Jésica Rodríguez fue desvelada después de comer. Hizo de telonera Ana Arancha Arigita, responsable de Ineco, que desmontó el enchufe a lo Laudrup: todo le pilló mirando por la ventana. A primera hora, cuando el autobús de la Guardia Civil soltó a Ábalos y Koldo en la plaza de París, alguien dijo que Jésica había sido avistada con gafas, peluca y mascarilla. Al rato, en la puerta del Tribunal Supremo, los fotógrafos la confundieron con una abogada resuelta como son las abogadas y rubia como son las jesicas.
Al filo de las 14.00, estuvo expuesta en el limbo de mármoles, a una puerta del butacón de los acusados donde se sentaba el sugar daddy retirado. Encerraron a los periodistas en sus ordenadores como ataron a Ulises al mástil. Nadie podía mirarla de frente. Durante un momento todo el edificio contuvo la respiración por esta Medusa tan protegida y oculta como una mujer de Estado. Ábalos y Jésica Rodríguez formaban la pareja paraestatal mientras Pedro Sánchez y Begoña Gómez jugaban a ser los jefes de Estado.
Y entonces llegó ella a la Sala. Recordar los mejores y peores momentos de una relación sentimental bajo juramento no es natural. En todos los proyectos de lo que se ha dado en llamarse amor hay un fulgor mitológico que mejora las historias. En este caso, Jésica acotó el camino recorrido por los dos. Aventó los flecos. Expuso las traiciones. Dejó a la vista la yema, el meollo, un capullo de lo que fueron. Estuvieron juntos de octubre de 2018 a noviembre de 2019. A su izquierda, Ábalos daba instrucciones a su abogado, negaba con Koldo como dos viejos amigos niegan un fuera de juego, hubo algunos aspavientos dramáticos. El abogado de Ábalos preguntó si en realidad era «puta». Kramer contra Kramer resultó menos traumático.
Durante el año 2020, cuando las circunstancias propiciaron los hechos aquí juzgados, Ábalos quiso arreglar una promesa incumplida. Mientras fuese ministro no tenía pensado divorciarse. Al menos queda algo de prestigio en la apariencia de una vida familiar. Puede que el sistema de corrupciones acabe por activarse con asuntos tan sencillos como quedar bien con una ex. Ábalos seguía ayudando, o sea, manteniendo a Jésica, tan dolida por ser la suplente que solo podía pasar el duelo en el piso de plaza de España. «Ya sabe cómo está Madrid para alquilar», fue la portavoz de una generación en una respuesta al Fiscal.
Su último viaje oficial juntos fue a Sevilla -"me encargaba de comprar los vuelos y mirar horarios"- y Ábalos no la llevó a casa después de cenar cuando ya lo habían dejado. Por él, adoptó un gato. Y el dinero en efectivo proporcionado por Ábalos "lo guardaba para nosotros". Hablaron todos los días por WhatsApp desde las 7.30 de la mañana hasta bien entrada la noche porque "es muy nocturno". Se veían tres o cuatro veces cada semana. La vorágine sentimental y laboral, como sufrió también la Infanta Cristina, acabó por confundirla: "No sabía que Ineco era una empresa de Adif".
Con un sistema roto, Jésica Rodríguez encontró un ascensor social en el Consejo de Ministros. Toda la estructura estaba diseñada para que estuviera a gusto. La trama le encontró piso; Joseba García Izaguirre, el hermano de Koldo, fichaba por ella en Ineco; Koldo le regalaba móviles; Ábalos la viajaba. Todo resulta un poco machista, es la verdad, pero la auténtica elegida era ella. Cuando Ábalos encontró a Jésica empezó su final. Hoy se han reencontrado haciendo el camino a la inversa. Ábalos toca fondo y Jésica está más cerca de aparcarlo para siempre. Al menos quedó el "Jose" que se le escapó al principio de la intervención, un souvenir de cuando se creyeron intocables.