La guionista y cómica estrena 'Se tiene que morir mucha gente', serie basada en su novela homónima y protagonizada por Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr
Regala esta noticia Añádenos en Google Victoria Martín, en el edificio que Telefónica tiene en la Gran Vía de Madrid. (Virginia Carrasco)Madrid
21/05/2026 a las 00:09h.«Soy muy currante, pero porque me gusta mucho. Si no...», desliza Victoria Martín (Madrid, 36 años) antes de que se le escape una sonora ... carcajada. Resulta imposible llevarle la contraria. Desde que hiciera historia junto a su compinche Carolina Iglesias llenando el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid con 'Estirando el chicle', la guionista y cómica no ha parado. Al pódcast con Iglesias sumó 'Malas personas', su propio espacio en solitario, después publicó su primera novela, 'Se tiene que morir mucha gente' (Plaza & Janés, 2023) y el pasado año exploraba su faceta como actriz en 'Entrepreneurs', la ficción de los Pantomima Full. Este jueves, estrena una serie de seis episodios basada en aquella primera incursión literaria con Anna Castillo, Laura Weissmarh y Macarena García como protagonistas. 'Se tiene que morir mucha gente' sigue las cuitas de Bárbara (Castillo), guionista en un 'late show', que acude a regañadientes con Macarena (Weissmahr), su mejor amiga, al 'gender reveal' de la hija de Elena (García), la más pija del trío. Un encontronazo durante la fiesta lo acabará cambiando todo. «Me gusta ver a mis personajes sufrir», avanza risueña.
-Bueno, ahora mismo estoy muy nerviosa porque al final también me juego mucho después de todo este tiempo. Estudié guion, lo que pasa es que yo empecé en YouTube y al final he tenido que pasar por todas estas cosas de hacer vídeos con el palo de una fregona y cuatro colgados que éramos. De repente, ver que tienes a ciento y pico personas trabajando para que tu serie salga bien es de lo más heavy de todo. Es que la escritura es muy solitaria y el rodaje es un trabajo colectivo entre muchísima gente y que salgan bien las cosas es como una especie de milagro. Creo que en esta serie ha pasado esto.
-La ficción parte de una novela que publicó hace tres años, 'Se tiene que morir mucha gente'.
-En realidad, yo escribí una serie lo que pasa es que no logré venderla.
-No era 'Válidas', entiendo.
-No, 'Válidas' la escribimos después. Esto fue como en 2017 o 2018. Era una serie que seguía mis referencias. He consumido mucha comedia y he estado obsesionada con todas las series de la BBC, con 'Motherland' o el 'spin-off' que acaban de sacar ahora, 'Amandaland'... Me encantaban y quería hacer una ficción con un tono similar en España, pero no hubo manera, así que me dije, bueno, un libro será más barato, y luego otra vez he vuelto a convertirlo en serie, así que ha sido como raro.
-¿Buscaba hacer un retrato de las mujeres de su generación?
-No, yo quería hacer una comedia. Para mí la comedia es lo más importante del mundo y lo que más me gusta hacer y escribir. Quería que fuera divertida y que los personajes se odiaran a sí mismos, que estuvieran solos y tristes, porque eso es lo que me hace gracia. A mí me gusta ver a mis personajes sufrir. Es un poco masoquista, pero es lo que verdaderamente me divierte. Y ellas sufren mucho y muchas de ellas en sus vidas privilegiadas. No es una serie costumbrista en la que está el horror de la clase. O sea, dentro de la serie hay evidentemente clases y la clase social que tiene Bárbara no es la misma que la que tiene Elena, por ejemplo, pero son personas más o menos normales navegando en el delirio colectivo en el que vivimos.
La escritura
«Quería que los personajes se odiaran a sí mismos, que estuvieran solos y tristes, porque eso es lo que me hace gracia»
-Bárbara, la protagonista, trabaja como guionista en un 'late show', detesta los eventos sociales y vive bajo una ansiedad constante. ¿Se parece mucho a ella?
-No soy igual... Yo soy incluso más solitaria que Bárbara. A mí no me gusta estar con nadie, disfruto mucho de estar sola. Es una cosa como elegida, pero a mí, a veces, no tener muchos amigos me alivia (risas). Es un poco horrible, ¿eh?, pero es como cuánta gestión se necesita... Me gusta hablar de lo que conozco y por lo menos en esta primera serie quería estar segura de todos los pasos y escribir de lo que conocía era una prioridad.
-Entiendo entonces que hay mucho de realidad en 'Se tiene que morir mucha gente'. ¿Le ha ocasionado algún problema con sus amigas?
-Sí, por supuesto. Hay un personaje muy importante en la serie que es una de mis mejores amigas y tiene mucho de ella y recuerdo que se lo puse cuando estábamos en proceso de edición y ella como que me miraba como diciendo «no estoy entendiendo muy bien», pero es verdad que como ella vive en el delirio también pues no se ha reconocido tanto. Pero sí, muchas veces mis amigas dicen: «No, esto no lo vamos a contar delante de ti porque lo vas a usar». Y tienen razón.
-¿Cómo llegaron Anna Castillo, Laura Weissmarh y Macarena García al proyecto?
-Anna, para mí, es una de las mejores actrices de España, te lo levanta todo. Es increíble la perfección con la que trabaja, lo fácil que es trabajar con ella, lo profesional que es, lo pragmática. Yo siempre le digo que es una persona a la que se le da muy bien vivir porque es capaz de separar perfectamente su trabajo. Tiene todo lo bueno de lo profesional de los actores, sin nada de lo malo que tienen los actores, que hay algunos que son... Bueno no hace falta que te lo diga (risas). Pero ella es maravillosa y yo me la imaginaba a ella y estaba muy empecinada en que fuera ella. Sabíamos que era una probabilidad muy pequeña, pero se le mandó el guion, le gustó mucho, y entró en la serie. Y luego entró Macarena, que además es íntima amiga de ella. Macarena está increíble y muy graciosa. Luego ya llegaron Laura y Sofía, que fue la última niña que se presentó entre trescientas.
Anna Castillo
«Tiene todo lo bueno de lo profesional de los actores, sin nada de lo malo que tienen los actores, que hay algunos que son... Bueno no hace falta que te lo diga»
-Sofía da vida a Bárbara de pequeña, pero acompaña a la protagonista durante toda la ficción, cuestionando o retroalimentando cada pensamiento de la Bárbara adulta. ¿Cómo dio con este hallazgo?
-Esa idea surgió porque a mí me molesta mucho esto del niño interior, los 'coaches' y todo eso. Creo que todos vivimos una parte de nuestra vida intentando no mirar de cara a la tristeza. El personaje de Bárbara huye todo el rato de la tristeza y la tristeza es algo que siempre, por mucho que tú intentes que no esté, te acaba persiguiendo y atrapando. Y esta cosa del niño interior es que siempre se dice eso de qué le dirías a tu niño interior y aquí es qué pensaría él de ti. ¿Estaría conforme con lo que te has convertido? La premisa más importante de esta serie es que ellas al final no cambian, son lo que son y tienen que aceptarse y vivir con más honestidad, mirando de cara a lo que son. Ese es el viaje. No hay más. Me tengo que joder con como soy. A mí tampoco me gusta como soy, pero ya llega un punto en el que cambiar es muy difícil. Y ese personaje salió así y, joder, la verdad es que fue muy difícil porque no sabíamos si iba a funcionar y nos la jugamos mucho.
Victoria Martín posa instantes antes de conceder la entrevista. (Virginia Carrasco)-Sí, porque además es introducir un personaje 'infantil' en realidades ya adultas, pero hace mucha gracia.
-Nos daba miedo, así que todo lo rodamos dos veces. Anna lo rodaba todo dos veces, con y sin niña, para poder permitirnos en montaje elegir qué cosas eran mejores. De hecho nos cargamos muchas cosas de la niña con Javi Frutos, que es el montador. No queríamos pasarnos, ni resultar pesados. Hubo versiones donde había mucha más niña e intentamos que la gente se quedara con ganas de más.
-Bárbara se mueve entre la depresión y la ansiedad, siempre de forma muy autoconsciente, como victimizándose.
-Sí, totalmente. Lo hace para no tener que responsabilizarse de nada, claro. Ella se victimiza para no tener que enfrentarse a que es una persona horrible. Hay un poco de eso en nuestra sociedad y yo también lo he pasado. Como no me quiero enfrentar a nada, tengo ansiedad, tengo depresión y no puedo gestionar. Y hay un punto muy egoísta en eso también. Evidentemente, estoy a favor de la salud mental, pero al final como ocurre con el tema del feminismo, que de repente vemos Zara, Girl Power, pues con la salud mental sucede igual: ahora es el tema de moda y parece que todo el mundo tiene problemas de salud mental y muchas veces lo que quieres es llamar la atención (risas).
Salud mental
«Ahora es el tema de moda y parece que todo el mundo tiene problemas y muchas veces lo que quieres es llamar la atención»
-¿Le cuesta salir de marcha?
-Yo no salgo. Vamos, muy poco, muy poco. Se tienen que alinear los astros...
-Bárbara está todo el día tomando ansiolíticos. Al tratar el asunto desde la comedia, ¿cree que se puede estar banalizando el tema?
-Ya. Este es un punto de vista que estuvo todo el rato presente, pero la cosa es que yo no demonizo para nada tomar antidepresivos. Creo que a veces es importante hacerlo, yo los he necesitado y me han venido superbien y menos mal que existen, lo que pasa es que es importante hacerlo bajo una prescripción médica que te sostenga y ella todo el rato intenta hacerle la 13-14 a su propia psiquiatra para que no se dé cuenta de que evidentemente tiene un problema. Pero al final es un personaje que está huyendo, ¿no? O sea, yo no quiero dar moralinas en esta serie. Eso para mí era importante. No es una serie que te vaya a enseñar a ser mejor persona, quizá lo contrario (risas).
-El 'gender reveal', la dieta paleo, la maternidad subrogada... ¿Por qué los pijos dan tanto material para la risa?
-Porque no son conscientes de que están haciendo reír porque se toman demasiado en serio. Cuanto más gracioso es algo es cuando te quedas en esa incomodidad, la conversación sigue y tú te quedas ahí presente a ver qué dicen. Y es verdad que no están en el mismo plano. O sea, no están en ese mismo lugar, están en otro, hablando en un sitio en el que... Por eso Elena está tan fuera, porque tú por mucho que intentes ser lo que ellos son, ellos nunca te van a aceptar como uno de ellos, porque eso huele.
Sin propósitos
«No quiero dar moralinas. No es una serie que te vaya a enseñar a ser mejor persona, quizá lo contrario»
-¿Se imaginaba que diseccionar a ese tipo de gente podría formar parte de su oficio?
-No sé, es que siempre me ha gustado mucho y siempre me han interesado mucho esas vidas. Luego también está ese punto de vista como el de Joan Rivers, que a mí me encantaba cómo hablaba de la gente con dinero y ella se consideraba una más... Toda esa cosa a mí siempre me ha atraído mucho y siempre que he podido hacer parodias de eso, lo he hecho. Incluso cuando empezamos con los vídeos en YouTube ya lo hacía muchísimo.
-Ahora que entiendo que la cuenta está mucho mejor, ¿se le ha pegado alguna excentricidad chunga?
-Es que todavía no tengo tanto dinero, estoy esperando que llegue el momento (risas). Pero, vamos, me voy a comprar una cámara hiperbárica y me voy a quedar ahí para siempre. O sea, qué mejor que tener depresión dentro de una cámara hiperbárica. Es la única forma de tener depresión que me interesa.
-Le dice Bárbara a su jefe que meta alguna cómica en el 'late'. Con Lalachus en 'La revuelta' y Henar Álvarez en 'Al cielo con ella', ¿estamos dando por fin pasos en la buena dirección?
-Joder, yo creo que sí, pero ya era hora. Aparte es que no es por meter a una mujer, es que son muy buenas cómicas y funcionan. Ha habido esta cosa como de «es que claro, la meten porque es mujer», que me parecería bien también, pero no, las meten porque son buenísimas y a mucha gente les gusta. Es lo que tiene que ser y me parece lo lógico. Lo que no es lógico es que solo haya un punto de vista.
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