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Política

¿Y si no hay chantaje, sino miedo?

¿Y si no hay chantaje, sino miedo?
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"Sánchez es muy valiente enfrentándose a espectros. Pero ante un adversario real, capaz de infligir un coste real a España, esa valentía desaparece" Leer

Dijo en televisión: «No estamos hablando de invasores, estamos hablando de personas que buscan una vida mejor». Tras la desclasificación de los documentos escribió: «Con la información que existía entonces, nadie podía anticipar la crisis migratoria que se produjo los días 30 y 31». Estas afirmaciones del presidente no son contradictorias, pero desafinan. Por un lado, dice: esta gente, pobrecita, solo busca una vida mejor, ¿qué quieren que hagamos? Por otro, justifica que no se impidiera la entrada alegando falta de información. Si las juntamos se aprecia mejor la disonancia, escuchen: no son invasores, son personas que buscan una vida mejor y, de haber conocido sus intenciones a tiempo, les hubiéramos impedido la entrada.

Esta disonancia me da pie a confesarles que la desclasificación de informes me ha dejado frío. ¿A estas alturas va a sorprendernos que el Gobierno retoque la verdad? ¿Vamos a consternarnos porque señale a una institución -en este caso, el CNI- para evitar asumir ninguna responsabilidad? Prefiero concederle por un momento su premisa. De acuerdo: nadie previó lo que iba a ocurrir. Pero supongamos que el CNI hubiera avisado con tiempo y con absoluta precisión: «Mañana se producirá una avalancha de decenas de miles de personas sobre Ceuta». Díganos, presidente: ¿qué habría hecho usted?

Esta es la pregunta que el Gobierno aún no ha respondido. Ha canalizado toda su energía en desmentir que hubiera información para evitar la crisis y en minimizar que lo primero que hizo el presidente tras anunciar que España había sufrido una agresión a su integridad territorial fuera marcharse de vacaciones. Pero la pregunta de qué habría hecho de disponer de un aviso preciso sigue sin respuesta. Y los españoles merecemos saber. Mi intuición es que el Gobierno habría hecho exactamente lo mismo. O sea, nada.

Circula una explicación muy novelesca sobre la parálisis de Pedro Sánchez: su móvil fue infectado con Pegasus y vive bajo el chantaje de Marruecos. Mi teoría es más sencilla: la cobardía. Pedro Sánchez tiene pánico a Marruecos desde la infausta primavera de 2021. Entonces, en respuesta a la acogida de Brahim Gali, Marruecos abrió la frontera y más de 10.000 personas entraron en Ceuta en dos días. Sánchez denunció entonces el uso de la inmigración como arma de presión.

Poco después Sánchez cesó a la ministra de Asuntos Exteriores y cambió la posición histórica de España sobre el Sáhara. Muy solemne, anunció una nueva etapa con Rabat basada en la ausencia de acciones unilaterales y el respeto a nuestra integridad territorial. Mi impresión es que aquella crisis dejó una huella profunda en el presidente del Gobierno, y ahora se resiste a señalar a Rabat. Hacerlo supondría abrir una crisis diplomática con un vecino capaz de ejercer una presión real sobre España y, sobre todo, supondría reconocer que su política de apaciguamiento ha sido un fracaso.

Sánchez es muy valiente enfrentándose a espectros. Pero ante un adversario real, capaz de infligir un coste real a España, esa valentía desaparece. Él y sus fans confunden la astucia para conservar el poder con la aptitud para ejercerlo. Una cosa es defender tu sillón, otra la nación. Y Marruecos lo sabe. ¿Para qué molestarse en chantajear a un presidente al que pueden atemorizar?

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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