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Que la búsqueda de vida extraterrestre es uno de los grandes anhelos de la humanidad está fuera de toda duda. Tanto es así, que todas las temporadas aparecen nuevos títulos que, con mayor o menor rigor y profundidad, vuelven de nuevo sobre él.
Esta profusión, y el hecho de que sigamos sin una respuesta definitiva, hace difícil encontrar aportaciones que añadan algo nuevo al debate. Solo por eso, merece la pena que destaquemos este título escrito a cuatro manos por el astrofísico Mario Livio —autor además del éxito superventas 'La proporción áurea', y por tanto ducho en el arte de la divulgación— y el químico y premio Nobel de Medicina Jack Szostak.
Es precisamente esa combinación de miradas, entre la acostumbrada al espacio exterior de Livio, y la que escudriña en los mecanismos internos de la vida de Szostak, la que da su sello distintivo al volumen. Porque parte de la idea de que, antes de hacer inventario de todo lo que sabemos y podemos esperar sobre la posible vida presente en otros astros de nuestro sistema solar o en lejanos exoplanetas, es primero necesario entender cómo surgió la única que conocemos hasta ahora, la aparecida en nuestro planeta.
Esa doble perspectiva, que es el principal valor del libro, es a la vez, y paradójicamente, su punto más débil. Pues si hemos alabado la capacidad divulgativa de Livio, es evidente que las páginas dedicadas a la bioquímica que hizo surgir de moléculas inertes la primera célula, y que suponemos firmadas por el Nobel, son más difíciles de navegar por la exigencia de un campo en el que habrá muchos lectores poco duchos.
Sin embargo, una vez atravesadas esas primeras páginas, el texto nos lleva a un viaje que se va adentrando en las vastas dimensiones de un vasto universo plagado de lunas, asteroides, estrellas y planetas que podrían ser susceptibles de albergar vida con las mismas bases que la que compartimos todos los seres vivos de la Tierra, u otra de una arquitectura absolutamente diferente y que, por ahora, nos resulta simplemente inimaginable.
Combinación de miradas, entre la acostumbrada al espacio exterior de Livio, y la que escudriña en los mecanismos internos de la vida de Szostak
El libro nos enseña cómo legiones de profesionales y de prodigiosas máquinas, más las que se les unirán en un próximo futuro, están peinando la superficie de los astros más cercanos a la vez que nos acercan, con un detalle cada vez más sorprendente, sistemas planetarios a años luz de nosotros.
Y sin ofrecer una respuesta definitiva, revela la confianza que tienen sus autores en que tanto esfuerzo, con mucha probabilidad, nos regalará más pronto que tarde un indicio esperanzador, bien en forma de un biomarcador presente en la atmósfera de un exoplaneta o con el análisis de muestras de nuestros vecinos del sistema solar. Nada concluyente en sí, pero que seguirá dando alas a la que quizá sea la empresa más trascendente a la que dedicarnos como especie… de conseguir resultados, claro. O incluso si no.
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