Esa consistencia llevó a los investigadores a concluir que la transparencia, por sí sola, apenas reduce el poder persuasivo de estos contenidos.Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.Arrow“Nuestros hallazgos apoyan el argumento de que algunas personas emplean una heurística de 'ver es creer' para hacer un juicio personal sobre la autenticidad de un vídeo, incluso cuando se les ha advertido específicamente de que es falso”, concluyen los autores.
¿Por qué usar un video falso?
Una última pregunta permitió explorar por qué los participantes seguían pensando en el video falso para formarse una opinión. Varios afirmaron que detectaron detalles que les hicieron dudar de las advertencias impuestas por los investigadores, aunque dichos elementos no existían o formaban parte del diseño experimental.
“Esto sugiere una falta de confianza en las advertencias de transparencia, o al menos en la advertencia específica que usamos”, aclaran los expertos. También plantean que podrían influir factores no evaluados, como la plataforma que emite la advertencia o si proviene de una autoridad oficial.