La formación de Abascal se viste con un manto institucional tras entrar en los gobiernos para intentar seguir creciendo tras el ciclo electoral
Regala esta noticia Añádenos en Google Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo. (EP.) 27/07/2026 a las 07:08h.«Si la pregunta es si me veo de vicepresidente, la respuesta es no, porque yo me presento a la Presidencia del Gobierno». Así respondió ... Santiago Abascal hace unos días a la pregunta de si La salida de los gobiernos autonómicos que ejecutó Vox en julio de 2024, por la negativa entonces del PP a transigir ante su exigencia de que las autonomías no acogieran más menores inmigrantes no acompañados, supuso un punto de inflexión que no acabó repercutiendo en las expectativas electorales de Abascal y los suyos. El partido rondaba el 13% en intención de voto a nivel nacional por aquellos días, más o menos lo que obtuvo un año antes en las elecciones generales de julio de 2023, en las que perdió 19 escaños respecto a 2019 –se quedó en 33– y tres puntos. La evolución no era halagüeña para derecha radical, que había dejado de ser vista como una fuerza de oposición al haber asumido responsabilidades de Gobierno junto al PP. El temor a diluirse electoralmente corría por Bambú, tal y como les ocurrió a Podemos y Ciudadanos una vez pisaron la moqueta institucional como socios minoritarios. Pero el portazo a los populares en las autonomías desembocó en un relanzamiento de los de Abascal en cuestión de un año. Aupados por sus posiciones antiinmigración y el hartazgo ciudadano frente a la corrupción, escalaron rápidamente en intención de voto y se asentaron como tercera fuerza a nivel nacional. De hecho, la radiografía que ha quedado tras el último ciclo electoral autonómico y pese al frenazo con respecto a sus expectativas tanto en Castilla y Léon y Andalucía –no así en Extremadura y Aragón– los sitúa más cerca de los resultados de 2019 que de los de 2023, superando holgadamente el 15% y aproximándose al 20%. «Hemos afrontado cuatro procesos electorales que se planteaban como un campo de minas para Vox y hemos salido reforzados en los cuatro. Ahora tenemos más influencia en las políticas que queremos impulsar», presumió Abascal, sacando pecho de salir victorioso del reto por el que el PP pretendía marcar distancias con los voxistas encadenando cuatro citas con las urnas en las citadas cuatro comunidades en apenas cinco meses. La posición desde la que afrontan su entrada a los gobiernos en la actualidad es bien distinta a la que adoptaron hace cuatro años tras las autonómicas y municipales del 28-M: los voxistas no solo se sienten empoderados, sino que buscan combatir lo que el PP de Alberto Núñez Feijóo persigue: que el ejercicio nuevamente de las responsabilidades de gobierno desgaste, esta vez sí, a sus aliados en beneficio de Génova. «Quiero dejarles algo claro, Vox no se conforma en ningún caso con condicionar al PP», avisa Abascal «Quiero dejarles algo claro, Vox no se conforma en ningún caso con condicionar al Partido Popular. No entra en acuerdos para apuntalar al PP, sino para arrancar medidas, demostrar que nuestras ideas funcionan y abrir el camino a una mayoría propia», sostuvo Fúster en los días del pacto andaluz, evidenciando la estrategia a seguir por un Vox que sigue exhibiendo músculo en los sondeos ante la perspectiva de las generales en 2027. Los de Abascal aspiran a convertir su posición decisiva en varios gobiernos autonómicos –y en un eventual Consejo de Ministros compartido con el PP– en una palanca para alterar el equilibrio de fuerzas dentro de la derecha. Paradójicamente, en Génova dibujan la misma jugada para todo lo contrario: tenderles la mano para que asuman responsabilidades gubernamentales que les erosionen y contener, así, su ascenso. En Bambú llevan tiempo trabajando en la alternativa que Vox tratará de desplegar en las autonomías en las que ha asumido cotas de poder. «Antes de las elecciones ya estábamos trabajando en eso», subrayó el portavoz nacional de los voxistas perfilando la 'institucionalización' de un partido que ha progresado electoralmente ubicándose en los márgenes del sistema. Así, la dirección nacional ha abandonado la idea de seguir creciendo fuera de las instituciones y pretende tomar el impulso definitivo mostrando su programa y ejecutando sus políticas desde la propia Administración. Un cambio de estrategia que también se aprecia en el tono y en el mensaje. «Tampoco creo que la alternativa sea la ira ante los casos de corrupción o las mentiras, la alternativa es el sentido común organizado», ha resumido Abascal. Estas palabras ratifican el intento de cambiar la naturaleza de su relato: pasar de la indignación a la gestión, de la crítica hacia al sistema al compromiso de configurar una alternativa de poder que rompa por primera vez en democracia la alternancia de gobierno entre el PP y PSOE. Es decir, transmitir su capacidad para articular una propuesta política con vocación de gobernar el país. La ambición del sorpaso a la derecha tradicional que ha operado en otros lugares del mundo. .